La realidad es lo que hay.
La vanidad es algo así como la búsqueda de la valoración externa mediante la manifestación de vaciedades.
La palabra es vanidosa cuando en la manifestación de la realidad no aparece ésta, sino un fragmento que, por aislado, es hueco.
A la palabra vanidosa se opone la palabra humilde.
La palabra humilde no fracciona artificiosamente la realidad, puesto que es veraz.
La palabra pseudo-humilde vacía de contenido lo lleno, y busca así la valoración externa mediante la manifestación de vaciedades.
La palabra humilde no fracciona artificiosamente la realidad, puesto que es veraz.
La palabra vanidosa subraya el sujeto de la acción, olvidando que nada, absolutamente nada, ocurre sin el concurso ajeno.
La palabra humilde no fracciona artificiosamente la realidad, puesto que es veraz.
La palabra pseudo-humilde, subraya artificiosamente las acciones, pasiones u omisiones concomitantes infravalorando artificiosamente al sujeto primario de la acción.
La palabra humilde no fracciona artificiosamente la realidad, puesto que es veraz.










3 comments ↓
Me pregunto, aunque no se si irá más allá del tema planteado: si la palabra vanidosa manifiesta vaciedades y la palabra humilde, al reflejar la realidad, veracidades, entonces ¿la palabra vanidosa es, siempre, mentirosa? y ¿cómo medir el grado de mentira/la realidad si, quizás, para quien pronuncia la palabra vanidosa su palabra es veraz (respecto a su realidad), aunque para quien escucha no sea humilde?
En cualquier caso coincido en que nunca nada puede ser atribuido exclusivamente al sujeto de la acción ya que hay múltiples variables y, por supuesto, “ayudas” ajenas.
Mercedes,
matizar no es fácil, pero intentaré hacer algo. En primer lugar, creo que cuando una palabra no es verdadera/veraz/ajustada a la realidad, no siempre es mentirosa: en ocasiones es falsa. Es decir, no se trata de una distorsión intencionada sino, de un error en el conocimiento. En ese caso no podemos hablar de vanidad… en términos psicológicos sería algo así como una distorsión cognitiva, una baja autoestima o cierta megalomanía. En esos casos, el juicio propio sobre la realidad y el de los otros no se ajusta.
Entiendo que la vanidad va ligada a cierta mendacidad, a cierta intencionalidad, a cierta necesidad de que los otros perciban al vanidoso de un modo concreto… sí, la vanidad es falsedad “hecha” palabra, es decir, mentira. Ahora bien, el vanidoso no percibe la mentira habitualmente, sino que ha subrayado algo o puesto un “matiz” relevante… y todo como medio para alcanzar otro fin. Por eso, el vanidoso no se tiene a sí mismo por mentiroso; ésta, si llega a reparar en ella, es sólo un pequeño medio -esa mentira piadosa…-
Creo que, ya que en la palabra errónea y en la palabra vanidosa hay distorsión, es algo imprudente decir que tal o cual persona es vanidosa -mentirosa-. Como siempre los juicios morales sobre los demás son difíciles y habitualmente injustos. Puedo decir que tal cosa es falsa. Puedo decir que es mentira en la medida en que sé que quien habla es conocedor de la información veraz. Sin embargo la vanidad liga a la mentira cierta debilidad… la necesidad de ser mirado, atendido, escuchado, valorado por algo que no es propio.
Lo grave es que se llame vanidad a la simple y llana veracidad… Quien así procede es, simplemente un envidioso.
Gracias por tu comentario… ayuda a pensar más, la verdad.
Aunque matizar no sea fácil, esta matización está muy bien hecha y el último párrafo sobre la envidia es genial.
Muchas gracias.
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