De los tipos de grupos y pares

Este post es sólo una aproximación a una definición.

Entiendo que existen multitud de grupos de personas. Entiendo que esos grupos de personas son sustancialmente distintos atendiendo a su fin y al tipo de relación que se establece entre ellos; por tanto, atendiendo al tipo de implicación o dimensiones personales que quedan ligadas por la pertencencia a ese grupo de personas. Entiendo por tanto, que las relaciones interpersonales quedan definidas por el fin y por la estructura de ella derivada.

Esto es simple lógica. Así, a fines diversos, realidades relacionales diversas. Si una definición se formula, básicamente, atendiendo al género próximo al que pertenece lo que se quiere definir y delimitando su especificidad mediante diferencias específicas, determinar éstas es lo más relevante. Las diferencias específicas implican que aquello que se define es “específica” o “esencialmente” diverso. Obviamente, las realidades de esencia diversa son nombradas con términos diversos -lo contrario implica la negación de la realidad esencial, puesto que se impide que ésta sea nombrada, por tanto que comparezca en el diálogo; es decir, más allá del pensamiento privado, si es que éste existe-.

La diferencia específica relevante en el caso de los grupos se refiere al fin; es decir, al sentido, significado, a aquello que se busca y a aquello que se deriva. Es decir, las dimensiones de futuro o proyecto no tanto intencionales cuanto reales; no tanto aquello que se describe -apariencia- como aquello que “realmente” ocurre, como el fin -no todo movimiento de un tren es un viaje a Sevilla, por más que se le parezca-.

Pues bien, entre los grupos de personas, unos buscan alentar a un equipo de futbol. En ese caso se llaman clubs deportivos -así el Barcelona o el Madrid-. Otros sostener un inmueble o barrio: asociaciones de vecinos; otros rezar juntos y ayudarse a hacerlo bien: convento de monjas, etc. Los hay también que quieren ayudarse para vivir bien: amigos o parejas (según el número), etc. Los hay que quieren compartir alojamiento: compañeros. Los hay que, queriendo compartir alojamiento, quieren también ayudarse…. en fin…. hay de todo. Es más, estos grupos de mayor o menor número de personas -en algunas ocasiones el fin buscado delimita el número-, puede modificarse, inventarse, remodelarse, etc. Obviamente, que los miembros se tengan más o menos afecto, es relevante sólo en cierta medida y sólo en algunos casos.

Entre todos estos grupos existe también uno que tiene por fin propio la ayuda mutua en todas las dimensiones de la vida y en toda la biografía -todo el tiempo futuro sin limitación- de cada uno de los miembros; y que tiene como cualidad, también de futuro, la capacidad de procreación. Esta peculiar comunidad de personas, por los fines que persigue sólo puede tener una estructura y relación peculiar. Implica la entrega de la intimidad de la persona (somática, psíquica y biográfica) en régimen de totalidad y exclusividad (espacial y temporal). Exige además que los miembros sean complementarios sexualmente. Las relaciones que se establecen implican totalidad y exclusividad no sólo entre la pareja complementaria inicial (varón-mujer), sino también entre el resto de los miembros posibles (se les llama hijos). Es interesante notar que la “extensión temporal” de todas las relaciones es acorde: la del varón-mujer y la de los padres-hijos: toda.

Entiendo, por tanto, que entre todos los grupos sociales -entre aquellos que podemos llamar “de rango primario” por la proximidad entre los miembros, no así un pueblo, país, etc.-, no es tanto el deseo de configurar tal o cual comunidad, sino unos fines no elegibles -no modificables por su propia naturaleza- los que constituyen esa última comunidad. En orden a la procreación, sólo es posible la relación varón-mujer en régimen de totalidad y exclusividad.

¿Es posible que se den cientos de relaciones que incluyen alguno de estos rasgos? Si. Sin embargo, pueden aportarse diferencias “específicas” y no meramente accidentales. En términos lógicos, podríamos hablar incluso de “accidente propio” -en cuanto necesario y derivado de la esencia y no aplicable a otras esencias, por tanto- al referirnos a los hijos (esto tendría que pensarlo con más detalle), y en ningún caso “accidente lógico”.

En definitiva, la confusión terminológica o la extensión indiscriminada del término “familia” a todo grupo social de proximidad o de “rango primario”, implica la negación de la familia como especie, y su inclusión difuminada dentro de un género -el género es una realidad lógica, no real, un “constructo”, diríamos en términos de filosofía de la ciencia-. En tal caso, habría que inventar otra palabra para la familia. Es obvio que poner el apelativo “familia tradicional” es una también una confusión. En efecto, las especies no llevan adjetivos sino que se nombran con un término propio. Cuando se adjetiva algo, se está poniendo de manifiesto que no es tal especie, sino un degradado -plata y plata de…-. Lo más que se dice es “oro de ley” o “plata con baño de oro”: por analogía, “familia de ley” y “grupo afectivo con baño de familia”.

Insisto: esto es una aproximación lineal, sugerida por la lógica que, con inicio en Porfirio, fue desarrollada con gran acierto por Pedro Hispano, y que la lógica de clases, a su modo, intentó sistematizar aunque perdiendo la dimensión real y reduciendo casi todo al esencialismo platónico.

Si alguien puede aportar algo… lo agradeceré grandemente. Y todo esto, me viene a la cabeza por la confusión generada en la Plaza de Colón y la tendencia a negar una realidad natural (familia) queriéndola reducir a algo de naturaleza exclusivamente cristiana. Como no lo entiendo, por eso lo cuento y argumento. Pero estaré encantada de oír sugerencias, críticas y contra-argumentos.

2 comments ↓

#1 Narcine on 01.07.08 at 5:31 pm

Estoy totalmente de acuerdo con toda tu argumentación, aunque haya algunas cosillas (especialmente nomenclaturas) que me pierden un poco. Sin embargo mi comentario es más bien una pregunta, ¿qué pasó con la Plaza de Colón? Tengo entendido que fue un gran éxito de asistentes, y no creo que sólo participaran familias cristianas o católicas, ¿o es que cómo parece que dices se asocia familia con cristianismo? aclárame la duda. Creo que el problema se plantea en el momento en el que sólo la Iglesia o sólo cristianos o católicos, y creo que bastante poquitos, levantan la voz, y muchos bastante bajito, para defender a esa “familia tradicional”, porque parece que sólo a estos grupos les duele que se llame familia a cualquier pareja de dos que se junten con no se sabe que duración, con qué intenciones o con qué finalidad.

#2 Consuelo Martínez-Priego on 01.08.08 at 11:41 pm

Gracias, Narcine, por escribir.
Intento contestar: estuve en la Plaza de Colón.
A la primera cuestión. El número y el buen ambiente eran impresionantes. Ahora bien,
1. Era un acto que debe llamarse “liturgia de la palabra” (en eso consistió la última parte); precedido por discursos de diversas personalidades y de testimonios de familias. En ese sentido, era una manifestación pública de la comprensión cristiana de la familia.
2. Pero, si muchos de los ponentes acentuaban la dimensión religiosa del matrimonio, es tremendamente interesante que aquellos que hicieron especial referencia a la realidad natural del matrimonio -en fin, lo que es- han sido los más criticado.

Obviamente, si alguien dice que en el libro de los Salmos aparece tal o cual expresión… pues bien, eso será para los creyentes; pero si se afirma que la natural disposición de la relación matrimonial es la única digna para el nacimiento y crecimiento de los niños…; si se dice que en el año del aniversario de la declaración de los Derechos Humanos se hacen oídos sordos a todas las afirmaciones relativas a la familia…; si se afirma que en el ámbito de la sociedad civil se ha anulado la realidad matrimonial por tal y cual razón… eso duele.
Es decir, por cuanto fue un acto religioso no dolió; en cuanto fue un acto que apela a la razón y a la libertad, levantó ampollas.

Segunda cuestión: ¿Son los cristianos los únicos que levantan la voz?
Obviamente no, pero es que el 85% de los padres elegen religión católica para sus hijos en los colegios; y cada domingo más de 8 millones de personas se reúnen en una multitud de micromanifestaciones en todo el territorio nacional (van a Misa), semejante poder de convocatoria no lo tiene nadie y además “cada domingo”…. Y es que, salvo los “grupos de gays” y los del “mundo de la cultura”, o los “musulmanes aliados”, todos ellos muy pocos numéricamente pero con fuerza mediática, el resto de los pequeños grupos tienen el efecto proporcional, nada más.

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