Sobre la superioridad del amar y el matrimonio

Hace unos meses escribí dos post sobre “los modos de querer”. En el primero explicaba qué significa que querer sea “desear” y “decidir”; en el segundo hablamos de “dominar”, “crear” y “amar”. Cada uno de esos modos de querer convienen a la relación interpersonal. Sin embargo, el “amor” lo hace especialmente puesto que no se refiere al yo, sino al tú de modo preeminente.

En el deseo es posible quedar prendado del objeto de deseo en cuanto puede ser poseído por mi, de suerte que puede ser tenido al otro como medio. La decisión mira al propio yo puesto que éste se implica. El dominio hace también referencia al que quiere más que a lo querido, al igual que la creación. Sin embargo, en el AMAR todo es afirmación del otro.

Entre todos los amores hay uno que se refiere a la totalidad del otro y lo hace con la totalidad del propio ser. Cuando decimos totalidad nos referimos al espacio y al tiempo, a toda la existencia. Totalidad y exclusividad con capacidad inherente de crecimiento en el ámbito más profundo: la persona. Es decir, totalidad y exclusividad en la afirmación del otro y de mi propia existencia en esa afirmación, de suerte que ambos podamos seguir creciendo del modo más alto posible: el amor a una persona nueva, el hijo.

Bien, así las cosas, parece que, entre los modos de querer el “amor” es el más alto y, entre los amores, el conyugal es, a su vez, el más alto -si no hacemos referencia a la relación interpersonal posible entre el Creador y la criatura, en la que también es posible totalidad y exclusividad-.

5 comments ↓

#1 lourdes gallardo Navarrete on 08.29.08 at 12:16 am

¡Darse!, esa es la característica constitutiva del amor, la que lo hace plenamente humano.
Alguien afirmaba ” que el hombre, única criatura terrestre a la que Dios ha amado por sí misma, no puede encontrar su propia plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás”
El amor no es algo tan profundo que equivale a donación, a olvido del propio yo.

#2 lourdes gallardo Navarrete on 08.29.08 at 12:05 pm

El amor es algo tan profundo que equivale a donación, a olvido del propio yo. (perdón por el error)

#3 Consuelo Martínez-Priego on 09.01.08 at 5:59 pm

Muy buenas, Lourdes!!! ¡qué alegría verte de nuevo por aquí!!
Bueno, tú conoces bien la temática y el contexto en el que aparece esta explicación. Te animo, de todos modos, a que intentes dar una explicación satisfactoria, antropológicamente, del el “olvido del propio yo”, toda vez que la intimidad es algo prioritario y que ha de crecer, y que la libertad NUNCA puede perderse, sino sólo crecer. Creo que, en ocasiones, conviene matizar para no caer en visiones maniqueas ni algo “masoquistas”… No sé si me explico.
Olvido de si… digamos que “redimensión del propio yo”.
Gracias y… hasta dentro de poco.

#4 kikoprieto on 09.02.08 at 7:41 pm

Respecto a este tema me encantó, el curso pasado, leer en ese librillo de “Filosofía de la vida cotidiana” de Rafael Alvira, -que por cierto, se lo dejé a Alberto Calero y todavía no me lo ha devuelto- una idea que aparece en uno de los capítulos, algo así como que para afirmar el yo, paradójicamente hay que negarlo. Es más, lo recogí en un breve artículo en mi blog, decía esto:
” Si al rechazar lo externo, no me encuentro a mí mismo, sino que me encuentro con el vacio, eso quiere decir que para encontrarme a mí mismo tengo que hacer justamente lo contrario: aceptar lo otro, o el otro.
Pero para poder hacerlo debo llevar a cabo un trabajo; un verdadero trabajo, muy sencillo, o sea, muy difícil: cambiar la negación de lugar.
Si antes se rechazaba lo de fuera, ejercitando un cierto espíritu crítico, ahora lo que debo negar es lo de dentro. Negarme a mi para que entre el otro.”

Pues eso…

#5 Consuelo Martínez-Priego on 09.03.08 at 5:06 pm

¡¡Que honor tener a un bloguero de tanta altura por aquí!!!

Pues… no lo veo claro: debe ser que estoy con las neuronas sin entrenar.

a. Negación de lo exterior y yo vacío;
b. Afirmación de lo exterior y yo… ¿lleno?

¿Dónde cambio la negación? ¿Acaso he de negar el “yo” para que aparezca el “otro”?

Tal vez sea una cuestión de simple verdad: yo soy, él es. Existe una cierta dificultad para captar la importancia de la segunda afirmación (él es, o tú eres), no tanto por exceso de “yo soy”, sino por deformación. Ese “yo” no sabe quién es, no sabe que es hijo…. y un hijo afirma a su madre y a su padre… y los afirma bien. Un hijo afirma a su hermano…. Decir “yo soy” y no caer en la cuenta de que “soy hijo”, es no haberse enterado de nada…

Ahora bien, si niego “yo soy”… simplemente estoy en el error.

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