Os dejo un vÃdeo que ilustra la necesidad absoluta de relaciones interpersonales para el adecuado desarrollo personal. PodrÃan comentarse muchÃsimas cosas… será en otro momento.
Algo sobre la necesidad de relaciones interpersonales
October 14th, 2011 — PedagogÃa, PsicologÃa
Sobre la consistencia social
June 4th, 2011 — Ética
Andaba pensando en estas cuestiones. Como siempre lo primero es explicitar algunas obviedades. Lo obvio suele pasar inadvertido al precipitado y quisiera no ser tal.
1. No somos “originariamente” justos. La justicia tiene carácter de fin a alcanzar, de mejora. No es una situación ya dada.
2. Lo originario son las relaciones intrafamiliares. Éstas se rigen por la lógica del don y la gratuidad. Propiamente estas relaciones no son éticas, sino anteriores a la ética misma.
3. La consistencia social tiene carácter problemático porque está vinculada a la libertad humana. La consistencia puede ser o no ser, puede ser mayor o menor.
4. Definamos consistencia social: es la intensidad de la vinculación entre las personas que forman parte de la misma comunidad social, vinculación de carácter personal y no meramente jurÃdico. Está regido por la justicia, pero no por el derecho positivo. Cuando toda vinculación tiene su fundamento en el derecho positivo, la consistencia social es pobre.
5. La consistencia social es una cuestión ética, no fÃsica ni biológica. Por tanto, depende de la comunidad cultural, fines y virtudes de los miembros de la comunidad social.
6. La consistencia social depende de la justicia y de la veracidad. El diálogo social-amistoso es la sustancia de la consistencia social.
Y por ahora no puedo contar más cosas. En cuanto tenga más obviedades sobre la mesa, las expondré someramente.
“Encontrarás Dragones”
March 30th, 2011 — Cine
No me resisto… voy a decir algo en torno a la pelÃcula. La he visto: me ha encantado.
Tal vez alguien espere un análisis metafÃsico en este blog. No: en esta ocasión me limitaré a reseñar algunas cuestiones que me han llamado la atención.
- Me parece que tiene gran valor la coincidencia en el gusto y la diversidad en la interpretación.
- Hay interpretaciones esteticistas, morales, antropológicas, teológicas, metafÃsicas, literarias, polÃticas, etc. etc. etc.
- Es interesante la pluralidad de públicos que ya ha visto la pelÃcula y la pluralidad, también, de “temáticas” destacadas: parece que cada segmento de edad tiene connaturalidad con un ámbito temático.
- Me ha impactado la búsqueda que he hecho: en 0,05 seg. 1.960.000 entradas. Creo que no es común.
- Pero lo más increÃble es que la he visto dos veces y estoy deseando volver a verla. No se agota con facilidad.
De todo esto concluyo alguna cosilla:
- Cuando una realidad puede ser interpretada, sin contradicción, desde perspectivas epistemológicas distintas, es señal cierta de riqueza significativa -esto me recuerda a Frege-.
- Cuando una realidad permite el deleite de muchos de “paladar educado”, hemos de hablar de belleza -esto me recuerda a Kant y a C.S. Lewis-.
- Cuando una realidad de carácter narrativo posee profundidad antropológica, encuentra eco interior en muchas personas -esto me recuerda a Shakespeare y a las tragedias griegas-.
Y se podrÃan decir muchÃsimas más cosas… pero creo que es más oportuno que cada quien, vista la pelÃcula, encuentre espacio interior que le permita destacar aquello que más convenga a su propia vida.
Hacer justicia a la realidad
March 5th, 2011 — Ética
Esta frase de Spaemann creo que revela adecuadamente el sentido de toda acción moral.
Revisando algunas cuestiones relativas a la “ley natural”, he vuelto a descubrir cuáles son los principios de la razón práctica y cómo estos iluminan la verdad sobre el hombre, el mundo y Dios. AsÃ, conciencia y ley natural, son dos temáticas que parecen marchar -al menos cuando lo estudio- siempre juntas y ambas no hacen si no apuntar a esa máxima que da tÃtulo a este post: “hacer justicia a la realidad”. La primera realidad a la que hemos de hacer justicia es al hombre mismo. Creo que esto puede iluminar la conciencia y desvelar algunos principios de la razón práctica, la misma ley natural en sus principios más evidentes.
Un cordial saludo
Algo sobre la conciencia
January 17th, 2011 — Ética
ReleÃa estos dÃas un precioso libro de Spaemann, Ética: cuestiones fundamentales. En esta ocasión me he detenido en un asunto nada fácil: hay que seguir siempre la voz de la conciencia y la conciencia puede ser errónea. Ambas afirmaciones puestas asÃ, una junto a la otra, puede causar perplejidad: ¿qué hacemos en tal caso?
Obvio, seguir la conciencia ¿Pero cómo saber que no es errónea? Lanzo algunas de sus propuestas:
1. El afán de romper con las normas sin mayor motivo que romper, es signo de capricho, no de actuación en conciencia.
2. El afán de seguir las normas por seguirlas es signo de poca reflexión.
3. El desprecio por el parecer de otros es signo de falta de rectitud de la conciencia.
4. En definitiva, sólo quien está dispuesto a contrastar razonablemente sus puntos de vista, da señales claras de querer salir de un posible estado de error. Quien no está dispuesto…. simplemente no quiere seguir la conciencia.
Entiendo que todo esto es bastante más complejo, pero puede servir para arrojar alguna luz.
Hasta pronto.
Sobre los instintos
October 4th, 2010 — AntropologÃa
Es algo reiterativo: no se entiende bien la expresión “el hombre, propiamente, no tiene instintos”. A pesar de señalarse que “propiamente”, en sentido lato, no preciso, genérico, etc. podrÃa decirse que tiene inclinaciones, tendencias, pero no instintos “propiamente“.
Razones:
1. DefÃnase adecuadamente qué es un instinto: conducta compleja, innata, estereotipada, especÃfica, que se desencadena indeliberadamente y se continúa hasta su consumación, orientado a la supervivencia del individuo y en último término de la especie. Son suficientemente distintos de los tropismos, taxias y reflejos.
2. Piénsese en autores tan variados como Zubiri, Uexkull, Rof Carballo, Polo, Tomás de Aquino, Leibniz… ningúno atribuirÃa, propiamente, instintos al hombre.
3. Considérese que la plasticidad de los instintos es mayor en las especies superiores; dado que el salto entre el animal y el hombre no es meramente cuantitativo… ¿no parece adecuado señalar que la modalidad de “instintos” del hombre es “cualitativamente diversa”?
4. Considérese que los procesos de “aprendizaje” de conductas instintivas son muy tempranos en el animal -piénsese en el troquelado-, y están dirigidos a consolidar conductas complejas, restringiendo con ello el ámbito perceptivo y los medios para alcanzar fines. En el hombre, los aprendizajes tempranos van ligados a dos ámbitos: el lenguaje y la técnica. Ninguno de ellos restringue ámbitos, sino que los amplÃa indefinidamente; es decir, siguen el camino inverso al del aprendizaje de conductas instintivas propia de los animales superiores.
En fin, esto era sólo un apunte.
Algo sobre la madurez
May 31st, 2010 — "Sensamientos" puros
En el lenguaje ordinario, con frecuencia, suele calificarse como «inmadura» cualquier conducta inapropiada a la edad cronológica o papel de la persona. Aún cuando sea obvia la madurez de alguien, siempre es el recurso fácil para explicar el porqué de una incorrección o cierto desajuste.
Sin duda, aunque impreciso, hace referencia a la percepción de que una persona es sustancialmente alguien que crece; lo contrario serÃa atÃpico, impropio, inmoral o patológico. Ahora bien, por «madurez» ha de entenderse, en tal caso, no como algo que ocurre por el mero paso del tiempo, sino una peculiar cualidad de la persona fruto de la incorporación de aspectos que el simple paso del tiempo no aporta: sin educación la persona no madura[1].
En efecto, los educadores, abordamos especÃficamente el crecimiento de la persona, buscamos qué sea mejor, más acorde a sus rasgos especÃficos. La diferencia de cada quien es importante, y sin embargo pueden estudiarse aspectos que constituyen algo asà como una esencia común: todos somos de la especie homo sapiens; todos somos personas humanas (ya sean varones ya mujeres).
Conviene señalar que, si bien es cierto que puede calificarse como inmadurez esa inadaptación, no podemos decir que todos son inmaduros porque todos realizan, en algún momento, acciones no acordes a su papel real en mundo. Parece más preciso señalar que la madurez es una disposición permanente, pero no infalible. Es una facilidad para el acierto en el saber, en el actuar, en el reaccionar. Ninguna de estas facetas es «un valor», sino una realidad en la persona: un hábito; no se trata de un deseo, utopÃa u horizonte; no es una simple tendencia[2].
[1] En este sentido es ya clásica la excelente exposición sobre la pseudo-dicotomÃa entre lo natural y lo cultural expuesta por R. Spaeman, Lo natural y lo racional, Op.cit.
[2] Cfr. McIntyre, A., Tras la virtud, CrÃtica, Barcelona, 2001; Altarejos, F.; Naval, C., FilosofÃa de la educación, Eunsa, Pamplona, 2004.
Algunas virtualidades del juego
April 29th, 2010 — Educación
Una de las temáticas reincidentes últimamente es la “educación de la afectividad”. No me extraña dado el entorno en el que vivimos. QuerÃa subrayar, casi telegráficamente -como viene siendo habitual- algunas ideas clave en torno a esta cuestión aparecidas al hilo de diversos comentarios en torno a algunos textos de Leonardo Polo:
1. La educación de la afectividad, aquella que se encamina hacia la “normalización afectiva” -en términos de Polo- es un asunto familiar. O se realiza en la familia… o vamos mal.
2. La familia educa mediante dos variables:
2.1. La consistencia y estabilidad del matrimonio: la unidad afectiva y efectiva; una unidad que se palpa en el modo de tratarse y en el modo de educar.
2.1. El juego es la actividad que ayuda a conformar de modo más intenso la afectividad, al vincular afectos y actividad. Posee los siguientes “ingredientes”.
- Proposición de objetivos -si no persigue algo el juego no tiene sentido-
- Establecimiento de retos -si no hay dificultades el juego no tiene interés-
- Posee reglas, normas -si se hacen trampas el juego desaparece-
- Se aprende a ganar y perder -este punto moldea la “toleracia a la frustración” aproximándolo a la vida real, en la que el riesgo siempre existe-.
Lo dejo aquÃ. Creo que cualquiera que se dedique a profundizar en el valor educativo del juego reparará en la importancia de estas caracterÃsticas y podrá ver también que el uso del juego como recurso didáctico en el aula, no tiene las mismas vitualidades educativas que posee en el mundo real, el de la familia y los hermanos.
Seguiremos…
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