Amor al silencio

Cierto: no todos los silencios son iguales. He conocido muchos; enumeraré algunos de ellos:

Silencios de indiferencia

Silencios de timidez

Silencios de culpabilidad

Silencios de idiotez

Silencios de reflexión

Silencios de reverencia

Silencios de adoración

Silencios de contemplación

Sin embargo, no conozco tantos ruidos, tantos matices vitales que sean capaces de modular el ruido. La voz no es ruido, sino sonido articulado; la voz inteligible es palabra y la palabra verbo, y el verbo inteligencia, alma.

Pero el ruido… el ruido es la ausencia de naturaleza -la naturaleza es sonora, no ruidosa- y ausencia de inteligencia. Y hoy, en el patio de mi casa había ruido, y anoche, en ese mismo patio, había ruido… En la ciudad hay ruido tantas y tantas veces, por eso hay soledad, por eso es posible la multitud solitaria de la ciudad, porque el sonido no llega a voz, a palabra… y tampoco llega a ser sonido natural, de la vida en movimiento armónico.

Por tanto, habrá que enseñar qué silencios y qué sonidos han de buscarse, hemos de aprender a deleitar. ¡Ah! y no todo lo que llaman música es sonido humano… a veces es ruido enlatado y soltado a través de aparatos espasmódicamente!!!

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