Así ven la historia mis alumnos

Trabajo en el aula: dar una clase. Contenido: un tema de historia elegido por ellos. Tiempo 45 minutos. Y ¿qué ha ocurrido? Que todos los compañeros estaban con los ojos abiertos, estáticos en sus sillas, sin poder tomar nota, y el profesor paralizado. La estructura de la sesión era:

1. Exposición de los elementos ideológicos que permiten la comprensión del advenimiento de la situación

2. Exposición de los acontecimientos: cronología de hechos, personas relevantes y las acciones que cooperaron al desarrollo de la misma historia, explicitación de los presupuestos ideológicos en los avatares explicados, etc.

3. El papel del “pueblo”: cómo actuó y reaccionó.

4. ¿Qué ocurrió? ¿Es posible hacer una valoración de los hechos históricos? ¿Es posible analizar críticamente el sentido, el fin, y los medios utilizados? ¿Es posible ser libre en el seno del devenir histórico?

5. Parece que sí: la acción humana, la de cada uno, exige la toma de conciencia del lugar que uno ocupa en la historia, de la acción que está desarrollando en sí mismo y en orden al bien común… cada historia es una historia llamada a ser noble, alta, excelsa… pero puede ser mezquina, manipulada, odiosa….

Medios: presentación en power con testimonios orales de protagonistas; documentos gráficos que sostienen la exposición teórica; obras de arte que muestran el sentido plásticamente y, una concatenación de breves escénas de películas para contar el 5º y nuclear punto.

Historia, maestra de vida, maestra de prudencia.

El tema: la segunda república. Los elementos más relevantes: la espiral de odio es un calco de la situación actual. La clave ideológica procede del marxismo en aquel momento, del laicismo en el actual. Los elementos extremos de la izquierda, usados por la izquierda en el poder sirve como detonante del malestar y éstos expolean a las masas.

Una constante: querían que la Iglesia fuera el enemigo, querían que la Iglesia tomara parte en una guerra… y no lo hicieron. Sufrieron bastante y se ubicaron donde no les mataban a mantas. Obviamente, en un país con católicos por doquier, ellos, ciudadanos, estaban donde querían.

Impresionante.

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