Escribo este brevísimo post para declarar que considero distintas cada una de estas afirmaciones. Creo que es una obviedad tal que no necesitaría explicación… si no fuera porque se ha olvidado el sentido preciso de la última sentencia y su carácter especial para la configuración de la propia biografía.
- Estar con alguien alude al simple hecho de estar, en el presente, compartiendo algo. En el contexto en el que se desarrolla esta explicación se entiende que la expresión significa o dirige la atención hacia la intimidad corporal. Ahora bien, conviene subrayar el carácter de presente, es decir, su referencia a lo más efímero del tiempo, allí donde la libertad puede quedar desmembrada respecto a la biografía.
- Salir con alguien parece querer indicar que en el transcurrir de los días dos personas se reclaman de modo especial. El tiempo se alarga, pero no por el futuro, sino por el presente transcurrido. Se toma el pasado y el futuro próximo con la misma intensidad que el presente. Salir con es algo que “acaece”. El carácter proyectivo no está incluido, sólo la distensión temporal. No implica, necesariamente, compartir intimidad somática, aunque sí biográfica: los acontecimientos, algunos al menos, son compartidos.
- Tener novio es estar en fase de configuración de un proyecto vital. Se trata de una realidad presente que se explica por la intención, su sentido está en el futuro y éste determina las condiciones de relación presente. El futuro implica compartir todos los niveles de intimidad, y se señala que ahora no se están compartiendo. En efecto, si fuera así, no habría diferencia respecto al futuro, ni tampoco respecto a las ateriores expresiones. En esta situación la intimidad que prioritariamente se comparte es la psíquica, puesto que se trata de configurar intencionalmente un proyecto: ha de dibujarse y explicitarse en palabras. La intencionalidad se vive como distinta de la realidad misma… por eso es configuración de proyecto y no el proyecto mismo.
Si se confunde la configuración del proyecto con el proyecto… simplemente desaparecen uno y otro. Esto ocurre cuando no se comparten ideas o cuando no se pueden compartir por “apantallamiento” de la intensidad somática.
Qui potest capere capiat.










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Refiriéndonos a esto me encantaría hablar del enamoramiento en cuanto a la voluntad.
Enamorarse en un proceso como tantos otros en la vida de cualquier individuo. Este incluye multitud de factores y presenta modificaciones del hombre tanto externos, formas de ser, actuar, hablar… como internos,” los coscilleos”, los nervios… debido a su factor detonante en la vida de la persona.
Dentro de este proceso al que llamamos enamorarse de alguien por su persona…encontramos por ejemplo, la modificación de la voluntad, como un proceso variable en el recorrido del enamoramiento.
Considero que hay dos fases de esta.
Así la primera, podríamos referirnos a ella como una voluntad “puramente animal” y la segunda como “una voluntad voluntaria”.
Cuando el enamoramiento es reciente, fuerte, pasional y lleno de emociones, lo único que se quiere es compartir y dar la vida por la otra persona y es ahí donde la voluntad juega un papel puramente involuntario, es decir, movida por la necesidad de conocer a la otra persona tanto física como psíquicamente, movida por el deseo de conocer la intimidad del otro u otra, atraído por la vida de este/a. Por eso nuestra voluntad está exenta de perezas simplemente se mueve por el deseo de conocer, de ahí que nos refiramos a esta como una voluntad animal.
La afectividad en esta primera fase pienso que actúa de forma considerable ya que deforma estas percepciones acercándolas a nuestros deseos: la vemos más guapo/a, más interesante, más inteligente de lo que realmente puede ser…En esta primera fase los defectos del otro/a nos son percibidos de forma real de ahí que se diga que “el amor es ciego”.
Después viene el momento más peligroso, el segundo paso de la voluntad, cuando es necesario su razonamiento y práctica….me explico.
Con el paso del tiempo en el proceso del enamorado, y a medida que se va conociendo a la otra persona esa voluntad va modificando a medida que modifican los sujetos…
En esta segunda fase de la voluntad y por el paso del tiempo, esta pasa de ser una voluntad involuntaria a una voluntad voluntaria. Una voluntad de querer a la otra persona, es donde radica de verdad la posibilidad de enamorarnos, ya que es ahí cuando se actúa de forma racional y no cegados por el enamoramiento primero de la atracción de conocer, donde los actos son por que el otro o la otra son para el/ella quiere…y poco a poco esta, la voluntad, en buena medida y sin beneficio va forjando un proceso vital donde se dan las intimidades psíquica, física, moral en conclusión la entrega voluntariamente la vida propia a otro/a.
!!Muy buenas tardes, Fátima!! ¿ya de vuelta en la red? se te echaba de menos… Bueno, voy a comentar tu comentario… si no te importa
Me parece acertadísima es división en dos momentos bien diferenciados el proceso de configuración de una especialisima relación interpersonal (chico-chica). Ahora bien, me extraña la expresión “voluntad involuntaria”, -¡cuánto más voluntad animal!!!- aunque es buena en cuanto llama la atención y obliga a pensar.
Tal vez quieras significar un verdadero querer -de ahí la palabra voluntad- en el que no es necesario tomar decisión alguna, sino que se trata de un querer en el que la persona se siente “arrastrada”. De acuerdo: pero entiendo que es más propio del apetito y que el enamoramiento supone un cierto “ensimismamiento”: la persona se deleita con el otro, pero le sorprende su propio deleitarse más que la realidad del otro. En el enamoramiento hay ceguera proque la intensidad del apetito concupiscible dificulta toda reflexión y porque, el estado emocional es tan intento que puede olvidarse todo lo demás.
Existe distorsión cognitiva, fisiológica y conductural en el estado de enamoramiento. Creo que podríamos decir que el enamoramiento es un estado emocional concreto, en el que el otro, la persona del otro, es el principio del mismo. Ahora bien, el enamoramiento no ha descubierto aún al otro en sí mismo, en su valor más allá del deleite que genera en mi. Eso es lo exigido en el segundo momento.
El enamoramiento como motor del conocimiento mutuo es bueno, pero no como término de la relación interpersonal puesto que desconoce el valor absoluto del otro y, sobre todo, desconoce el contenido del proyecto que con el otro se quiere llevar a cabo.
Sin embargo, el querer voluntario, querido en presente y con contenido de futuro, conviene que participe del enamoramiento, de la facilidad emocional: eso ha de trabajarse durante toda la vida.
En fin… tú podrás señalar más cosas.
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