Entries from March 2008 ↓
March 27th, 2008 — "Sensamientos" puros, Psicología
La afirmación cartesiana junto al relativismo en su dimensión cognitiva, hacen acto de presencia constante en conversaciones más o menos informales y, por supuesto, en otras de carácter más científico: en el aula.
Y cada año he de abordar la cuestión; si bien es cierto que a estas alturas, y al no disponer del tiempo necesario para desarrollar una crítica completa, tiendo a resumir la respuesta en algunos breves argumentos.
Intentaré, con cierto orden, condensarlos en este post. Tienen, como tantos argumentos, una dimensión estrictamente lógico-deductiva, otra de precisión terminológica -buscar analogías propias, impropias y términos unívocos- y una última que busca la aproximación mediante ejemplos -esto es, auténticas analogías en ocasiones casi exclusivamente impropias-. De todos estos recursos, los ejemplos son lo más convincente a primera vista, pero también lo menos sólido. Habrá que tener cierto arte para añadir la cantidad precisa de cada ingrediente y que el conjunto no pierda el buen gusto.
1. Conviene distinguir:
- el conocimiento propio de los sentidos externos (ver, oír, tocar, etc.),
- el de los sentidos internos (la imaginación, por ejemplo, es capaz de re-presentar los objetos “sentidos” en ausencia de la realidad e incluso de completar lo que no está apareciendo: al ver una silla por delante, nos “re-presentamos” la silla completa, con cuatro patas),
- el de la inteligencia, que permite hacer juicios cuyo núcleo es la afirmación o negación, es decir, la dimensión asertiva y por tanto la pretensión de verdad.
Pues bien, si al mirar algo lejano “lo visto” aparece pequeño, el ojo ve adecuadamente -no hay más que caer en la cuenta de cómo funciona la perspectiva…-; el problema es afirmar “ese hombre ES pequeñísimo”. Es correcto decir que “a ese hombre LO VEO pequeñísimo”, porque es verdad; pero la segunda afirmación no procede de un engaño de los sentidos, sino de una falta total de conocimiento mínimo sobre cuestiones tan simples como las reglas de la perspectiva.
Los sentidos nos engañarían si VIÉSEMOS a alguien a 50 metros con un tamaño de 1,70 (eso sería un gigante al aproximarse… en fin, todo un susto esa “falta de engaño”).
¿Se imaginan ustedes que no viésemos que el palo, al meterse en el agua, parece roto? ¿No sería absurdo que, al mirarnos los pies en una piscina nos asustásemos como si, de repente, fuésemos enanitos?
2. La condición de posibilidad de la sentencia “los sentidos nos engañan” es
- que seamos conscientes de la diferencia entre acierto y error, engaño y no-engaño;
- y no sólo eso, sino que dispongamos de un criterio para ello.
Por tanto, la condición de posibilidad de la sentencia antes señalada es que los sentidos no nos engañen siempre, y que tengamos posibilidad de saberlo.
Si todo conocimiento sensible fuese engañoso no podríamos afirmar que nos engaña, estaríamos permanentemente dentro de la red o del muro. El único modo de afirmar que estamos dentro de un corral -y por tanto que existe un mundo más allá- es haber subido al muro y haber mirado a los dos lados -o al menos que alguien te lo haya contado-.
Es decir, decimos que existen monedas falsas porque las hay verdaderas y podemos distinguirlas. Si todas las monedas fueran falsas, esas serían la moneda oficial. Si las monedas falsas no se distinguiesen de las verdaderas, no serían falsas (es decir, serían auténticas pero emitidas sin conocimiento suficiente del emisor legítimo, pero no falsas).
Y todo esto es relevante porque la cuestión de la verdad y la falsedad no es baladí. Cada semana tendré que introducirme más en ella por “exigencias del guión”, es decir, porque los diálogos irán discurriendo por ahí.
Al final, todas las conversaciones derivan hacia dos puntos clave: la distinción entre verdadero y falso y la distinción entre bueno y malo. Todo lo demás, una vez pasada la barrera de los prejuicios temáticos, cede ante este inmenso reto.
March 17th, 2008 — Antropología, Edu "reflexión", El día a día, Libros, Preguntas
Hace unos días que traigo aquí anotaciones del blog de alumnos -al que sólo ellos tienen acceso-. Puesto que en ellos despierta cierta curiosidad, me gustaría compartirlo aquí, por si es de utilidad a alguien.
Puesto que estamos en fechas difíciles para el estudio, he visto conveniente explicitar algunas conclusiones derivadas de contenidos ya estudiados.

Hemos afirmado que “educar es ayudar a crecer”; sin embargo, no recuerdo haber dado una definición precisa de aprendizaje. Ésta no se identifica totalmente con el “conocimiento”, si bien conocer es un modo de aprender -sin duda de los más altos si no el más alto-. No pretendo dar esa definición aquí, pero, groso modo se puede afirmar que todo aprendizaje implica cambios suficientemente estables en el sujeto. Ahora bien, los cambios en el sujeto, al estar referidos a algunas de sus facultades, y tener casi todas ellas órgano, implica a su vez modificación corporal. Al realizar operaciones, los órganos quedan afectados -inmanencia- y, para que se consolide y suponga un cambio suficiente, ha de repetirse la operación. En la medida que hay más corporalidad implicada, más repetición es necesaria; y a la inversa, cuanta menos implicación somática, menos repetición. Como aún no hemos visto qué sea eso de “facultad sin órgano” pondré un ejemplo más o menos ajustado:
Para aprender a botar una pelota, para aprender a asir un lápiz, el número de repeticiones y tiempo necesarios son inmensos. El tiempo y número de repeticiones necesarios para aprender una definición es infinitamente menor. Se requiere cierto soporte somático -neuronal-, pero en la misma medida en que se “comprende” y se dispone del vocabulario, el tiempo se reduce infinitamente.
Por tanto, podemos afirmar que, con el tiempo, leer y comprender se parece cada vez más a estudiar.

Estudiar es una especial comprensión de cuestiones que permite su uso intelectual (manifestación oral o escrita y “manipulación” junto a otros contenidos intelectuales).
Siguiendo el ejemplo anterior, en la misma medida en que se “domina” el manejo del balón, desarrollar una nueva estrategia es infinitamente más sencillo que cuando ha de interiorizarse, además, la habilidad con el balón. Algo análogo ocurre con el lenguaje y el vocabulario: son el balón de los aprendizajes intelectuales. De ahí la pequeña dificultad añadida en el estudio. Ahora bien, una vez adquirida cierta destreza con ese “instrumento” –el lenguaje, el vocabulario específico-, lo demás es “un gusto”.
En conclusión:
Si tenéis que estudiar estos días, no olvidéis que es leer y comprender y, en la medida que sea necesario, repetir y asimilar cierto vocabulario para poder “disponer” de lo leído y comprendido.
Disfrutad estudiando, es decir, disfrutad leyendo y comprendiendo.
March 13th, 2008 — "Sensamientos" puros, Libros, Psicología, Ética
Como cada año echo un vistazo a “El hombre en busca de sentido”. Me gusta tenerlo fresco cuando voy a verlo con los alumnos. En esta ocación, mientras leía he vuelto a asombrarme, y he tomado unas notas. Las dejo aquí.

1. La existencia desnuda: sin pertenencias, sin ropa, sin nombre…
2. La dificultad para aceptar la verdad: aunque había algo verdadero.
3. Impasibles, con emociones embotadas; incapaces de sentir horror, asco…
4. El dolor de un latigazo y el dolor de un insulto; la dureza de la materia y la otra dureza.
5. ¡Qué importante es el cuerpo y sin embargo no lo es todo! El hambre, sus efectos corporales y psicológicos. El hambre y el deseo de superar la situación infrahumana de sólo pensar en comida.
6. ¿Y qué decir del contenido de la meta última del hombre, cuando todo se ha perdido? Habrá que recordar la palabra “contemplación”, tan mal comprendida en nuestro tiempo.
7. La sorprendente articulación entre insensibilidad y deleite en la belleza. Pero no se daba en todos.
8. Resolver el problema de la supervivencia: no es mera adaptación biológica. Aprender el arte de vivir.
9. Y los espacios de libertad,…
…y otras muchas cosas podrían comentarse.
March 6th, 2008 — "Sensamientos" puros, Antropología, Edu "reflexión", Ética
Entre las muchas cosas que a uno le hacen pensar, sorprenderse y “sopesar” los avatares diarios está la flagrante contradicción de algunos postulados y sus tremendas consecuencias reales, prácticas… en ocasiones perversas.
Cuando decimos “cuerpo humano”, cuando significamos, pensamos o nos referimos al “cuerpo humano”, indicamos una realidad material configurada, ordenada, vivificada “humanamente”. Hasta tal extremos que a la pregunta “qué es esto” -obviamente, cuestión importante- respondemos acudiendo a la confuguración, al orden, y no a la materialidad en sentido estricto (a la distensión, común a toda la realidad material).
De este modo, y por exponer brevemente el argumento, decir “este cuerpo humano” y decir “este hombre” es la misma cosa. No quiero decir que el hombre sea SOLO “este cuerpo humano”, sino que “este cuerpo humano” es completamente “humano”: no sobra cuerpo que no sea hombre.
Por este motivo, es obligado caer en la cuenta de que cualquier agresión a la dimensión corporal, al cuerpo humano, es agresión al hombre; y que ésta -la agresión al hombre- no depende de lo que uno piense. Es decir, alguien puede considerar que el cuerpo es “tenido” y por tanto “utilizable”, y estar, sencillamente, equivocado. Es posible el error. Qué sea el cuerpo humano, cuán humano sea el cuerpo humano es una realidad independiente de la opinión de cada quien.
Resulta por eso contradictorio pretender proteger, reavivar o hacer patente la dignidad del hombre y no indicir en la misma fuerza -o más por ser más próximo- en la dignidad de la corporalidad humana.
Cuando el cuerpo es mostrado como algo utilizable, es al hombre al que se le muestra como algo utilizable. Cuando a un niño se le enseña que su propio cuerpo es utilizable, se le está enseñando que él mismo lo es; que, además, podrá tratar así al resto de los hombres. Y, no se trata de una opinión propia, sino de la simple conclusión relativa a la consideración de la realidad del cuerpo humano.
En fin, que dignidad humana resulta sustancialmente incompatible con realidades tan deleznables como:
la pornografía,
las agresiones verbales de carácter sexual,
las conductas de carácter sexual asumidas como “prácticas”, como “usos”,
las conductas en las que la intimidad corporal queda reducida a la nada (publicidad, revistas, televisión, cine, vestuarios deportivos, etc., etc., etc. )
Tendré que explicar por qué incido tanto en la sexualidad… pero alargaría ahora el argumento. Pero, volviendo al hilo principal, ¿es relevante que la pornografía sea vista -consumida, dicen- por niños o por adultos? Obviamente que sean niños implica un plus de negatividad; pero la “libertad” de compra-venta es, de suyo, un error antropológico, una violencia a la naturaleza de la realidad humana. En todo caso, en una cultura en la que los linderos de lo pornográfico quedan difuminados, en los que el territorio de lo íntimo y valioso queda reducido o aniquilado si media la libertad del que expone, es una cultura en la que la identificación del cuerpo humano con “lo humano” se hace difícil.
¿Violencia? ¿Violencia verbal y física? Convendría ir a las raíces culturales, educativas, filosóficas del problema.
Dicen en ocasiones que ha de darme igual que ocurra algo que “a mi no me gusta”, ya que, al fin y al cabo, no me obligan a hacer”lo”. Sin embargo, no caen en la cuenta de que la configuración cultural modifica mi percepción y valoración real de las cosas. Hubo un tiempo en el que determinadas conductas me producían rechazo conceptual y físico (asco, miedo, horror). No he modificado mi conducta, ni mis convicciones, pero sí la percepción inmediata, la capacidad de reacción, la proximidad real, la connaturalidad… por tanto, una dimensión importante de la valoración. Y no se trata de la primacía de rojo sobre el verde o el azul sobre el gris, no es cuestión de gustos, sino de la dignidad y valor del cuerpo humano y por tanto del hombre mismo.