Entries from September 2008 ↓

El don de la Palabra (III)

Sigo leyendo con detenimiento el discurso de Ratzinger al mundo de la cultura, y sigo asombrándome.

Cuando la civilicación occidental está en crisis, cuando los fundamentos de la propia cultura parecen tambalearse -y se tambalean de hecho- unos hombres se lanzan a lo esencial, intentan buscar lo permanente en ese todo cambiante e inestable. Y ese itinerario lo realizan a través de las palabras en una búsqueda incesante de la Palabra.

En la confusión de un tiempo en que nada parecía quedar en pie, los monjes querían dedicarse a lo esencial: trabajar con tesón por dar con lo que vale y permanece siempre, encontrar la misma Vida. Buscaban a Dios. Querían pasar de lo secundario a lo esencial, a lo que es sólo y verdaderamente importante y fiable. Se dice que su orientación era “escatológica”. Que no hay que entenderlo en el sentido cronológico del término, como si mirasen al fin del mundo o a la propia muerte, sino existencialmente: detrás de lo provisional buscaban lo definitivo.

Así las cosas, estos hombres hacen girar toda su existencia en torno a la Palabra. Sorprende que entiendan que la Palabra es más estable que el mundo mismo. Pero tal vez es que veían que en la Palabra habita la verdad.

Cuando el mundo propio es un lugar agreste y difícil, parece que el anhelo radical permanece y ese anhelo es, precisamente, aquello que no está bajo el poder despótico de ningún hombre. Bien, eso es el ser mismo y la verdad en la que el ser se patentiza.

Creo que por más que nuestra situación sea compleja, no siempre alcanzamos a escuchar con detenimiento lo que se despierta en el interior de todo hombre, esto es, el deseo de verdad, de certidumbres, de dimensiones de su existencia capaces de anclarse en la estabilidad fiable.

Cuando estamos rodeados de personas, de gentes, ¿qué podemos aportar? Palabra, Verdad, Lealtad.

Entre “maestro” y “ministro”…

Como sabéis me encanta mirar la “generalogía de las palabras”, lo que suele llamarse “etimología”. Siempre he pensado que conocer esa dimensión de la lengua te hace, no sólo saber más y mejor, sino disfrutar con el uso del lenguaje.

Leo a Carlos Segade en el Club del Lector un texto “agudo”, a mi juicio. A los que aún no se han aficionado a la búsqueda de la etimología de las palabras, espero que este texto les anime. De camino, hago con él un guiño a mis queridos maestros y futuros maestros, esperando que alguno llegue a ser ministro -y arregle un poco las cosas-.

<<Desgraciadamente la evolución de las palabras a veces nos juega malas pasadas. La palabra “maestro” tiene un noble antepasado etimológico: “magister”. A su vez esta palabra es un derivado de “magis” como adverbio y “magnus” como adjetivo. O sea, “grande”, “más”. El maestro era el que sabía más y por ello era digno del mayor respeto; se convertía así en autoridad. Esa autoridad no tenía por qué reflejar una recompensa dineraria directa, pero su posición social, relevancia e influencia en el mundo clásico y hasta hace bien poco tiempo era algo evidente.

El contrario de “magis” es “minus” o “minor”, que como se puede deducir se traduciría por “menos”. El que es menos es el servidor de todos, es el que se rebaja para el bien de la comunidad a la que sirve. Ese es el “minister”, de donde deriva la tan poco reputada palabra “ministro”.>>

¿A que tiene gracia?

(Os animo a seguir leyéndolo…)

Más sobre el cuerpo y su significatividad natural

Ayer estuve viendo esta joya en la exposición “Chaplin en imágenes”, organizada por Caixa Forum. Entre otros muchos documentos gráficos estaba este que os dejo.

¿De veras que alguien puede seguir dudando de la significatividad natural del cuerpo, más allá de la dimensión cultural y convencional de algunos signos gestuales? En otra ocasión escribiré con detalle sobre este asunto. Por hoy, insisto, disfrutad.

El don de la palabra (II)

La existencia humana es por la compañía. En efecto, es el amor el principio de toda existencia -ya sea el amor de los padres, Dios lo quiera, ya el amor de quien es Fons et Origo-. Por eso, por el principio del existir mismo, hemos de afirmar que “la soledad no es humana”.

Pero tampoco el discurrir de la existencia lo es. El ámbito familiar es el lugar propio de la vida del hombre; también el social, el de las relaciones extra-familiares.

Ahora bien, uno y otro acontecimiento -el empezar a existir y el sostenernos en la existencia digna- son posibles por la palabra.

Cuando dicen algunos que “las palabras se las lleva el viento”, tiendo a pensar que no saben qué es la palabra, la palabra humana y, mucho menos, la Palabra Divina.

Atendamos a tres realidades inmediatas del existir humano en el que la palabra, no sólo no es llevada por el viento, sino que posee “eficacia”. Me refiero al consuelo, al perdón y al compromiso.

El consuelo es palabra capaz de mitigar el sufrimiento que, según algunos, es solitario por antonomasia… y no lo es. Precisamente en su radical negativo es solitario -y desconsolado, por tanto-. En su valor positivo el sufrimiento es el lugar donde se encuentran intimidades: una sufre, otra consuela.

El perdón: pedir perdón es acto verbal. Perdonar es acto verbal. Es inimaginable lo que puede llegar a suponer, en una biografía como la tuya o la mía, el ejercicio del perdón: el pedir perdón y el perdonar. Realmente la narración de la propia existencia será radicalmente diversa atendiendo a la escueta y eficacísima palabra “perdón”.

¿Qué decir el compromiso? Si. El transcurso vital se construye por el entramado de compromisos, de lealtades, de relaciones que llegan a decir, incluso “quién soy”. El “yo” solitario no tiene nombre. El nombre nos fue puesto y los apellidos nos son dados. El reconocimiento de esta aplastante realidad es la aceptación de un compromiso originario de dependencia y gratitud. El nombre: Palabra.

Habla Ratzinger de la existencia de aquellos que se consagraban a “quaerere Deum”, y lo hacían a través de la Palabra en la que Él mismo se ha hecho camino. ¿Mayor eficacia de la Palabra?

¿Saben los lectores de blogs que pueden dejar comentarios?

Según Rafa Osuna no… Me gusta su argumento y su explicación.

Atendiendo a los comentarios, es obvio que se trata de un mal bastante extendido. La web 2.0 es aún un enigma para muchos…

y ¡¡esto no es plano, tiene fondo, altura, anchura… depende de los lectores y “comentadores”!!

El don de la palabra (I)

Tuve la inmensa suerte de oír, en directo, el discurso de Ratzinger al mundo de la cultura. Obviamente me refiero a la Cultura, no a la cultureta.

Se trata de un texto con belleza y profundidad suficientes para ser leído en directo y, si se puede, visto y oído. Por eso, en este primer post os lo dejo “tal cual” -a partir del minuto 9 comienza a hablar el Santo Padre-.

Más adelante comentaré algunas cosas. Baste por ahora subrayar que la Palabra es un don, que la cultura en la que vivimos, que toda nuestra civilización, tiene su fundamento en la virtud de la Palabra, que hizo de las últimas preguntas un lugar de racionalidad, no de barbarie. Es la civilización en la que la esperanza tiene espacio para vivir, porque “más allá” no hay oscuridad, sino luz; luz para la inteligencia y calor para el corazón.

Arte: la radical novedad de la persona

Dos verdades confluyen:

Lo único radicalmente nuevo en la historia es la persona, cada persona.

La música es el arte sublime -tal vez porque su expresión y deleite llena, roba, el tiempo: solo puede ser disfrutado en el tiempo por el arte exigido-.

Os dejo dos obras maestras del virtuosismo: el “Zapateado” de Pablo Sarasate. La misma obra -novedad de Sarasate- interpretada por dos excelentes violinistas -novedad de la interpretación. Me sobrecoge la diferencia en la interpretación y la identidad de la obra.

No os diré la interpretación que más me gusta… ;)

Algo sobre la libertad social

Intento cada año que los alumnos caigan en la cuenta de lo importante que es este plano de la libertad: cacareado en toda democracia y super-cacareado en toda dictadura.

La libertad social es aquella que versa sobre las condiciones de posibilidad del desarrollo del propio proyecto vital. Es decir, la libertad social radica en la búsqueda de un “bien común” en el que se “pueda desarrollar el bien personal: es un poder hacer”, para lo cual se necesita “poder pensar”. Así, la libertad social se materializa en:

1. Exitencia de condiciones materiales que permitan algo más que la mera subsistencia. Es decir, condiciones que posibiliten la mejora y disposición libre de bienes materiales. Esto es algo así como el cuidado de la “res-publica”: primera obligación de todo gobierno. En definitiva: que uno pueda disponer libremente de los bienes que posee y gana (propiedad privada); que se reconozca a todos el derecho a disponer de bienes materiales, por tanto, que esté permitido el libre comercio (es tanto como reconocer, a este nivel, que todos son personas).

2. Existencia de condiciones para el pensar, para buscar la verdad. Es decir, que cada quien  pueda expresar y buscar: que haya “libertad de expresión” y “libertad religiosa”; esto es, poder vivir conforme a las propias convicciones (y poder expresarlas) y buscar entre las convicciones ajenas.

De estas dos vertientes de la libertad social la segunda es la permanentemente amenazada. En efecto, al fin y al cabo, la corrupción -que es como se sustancia la ausencia de libertad en cuanto a las condiciones materiales- puede sobrellevarse sin pérdida de la libertad interior -que es el plano libre por antonomasia-; sin embargo, la imposibilidad de pensar, de vivir según el propio pensar, ahoga ese último y trascendental espacio de libertad.

Lo malo es que, para sostener un estado corrupto se necesitan mentes dormidas: hay que cerrar las mentes, cerrar las bocas… para llenarse los bolsillos… COSAS DE LA POLÍTICA DEMOCRÁTICA.