Entries from May 2008 ↓

¿A qué ámbito pertenece la convicción?

Esta es una pregunta “ingenua” que hacía Fausto en un comentario… Tiene su contexto: en clase hablábamos de los ámbitos de intimidad, de las condiciones de posibilidad de la libertad, de los rasgos de la libertad madura… Señalo, para los que no han estado allí, algunos de esos extremos telegráficamente para pasar luego, también telegráficamente, a responder a la cuestión.

1. Los ámbitos de la intimidad son tres: el psíquico, el biográfico y el somático. Lo razonable es que crezcan simultáneamente… pero en las cosas del hombre, ya se sabe: todo lo que puede ocurrir, ocurre.

2. Las condiciones de posibilidad de la libertad son tres: la intimidad, la verdad y las convicciones. El ejemplo que hace de esta afirmación algo evidente es la novela 1984:
♦ “pensar a la vista de una telepantalla y que se notara que de hecho estabas pensando, era un delito…”;
♦ “lo terrible no es tener que decir que 2+2 son 5, sino que pudieran llegar a tener razón…”;
♦ “eso no pueden hacérnoslo creer… ”

3. La madurez de la libertad se manifiesta en la capacidad de establecer vínculos de gran alcance. En efecto, es saber que no se es un ser necesitado, sino originariamente querido…. y muchas más cosas. Y junto a esto, el otro gran criterio es la capacidad de considerar el futuro en la toma de decisiones, es decir, ser capaz de superar la frivolidad del puro pasar y tomar en las propias manos la existencia dilatada en el tiempo.

Visto esto puedo decir algo sobre las convicciones:

1. Convicción es un cierto contenido significativo que vive, no sólo en la inteligencia del hombre, sino en toda su dimensión emocional. En efecto, por una convicción alzamos la voz, nos ponemos rojos o somos capaces de reaccionar airadamente. También hablamos de ellas con emoción.

2. Una convicción, por tanto, dice relación a lo verdadero en cuanto posee un contenido de ese orden, sin embargo, no se reduce a una afirmación “lógico-deductiva”.

3. Lo específico de la convicción es ser “pre-racional” y “sobre-racional”. Es decir, la mayor parte de lo que somos y sabemos pertenece al mundo de las convicciones, no al de la ciencia en cuanto tal.

4. Ahora bien, como tantas cosas, hay quien considera que pueda ser “i-racional”. Entiendo que eso supone la negación de la excelencia de la verdad, de su inmensa capacidad. Lo verdadero es razonable, siempre es razonable. Es como señalar que hay ámbitos que están más allá de la verdad… Una cosa es que supere la racionalidad y otra que la niegue.

5. Las convicciones pertenecen al ámbito de lo necesario en la misma medida en que dicen relación a la verdad -y esta es necesaria-, pero lo más alto de la verdad es la libertad, no la necesidad. Las convicciones hacen referencia, en cuanto son también “sobre-racionales”, a la libertad.

6. Las convicciones no se demuestran, se tienen, se ven, se aceptan… y pueden ser articuladas razonablemente. Pero, precisamente por ser de esa naturaleza, no se pueden imponer… como no se impone la amistad. Estamos en el reino de la libertad.

7. Y podría seguir… pero he de dejarlo aquí.

Gracias por la pregunta. Espero haber arrojado un poco de luz. Seguiremos charlando con un cafelito.

El humor, la risa y la sonrisa

Como cada semana espero el día en el que, un grupo de amigos, tomamos café charlando sobre de cuestiones de antropología; esas que no forman parte habitual de las conversaciones: algunos consideran… no sé qué consideran, porque es un lujo poder hablar con libertad de esas cosas que te rondan la cabeza… poder compartirlas.

También como en tantas ocasiones alguien lanza un tema. Esta semana -ya veníamos hablando de ellos la semana anterior- la risa. Poco a poco la conversación alcanzaba algunos puntos de luz que dejo aquí, para que puedan ampliarse por escrito.

El humor es la manifestación de la libertad del hombre que puede superar los linderos de la lógica necesaria y lineal de la realidad.

La risa es su manifestación somática, en la que el hombre queda presa de un cierto “éxtasis” -salir de sí-, para quedar en cierto sentido, atrapado por lo sorprendente de la realidad considerada.

En la sonrisa hay un caer en la cuenta sin pérdida de control.

Un chiste es un “patinazo neuronal”.

Ahora bien, hay humor inteligente y humor “corto”. Hay quien se sonríe porque está por encima de la necesidad de las cosas y quien lo hace porque está fuera de esa lógica… pero por defecto, no por exceso: hay quien “no se entera” y por eso se ríe. El humor implica un cierto hábito intelectual que mira desde arriba la linealidad necesaria, la imparable -desde sí- lógica. Por tratarse de un hábito, es un ver libre no exigible y que cuando se explica -intenta ser subsumido en la necesidad de la que se ha liberado- pierde toda la gracia que poseía.

El humor no puede imponerse precisamente porque es espacio de libertad. El humor no puede imponerse porque implica ver donde no hay necesidad, deducción.

El hombre puede reír porque es inteligente… y porque puede ser tonto. Sólo el hombre, por eso, lo posee. Los clásicos llamaron “accidente propio” a la risa; es decir, una cualidad -accidente- que sin ser la esencia, deriva  necesariamente de ella. Hasta el punto de ser imperfecto el que no saber reír.

Ser capaz de considerar la necesidad desde fuera de ella y sonreír implica saber que esa lógica no es lo definitivo y por tanto, superar la necesidad histórica, el “sino”, el “fatalismo”. El humor es propio de quien sabe que más allá del decurso aparentemente inexorable, existe algo mejor; pero no sólo más allá, sino también más acá. La historia -sabe el “bien-humorado”- está llena de Providencia.

La alegría es por tanto, un bien de quien sabe que Dios gobierna la historia. El que no reconoce este dominio rie en el vacío… porque tal vez todo sea fatal y él, tan sólo, esté haciendo un ejercicio de restricción mental, no una elevanción del conocimiento con fundamento real.

Ser persona, ser hijo

Por más que he intentado darle vueltas en clase, creo que no he conseguido trasmitir lo que tengo en la cabeza. Obviamente no es una idea mía; mi maestro Leonardo Polo lo ha expresado de modo magistral en más de un lugar: en “Quien es el hombre” y en un capítulo de un libro. El texto se titula “El hombre como hijo”. Ambos están en la red, por lo que los dejo linkados.

El núcleo, tal y como lo tengo en la cabeza dice algo así:

Ser persona es ser puesto en la existencia como ser libre.

Poner un acto de ser libre es crear una novedad radical, un ser único.

Obviamente los padres no pueden ser los responsables de semejante realidad.

Esto puede atisbarse si se cae en la cuenta de que los padres no son “dueños” del hijo; es decir, lo que el hijo ES no es causado por los padres de modo que éstos puedan decir que son su origen completo y radical.

Negar la anterior afirmación contradice el conocimiento ordinario y el sentir ético: todos entendemos que la esclavitud contradice la dignidad humana y la posesión de una persona por parte de otra -por más que sean sus padres- sería una forma de esclavitud.

Los padres traen al mundo algo que les excede: una novedad radical libre.

Ahora bien, sólo un origen de poder proporcional puede ser principio de un acto de ser libre.

El Origen, el Creador del acto de ser libre ha de ser a su vez libre, aunque con una intensidad difícilmente concebible por el hombre.

La palabra que designa una relación en la que el Origen y lo originado son libres, por tanto con una relación de dependencia peculiar del originado respecto al origen, se denomina FILIACIÓN.

El hombre es radicalmente hijo: persona libre, única, nueva.

Sólo un Origen libre, absolutamente libre, de poder infinito es capaz de ser origen de una novedad radical y libre.

Es evidente, por tanto, que el ser personal es trascendentalmente familiar. El hombre autónomo, el hombre desligado no es comprensible como persona.

Es evidente también que la libertad total del Origen -Dios se suele llamar- crea libremente un ser libre, no se puede tratar de un acto necesario.

La afirmación radical, la expresión “es bueno que existas” -eso es el acto creador- no es un acto de indiferencia, sino todo lo contrario: somo originariamente “queridos”.

Existimos porque Alguien dijo “es bueno que existas”.

Nadie, absolutamente nadie, puede decir tal cosa de modo que SE REALICE la existencia, sino Dios.

Este discurso no es teológico, sino antropológico, toda vez que la libertad human puede ser investigada racionalmente y que es ésta la que reclama el argumento precedente.

El mundo en números

Tiendo a contar las horas que estudio, las palabras que escribo cada hora, los folios que leo. etc. etc. etc.  Y he encontrado esto…. obviamente me he quedado embobada mirándolo…


Poodwaddle.com

La libertad desde “los modos de querer” (2)

Quedan aún tres modos de querer por exponer. Me referiré brevemente a cada uno de ellos para concluír con lo que más me ha sorprendido.

3. Querer es dominar.

Hablábamos del horizonte ante el que se encuentra todo hombre y frente al que decide. Pues bien, el horizone es básicamente el futuro y el contenido de la decisión se da distendido en el tiempo. Dominar es un querer mantenido en el tiempo: es un querer esforzado. Es el correlato superior del apetito irascible. Así como el deseo es un correlato del apetito concupiscible.

Tal vez sea la operación de la voluntad más volorada. En efecto, se dice en ocasiones que tener voluntad es tener “fuerza de voluntad”. Pues bien, es importante pero no lo es todo. Más adelante haré la crítica correspondiente. Sin embargo, el carácter “proyectivo” de la vida -proyecto, biografía- exige esta dimensión del obrar de la voluntad.

4. Querer es crear.

Crear es un querer lo que aún no existe. El pintor quiere el cuadro que aún no existe, lo quiere y existe. La fuerza de la inteligencia y de la imaginación han de ser grandes, obviamente, para orientar la propia decisión hacia lo que sólo posee entidad ideal: entiéndase ideal en toda su amplitud. En efecto, la magnitud de los ideales es la medida de la capacidad creativa, de la capacidad de querer lo que no existe… y hacer que exista.

Crear es un modo de querer arriesgado. El dominio puede calcular la rentabilidad de los esfuerzos en orden al fin que persigue… el que crea, puesto que está queriendo lo que aún no existe, corre riesgos, se juega la vida… El que domina no se juega la vida: la invierte y sabe dónde y cuánta es la rentabilidad fija y variable.

5. Querer es amar.

Amar es el querer es afirma la bondad de la existencia del amado. Es la afirmación absoluta de su ser, el reposo en su contemplación. Pieper lo expresaba qué sea amar con las siguientes palabras: “el que ama afirma ‘es bueno que existas’ ”

El amor es debido a la persona -no a las cosas-. Su existencia, por ser novedad radical, es buena, exige afirmación completa, no condicionada. Amar no tiene recompensa útil. El amar no es un medio en orden a otra cosa. Eso sí, sólo al amar le acompaña el gozo. Pero si se ama para el gozo, no se ama, se utiliza al amado como cosa… y ya no se goza.

La libertad desde “los modos de querer” (1)

Dice José Antonio Marina que la voluntad es la gran olvidada de la psicología contemporánea. Yo más bien diría que es la gran olvidada de la cultura contemporánea. Hacer un par de días hablaba en clase de “los modos de querer”. Aprendí mucho: no se suele caer en la cuenta de lo significa “querer”. Resumiré aquí alguna de las tesis colaterales que salieron en clase.

1. Querer es desear.

El deseo de la voluntad -verdadero acto voluntario- mantiene la distancia, la alterirdad respecto a lo querido. Por otro lado la alteridad es respetuosa con lo deseado puesto que se mantiene referid al objeto de deseo y no a la satisfacción que dicho objeto puede producirme. De este modo podemos decir que es adecuado a la dignidad de la persona quererla de este modo. Además, si este querer -el deseo- es posible es en virtud de la inagotabilidad de la persona: ésta puede mantener siempre en vilo la voluntad: siempre puedo seguir queriendo porque siempre hay más en cada persona.

Las cosas se desean, se poseen y se agotan. Las personas se desean y nunca se agotan: la alteridad que sostiene el deseo es adecuada a la realidad de lo deseado.

El deseo del apetito concupiscible tiende a volverse sobre el deleite propio y no sobre el valor de lo deseado. Al final, el deseo concupiscible aniquila lo deseado, se lo apropia y lo hace parte de sí mismo -la nutrición es el ejemplo por antonomasia… pero hay quien no sabe más que comer, sin importarle lo que come-. El deseo concupiscible se siente frustrado si no se deleita, si prevalece el objeto de deseo sobre su propio placer.

2. Querer es decidir.

Decir sí es el acto voluntario. La vida del hombre es una existencia posible: vivir es estar ante un horizonte. Ahora bien, la voluntad actúa en la decisión real, no en la posibilidad. La voluntad en ejercicio implica la pérdida de la posibilidad en orden a la realidad. Y la realidad siempre es una. No es realmente relevante el número de opciones cuanto la capacidad y de dotar de realidad a una sola de esas opciones. Decidir es realizar. En caso contrario, si la voluntad se “sintiera libre” sólo ante las opciones, no podría ejercerse como voluntad libre, puesto que en el ejercicio se afirma sólo una de ellas.

Por otro lado, si la sustancia del acto voluntario “decidir” es la afirmación de la realidad, éste puede ejercerse también ante las situaciones únicas, es decir, aquellas antes las que no hay, en realidad, opciones. La decisión puede ejercerse en toda situación puesto que la decisión por antonomasia es la dotación de sentido. Sobre toda situación puede decidirse el sentido.

De hecho, las cosas más importantes de la vida no son en absoluto objeto de elección: son propuestas que “la vida” nos realiza y ante las que hemos de decidir el sentido preciso que daremos. Esa peculiar dotación de sentido, esa decisión sobre lo no elegible se llama “aceptación”. La voluntad más libre es aquella que, en toda situación, dota de sentido aquello que la vida le presenta. Ahora bien, siempre es posible no dar sentido al presente. Huir está en la mano de cualquier voluntad.

Cosa distinta es el sentido concreto que demos a las situaciones. Ahí la persona se juega la existencia misma.

la libertad y la falacia de la autonomía

Solitario y AbatidoUna de las afirmaciones que llevo tiempo sosteniendo y que, por ahora, no consigo ver de otro modo es la siguiente:

LA LIBERTAD NO ES AUTONOMÍA
LA LIBERTAD ES VINCULACIÓN, DEPENDENCIA

Para hacer más clara la verdad que incluye dicha sentencia, argumentaré los presupuestos conceptuales.

1. Entiendo que la libertad sólo puede entenderse en orden a la felicidad.

2. La libertad al margen del tiempo -en nuestro caso- y al margen de la decisión pierde toda comprensibilidad.

3. La libertad sólo parece real en cuanto puede “ejercerse” y todo “ejercicio” de la libertad es tal si posee intención, orientación, fin.

4. Parece por tanto que el fin, intención u orientación de todo ejercicio de la libertad es relevante humanamente en cuanto dice referencia a la felicidad: obviar esto es separar lo inseparable, es decir, realizar un acto gratuito de división que lleva a la pérdida de la sustancia inteligible de la libertad.

5. La felicidad no parece que pueda oponerse a la libertad. Felicidad y esclavitud no son buenas compañeras, como tampoco lo son libertad e infelicidad.

6. Por tanto, el núcleo de la libertad no puede ser contrario al núcleo de la felicidad, antes bien, deben ser correlativos, toda vez que existen una en orden a lo otro.

7. Ahora bien, la felicidad es incomprensible en soledad. Entiendo por soledad la carencia de vínculo real, consistente, con otra persona o personas. Allí donde vive la soledad vive la infelicidad.

8. Es más, parece que la felicidad es la “ligazón” por antonomasia: el amor parece ser el corazón mismo de la felicidad.

9. Por tanto, la libertad es tal -es decir, no es esclava- si su ejercicio es en orden a la felicidad, es decir, en orden al amor, en orden a la “ligazón” radical humana: el amor a otro.

10. El amor a sí mismo, la “auto-religación” es la soledad radical, la cerrazón que nadie puede, realmente, desear. Todo el que se hace a sí mismo “el Absoluto” parece condenado a la infelicidad: la indiferencia hacia los demás y de los demás hacia uno mismo.

11. La autonomía como significado propio de la libertad es la afirmación de que la libertad tiene como núcleo el sostenimiento del propio ser en orden al propio ser, es decir, la desvinculación.

12. La desvinculación, la autonomía, puede ser tenida como algo positivo sólo si la re-ligación, la vinculación con otros -ellos mismos- son reconocidos como amenaza de la propia felicidad-libertad.

13. La libertad que se desea autónoma y teme la vinculación es una libertad solitaria.

14. Ante la angustia que genera la libertad autónoma en su principio y en su fin, el hombre tiende a declinar parte de su libertad, a contradecirla y violentarla para tener algo de compañía y apagar así la tristeza de la soledad.

15. Se ve en este punto que la libertad y la felicidad -al menos la sustancia misma de ella- se muestran como contrarias: no pueden, de hecho, darse a la vez.

16. En tal caso:

SI LA LIBERTAD ES AUTONOMÍA

LA FELICIDAD ES SOLEDAD

ahora bien

SI LA FELICIDAD ES AMAR

LA LIBERTAD ES VINCULACIÓN-DEPENDENCIA

¿Alguien hay más dependiente que una madre respecto a su hijo? ¿Alguien más que un esposo respecto a su esposa? Y sin embargo la sustancia de su libertad está en la consumación de su re-ligación, la vivencia de su mutua dependencia.