El motivo de esta cuestión es análogo al de los post precedentes: son preguntas que suelo hacer y, por tanto, que me suelo hacer. Cierto que fueron abordadas en, al menos tres lugares de “antropología y educación”, pero merece la pena volver sobre ellos. También, como en ocasiones anteriores, responderé casi telegráficamente, tal y como vienen las ideas a la cabeza:
1. El hombre posee todas las características propias de los seres vivos en general: automoción, inmanencia, organicidad, heterogeneidad, crecimiento armónico. Educativamente las implicaciones son infinitas. Tal vez lo más llamativo sea lo referente al crecimiento. Vivir es crecer, y éste es fruto de la automoción y la inmanencia. El protagonismo es, por tanto, del alumno.
2. Podemos realizar del hombre, como del resto de los seres vivos, un análisis causal. Esto nos ayudará a comprender “cuan humano es el cuerpo humano”. Desde esta perspectiva la consideración instrumental del cuerpo carece de fundamento y violenta gravemente la naturaleza del hombre mismo. En el hombre no hay nada que no participe de su radical dignidad… piense cada uno lo que piense. También podemos señalar que nada escapa a la lógica del crecimiento humano, y por tanto, que todo en el hombre está llamado a lo mejor, y lo mejor no es algo arbitrario, sino dependiente del propio modo de ser y obrar (automoción).
3. Señalamos “determinado tipo” en la formulación de la pregunta. En efecto, el nivel de automoción e inmanencia es propio del hombre y no del resto de los seres vivos. Se suele hablar de racionalidad y libertad. Es acertado, pero tendríamos que añadir que toda la dinámica psíquica, toda la operatividad del hombre, es especial: también la imaginación, la cogitativa, los apetitos, etc. son especiales en el hombre. Este es el lugar desde el que ha de argumentarse que el hombre carece de instintos.
4. Las implicaciones educativas de la anterior afirmación exceden con mucho este espacio, pero podemos apuntar que, en la consideración del “ayudar a crecer” no ha de obviarse ninguna de estas capacidades operativas: desde la discriminación sensorial al razonamiento lógico matemático, pasando por el desarrollo del apetito irascible -capacidad de afrontamiento-, etc. etc. etc. Ninguna de estas capacidades operativas son idénticas en el animal. Al hombre se le educa, no se le adiestra; hacerlo implicaría la negación de la radical unidad del psiquismo humano, sería violentar la naturaleza humana.
5. Es en este punto en el que se inserta el crecimiento armónico de la personalidad, es decir, lo los rasgos operativos suficientemente estables que caracterizan el obrar del cada hombre.
Y por ahora… nada más.










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