El humor, la risa y la sonrisa

Como cada semana espero el día en el que, un grupo de amigos, tomamos café charlando sobre de cuestiones de antropología; esas que no forman parte habitual de las conversaciones: algunos consideran… no sé qué consideran, porque es un lujo poder hablar con libertad de esas cosas que te rondan la cabeza… poder compartirlas.

También como en tantas ocasiones alguien lanza un tema. Esta semana -ya veníamos hablando de ellos la semana anterior- la risa. Poco a poco la conversación alcanzaba algunos puntos de luz que dejo aquí, para que puedan ampliarse por escrito.

El humor es la manifestación de la libertad del hombre que puede superar los linderos de la lógica necesaria y lineal de la realidad.

La risa es su manifestación somática, en la que el hombre queda presa de un cierto “éxtasis” -salir de sí-, para quedar en cierto sentido, atrapado por lo sorprendente de la realidad considerada.

En la sonrisa hay un caer en la cuenta sin pérdida de control.

Un chiste es un “patinazo neuronal”.

Ahora bien, hay humor inteligente y humor “corto”. Hay quien se sonríe porque está por encima de la necesidad de las cosas y quien lo hace porque está fuera de esa lógica… pero por defecto, no por exceso: hay quien “no se entera” y por eso se ríe. El humor implica un cierto hábito intelectual que mira desde arriba la linealidad necesaria, la imparable -desde sí- lógica. Por tratarse de un hábito, es un ver libre no exigible y que cuando se explica -intenta ser subsumido en la necesidad de la que se ha liberado- pierde toda la gracia que poseía.

El humor no puede imponerse precisamente porque es espacio de libertad. El humor no puede imponerse porque implica ver donde no hay necesidad, deducción.

El hombre puede reír porque es inteligente… y porque puede ser tonto. Sólo el hombre, por eso, lo posee. Los clásicos llamaron “accidente propio” a la risa; es decir, una cualidad -accidente- que sin ser la esencia, deriva  necesariamente de ella. Hasta el punto de ser imperfecto el que no saber reír.

Ser capaz de considerar la necesidad desde fuera de ella y sonreír implica saber que esa lógica no es lo definitivo y por tanto, superar la necesidad histórica, el “sino”, el “fatalismo”. El humor es propio de quien sabe que más allá del decurso aparentemente inexorable, existe algo mejor; pero no sólo más allá, sino también más acá. La historia -sabe el “bien-humorado”- está llena de Providencia.

La alegría es por tanto, un bien de quien sabe que Dios gobierna la historia. El que no reconoce este dominio rie en el vacío… porque tal vez todo sea fatal y él, tan sólo, esté haciendo un ejercicio de restricción mental, no una elevanción del conocimiento con fundamento real.

5 comments ↓

#1 manuel cabo on 05.26.08 at 4:20 pm

Precioso post. Nada mejor que compartir una sonrisa o una risotrada estruendosa al calor de un buen grupo de amigos.

#2 Consuelo Martínez-Priego on 05.26.08 at 5:19 pm

Gracias Manuel, aunque la idea se debe a mis amigos… que son los que preguntan. Yo sólo intento responder.

#3 Fausto on 05.27.08 at 2:54 pm

Hola Consuelo, soy fausto… (te estrañará que escriba yo… pero sabes que tengo a Malmi castigada…)
Antes de nada, gracias por la clase de hoy… Darle vueltas a la idea de libertad me confirmó algunos puntos de reflexión harto interesantes. Digo confirmar y no descubrir, porque descubrir, en términos de verdad, no es sino afirmar lo que ya está, lo que ya es, y de alguna forma ya conocíamos siquiera en forma de intuición… y el motivo por el que, también, al descubrir la verdad hagamos un escandaloso ¡Claro! ¡Pero qué tontería! ¡Pero qué sencillo era…! Y demás eurekas. Y nos dé esa especie de sensación de tiempo perdido… de no haber descubierto nada nuevo… porque, efectivamente, era así desde siempre… (Pausa para respirar) y sin embargo, si que es nuevo, tal vez no para la realidad, pero sí para nosotros, o incluso para el mundo…

Me enrollé. Lo siento. Sólo quería darte las gracias por la clase de hoy… y yo mismo me vuelvo a interrumpir, porque me quedaron algunas dudas… ¿A que ámbito pertenece la convicción? ¿Responde a lo contingente o también a lo necesario y verdadero? ¿O a ambas?

Jajaja No, no era esto lo que quería decir… Lo que quería, lo que realmente quería decir… era una pequeña aportación (tuya, todo sea dicho de paso) en el tema del humor… estuve presente en el “café filosofico” y quería sumar mi granito de arena… a las consideraciones a las que llegamos aquel día. Como no nos has dejado espacio (egoísta) para decir algo en el “qué” del humor… ni en las consecuencias de ese qué, intentaré responder al “por qué”, que también comentamos el otro día. Dábamos vueltas desde la semana pasada a la idea de que el humor era necesario…en tu comentario afirmas que, el que no sabe reír, es imperfecto… y que el humor (inteligente) es manifestación de una mirada más digna…

Pero por qué es así… ese es el espacio que nos has dejado… por qué el hombre necesita reír… la respuesta la dedujiste tú y son siete palabras… así que vamos a hacer un poco el paripé y aparentar que sabemos un montón de cosas, remontándonos al desarrollo completo de la idea.

El humor nos aleja emocionalmente de las realidades que nos inquietan, preocupan, reclaman. Es la superación de esas necesidades. Una válvula de escape natural de la que disponemos, como contrapeso a la capacidad que tiene el hombre de conocer y preocuparse por las cosas. Como diría Winston Churchill “Si la imaginación consuela a los hombres de lo que no pueden ser, el humor los consuela de lo que son”(jajaj)…

Quiero decir… el hombre tiene la capacidad de acercarse al mundo, admirarlo, sentirlo y comprenderlo, pero también de necesitarlo y preocuparse. Tiene además una serie de necesidades fisiológicas que le apegan a estas realidades… El hombre es un animal que se preocupa por las cosas, que se involucra en ellas… que vive, en definitiva, de la realidad y en ella.

Y aquí viene la guinda del pastel: pero “el hombre no es un ser necesitado” (7palabras)… lo genuino del hombre no es necesitar y satisfacer necesidades, está por encima de ellas. Lo propio del hombre es la libertad y para levantarse por encima de ellas, requiere distanciarse del objeto… la risa es una superación fisiológica, una separación emocional… el humor, una actitud (mirada, que decía Elda) del alma que comprende el orden y lugar de las cosas… la sonrisa, una afirmación de lo que se contempla desde fuera.

Creo que todo se podía haber dicho con pocas palabras… pero en fin

#4 Sensamientos » ¿A qué ámbito pertenece la convicción? on 05.27.08 at 6:26 pm

[...] es una pregunta “ingenua” que hacía Fausto en un comentario… Tiene su contexto: en clase hablábamos de los ámbitos de intimidad, de las condiciones de [...]

#5 Fausto on 05.28.08 at 12:54 pm

No creo que sea el lugar apropiado… la única relación… es el “café”

“El pasado no existe… pero es terriblemente reconfortante”

Hoy en el café literario hemos hablado sobre la memoria como una realidad engañosa y polar. Polar, porque no tenemos un recuerdo objetivo del pasado. La memoria agrupa la información en bloques y asocia como iguales las sensaciones parecidas.

Todas mis experiencias de estudio se aúnan como únicas… “tengo una única sensación de estudio”. De esta manera se abrevian los procesos largos y costosos… y los placeres, mucho más intensos, ocupan el mismo tiempo en nuestra memoria aunque sean más breves… Las pequeñas cosas son grandes en la memoria, porque son ellas las que destacan… las que son distintas… si estudié en lo alto de un edificio… automáticamente se separa de cientos de percepciones de estudio en biblioteca… y se percibe, sin embargo, con la misma intensidad…

Una vida desordenada, llena de actividades distintas parece más plena que el que trabaja de 8 a 8… pues, el que trabaja, al tener menos novedad le es más difícil distinguir unos días de otros… en la expresión ¿qué hiciste hoy? Trabajé… ¡He agrupado una experiencia de 8 horas!

Por otra parte, es polar porque, habitualmente, o recordamos lo bueno o lo malo. Y, generalmente, queremos recordar lo bueno… formateamos las malas experiencias (a menos que consideremos una época terrible y queramos no recordarla o la percibamos, precisamente, como horrible, todo malo y daño). De esta manera, el esfuerzo, el sacrificio, el cansancio, el sueño… el dolor… es desterrado de nuestra biografía… haciendo verdadera la afirmación del poeta “cualquier tiempo pasado fue mejor”.

Si añadimos a esta realidad de la memoria, que los enlaces que guardamos con el pasado… recuerdos, fotografías, videos, regalos… son siempre positivos… tenemos una sensación desvirtuada de nosotros mismos, que, sin duda, dificulta la introspección (si no participa de la experiencia y comunión de los otros).

Es fácil engañarse, concluimos… si queremos sentirnos satisfechos con nuestra propia vida… sólo hay que viajar… (fuera de nuestro ámbito todo es nuevo y todo se percibe diferente…) la novedad toma entonces un carácter casi divino… hacer muchas cosas distintas y nuevas hace parecer que vivimos una vida intensa… nuestra experiencia se multiplica… y nos puede dar una falsa sensación de crecimiento…

Sólo cuando hemos prolongado mucho tiempo esta situación de engaño-activismo caemos en la cuenta de que no ha sido tan brutal como pensábamos… sí, he visto medio mundo… he enriquecido mi memoria con experiencias realmente distintas que me dan la oportunidad de recordar y mencionar cientos de situaciones diferentes… pero… ¿qué frutos han dado? ¿Qué beneficios me han reportado? ¿Qué me he dado a mí mismo en esa carrera frenética de buscar sensaciones? Es el “carpe diem” mal entendido…Y llega la frustración… soy viejo… es tarde para cambiar… y mi cuerpo no responde ni me capacita para seguir con esta vida… ¿qué sentido tiene entonces quedarse?

Leave a Comment