Según dice el subtítulo de este blog, aquí se recogen breves pensamientos sobre las intensísimas sensaciones de cada día. Por este motivo, es común que los temas que surgen procedan directamente del aula, de las personas con la que hablo.
Así, a la palabra puedo y debo llamarla “don”.
Hace unas semanas escribí brevemente sobre “el autodidacta”. En el fondo, la misma contradicción interna que posee la “autonomía” con fin del vivir humano (como elemento sustantivo de la felicidad), esa misma contradicción, repito, la percibo en la creencia de que el mejor de los puntos de partida y modos de avance sea el propio del “autodidacta”. Insisto, no es que me parezca que no ocurre en la mayoría de los casos, sino que considero falso, contradictorio, imposible en sentido fuerte.
» Afirmo que lo más alto está en el pensar.
» Entiendo que la apertura y donación del pensar es superior al mero pensar.
» La donación del pensar, el querer, es don en la palabra.
» Lo recibido en la palabra no es la mera palabra, sino el pensar que en ella habita.
Y esto me trae a la memoria unas frases que a algunos parecerán evidentes, a otros oscuras. Son latinas, claro:
“Communio personarum”…
“et Verbum caro….”
“sed tantum dic verbum… “










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