Entre “maestro” y “ministro”…

Como sabéis me encanta mirar la “generalogía de las palabras”, lo que suele llamarse “etimología”. Siempre he pensado que conocer esa dimensión de la lengua te hace, no sólo saber más y mejor, sino disfrutar con el uso del lenguaje.

Leo a Carlos Segade en el Club del Lector un texto “agudo”, a mi juicio. A los que aún no se han aficionado a la búsqueda de la etimología de las palabras, espero que este texto les anime. De camino, hago con él un guiño a mis queridos maestros y futuros maestros, esperando que alguno llegue a ser ministro -y arregle un poco las cosas-.

<<Desgraciadamente la evolución de las palabras a veces nos juega malas pasadas. La palabra “maestro” tiene un noble antepasado etimológico: “magister”. A su vez esta palabra es un derivado de “magis” como adverbio y “magnus” como adjetivo. O sea, “grande”, “más”. El maestro era el que sabía más y por ello era digno del mayor respeto; se convertía así en autoridad. Esa autoridad no tenía por qué reflejar una recompensa dineraria directa, pero su posición social, relevancia e influencia en el mundo clásico y hasta hace bien poco tiempo era algo evidente.

El contrario de “magis” es “minus” o “minor”, que como se puede deducir se traduciría por “menos”. El que es menos es el servidor de todos, es el que se rebaja para el bien de la comunidad a la que sirve. Ese es el “minister”, de donde deriva la tan poco reputada palabra “ministro”.>>

¿A que tiene gracia?

(Os animo a seguir leyéndolo…)

7 comments ↓

#1 kikoprieto on 10.08.08 at 1:13 pm

Que gracia, eso mismo me dijo el “maestro” que me fué asignado durante mi periodo de prácticas del pasado curso.
El “magiter” se ocupa ahora de las cosas pequeñas (de los niños pequeños) y el “minister” se ocupa de las cosas grandes, de resolver el problema económico o de convencer a la población. Como cambia la vida, ¿no?.

Nos veremos

#2 Consuelo Martínez-Priego on 10.08.08 at 1:16 pm

Hola, Kiko,
Una apreciación: el maestro se ocupa de cosas importantes (los niños), que son tenidas por “menores” en la sociedad en la que vivimos… Pero el fondo es que los niños, ya sean nacidos o no… ¡¡qué mal vistos están!! Eso no es sólo paradoja o cambio, eso es “horror” ¿no crees?

#3 kikoprieto on 10.08.08 at 1:21 pm

Es cierto, el ser niño o tener que estar con ellos, está mal visto, en la medida en que para ocuparse de ellos parece que en realidad hay que “preocuparse”, ya que es fácil que se identifique niño= problemas= gastos= menos tiempo=ahorro= complicación… y todo esto es en realidad lo más real de la vida, pero en su sitio.

#4 Consuelo Martínez-Priego on 10.08.08 at 4:29 pm

Me encantaría que hiciéramos un pequeño sondeo:
Preguntar a estudiantes de derecho, medicina, ingeniería, económicas, etc.
1. ¿Es importante la profesión de “maestro”?
2. ¿Es más importante que tu profesión?
3. ¿Qué considera la sociedad que es más importante? O lo que es igual ¿Qué profesión tiene más reconocimiento social?

Y observar si son coherentes las respuestas.

Aventuro que todos tienen por muy importante el magisterio, y la sociedad por poco importante. Pero, ¿cómo es posible que si todos individualmente lo consideran de un modo, “todos en conjunto” lo consideren de modo diverso? Paradojas de la hipocresía….

#5 Fausto on 10.17.08 at 4:10 pm

Hola gentes…

Me gustaría ser polémico. No es cierto que la enseñanza este infravalorada… las palabras catedrático o emérito, hinchan aún los pulmones de quienes las pronuncian… sólo se desestima la “instrucción” primaria y media.

El problema de este descrédito tiene raíces más profundas que la hipocresía… La más dolorosa, tal vez se encuentre estrechamente relacionada con los propios maestros… ¿Son conscientes realmente de la misión que tienen encomendada?

Yo os propongo otro sondeo… preguntemos a nuestros compañeros de facultad por qué decidieron estudiar magisterio… desgraciadamente, la respuesta no siempre vendrá acompañada de valores tan magnánimos como les atribuíamos… Vale, seamos pragmáticos, mientras cumplan tan alta misión ¿Qué importa el motivo por el que se haga…?

Pero, para desasosiego de todos, me gustaría volver a citar a nuestro amigo Segade “maestro era el que sabía más y por ello era digno del mayor respeto”. ¿Con cuanta preparación llegan nuestros maestros a las aulas? Quisiera ahora compartir un comentario de un amigo mío que aquejaba el estudio de ciertas disciplinas aparentemente innecesarias para su futuro:“Para dar clases de conocimiento del medio, no es necesario estudiar biología”.

Por desgracia, a esa misma conclusión han llegado otros antes… y con algo más de autoridad e influencia. Hoy “Magisterio” es una de los planes de estudio más breves y la profundidad de sus materias es, en muchos lugares, bastante superficial. Nuevamente nos encontramos con un pragmatismo cancerígeno de fondo… hemos hecho de la enseñanza, instrucción… No necesitan más para impartir clase.

Pero si fuéramos consecuentes con nuestros primeros postulados, magisterio debería ser, no digo la más larga… pero sí, al menos, uno de los estudios más concienzudos… El estudio de la biología nos puede ser útil para enseñar conocimiento del medio… y no sólo la biología sino también la historia, y la ética, y comunicación y matemáticas… todo para enseñar conocimiento del medio. Pues no sólo enseñamos aquello que los niños memorizan… ni las normas sociales o la educación más elemental… indirectamente les enseñamos quienes son (antropología) y como funcionan (biología-psicología) y como han llegado ser lo que son (historia-teología) y cómo crecerán en lo que son…

Vemos que sí importa que el maestro sepa la misión que tiene entre manos, pues a de suplir, con su propio esfuerzo, las carencias de un plan de estudios que no favorece el desarrollo eficaz de su vocación…

Me gustaría citar, si me permitís el atrevimiento, a un religioso santo. No lo cito por su valor teológico, sino por sus aportaciones humanas. Es el patrón de todas las escuelas populares cristianas, san José de Calasanz. En pleno siglo XVII, adelantándose doscientos años a las escuelas públicas, se dio cuenta de la importancia de la educación en la infancia… y estableció un sistema de enseñanza gratuita que superaba con creces la instrucción de la aristocracia del momento… Hasta tal punto tuvo éxito, que muchos pudientes llevaron a sus hijos a estas escuelas gratuitas… aún a riesgo, de que sus hijos se sentasen en el mismo banco que un desamparado.

Bien, uno de los puntos centrales de su sistema educativo, era la instrucción de sus profesores. Se les exigía más que a los alumnos, conocer los más eficaces sistemas pedagógicos y todas las materias en profundidad (no sólo enseñaban latín y gramática, fueron también pioneros en física y en matemáticas, si en pleno siglo XVII). Los profesores rotaban constantemente de unos colegios a otros para facilitar el aprendizaje de los últimos sistemas y conocimientos. Había un verdadero caudal de libros que pasaban de unas escuelas a otras. Cierto es que la necesidad convertía esta medida en exigencia. El niño pobre apenas tenía tiempo para estudiar (tenía que ayudar en casa) y había que enseñarle en el menor tiempo posible. Entonces el conocimiento era bien escaso.

El segundo gran acierto de su sistema docente, era precisamente hacer de la instrucción, educación. Cito textualmente “para ser eficaz debe darse en la más tierna infancia y ser integral”. Con integral, nuestro santo se refería a la formación en “piedad y las letras”. La piedad, (ética para los que no comparten sus creencias) favorecía “sorprendentemente” el desarrollo de la persona… algo que no nos debe extrañar… formar como personas a las personas y no como DVD`s de ceros y unos, favorece su desarrollo, “sorprendente”.

Para concluir (sí, ya termino…), un ejemplo de vida cotidiana… si a un licenciado en literatura, que comparte silla y vocación con el maestro, se le llama maestro… parece que se defiende… <> Debe hacernos reflexionar… tal vez la gente no sea tan hipócrita… tal vez también la preparación y la conciencia del maestro-medio de su propia vocación no sea la adecuada…

¿Qué pasa cuando un maestro está realmente preparado (no hablo de conocimientos puros sino también mediales y pedagógicos… )? Que varía esa concepción, no social, sino personal… Cuando a alguien le preguntas sobre los valores de la enseñanza, lo asocia NO a un mal maestro… si no a aquel otro que le inspiró y al que admiró… o bien, piensa en el ideal “maestro”. Es por ese motivo que individualmente valoremos la enseñanza…

Pero la sociedad no extiende su valoración del maestro a individuos profesionalmente buenos, sino por extensión… ¿y cuánto puede valorarse a un hombre que no debe estudiar más que sus alumnos (sólo requiere los conocimientos que ellos necesitan), que está al alcance de cualquiera y que no requiere capacidades especiales? Poca, a menos que nosotros profesionales seamos capaces de subir el nivel de la enseñanza. Crecerá la valoración de los maestros cuando se les exija y se exijan ellos mismos conforme a la vocación que tienen. La instrucción está al alcance de cualquiera, la educación no.

Saber el importante papel que los docentes tienen entre manos no nos ha de llevar a inflarnos como un globo… ni a quejarnos del descrédito que sufrimos… sino a ser conscientes de esa responsabilidad, como un deber que exige mucho de nosotros mismos.

y perdonarme si me he emocionado en exceso…

#6 Fausto on 10.17.08 at 6:32 pm

Rectificar es de sabios. Mi novia acaba de leer el comentario y me a puesto a parir, lo peor es que tiene razón.
He sido poco riguroso e injusto a la hora de extender mi comentario a la mayor de los mortales. Por supuesto hay gente que se supera continuamente en la enseñanza. Precisamente quería aplaudirles a ellos.
Tal vez de modo maquiavélico quise advertir que la profesión exige una exigencia personal especial y una formación continua del docente por encima de lo establecido…Tantas otras profesiones con menos eco social se les exigen un estudio humanístico mas profundo.
Cierto desprestigio de la profesión viene unido a la levedad de los estudios y de ahí el riesgo de estancarse en lo aprendido.
Pido disculpas por no haberme medido antes.

#7 Consuelo Martínez-Priego on 10.18.08 at 12:21 am

hola Faus! ¡qué alegría verte por aquí!

Pues… comparto en gran medida tu primer comentario: si algo me preocupa es que enseñemos a los maestros “lo que han de enseñar… y nada más”. Bajo el perverso pragmatismo que lleva a decir “eso no les sirve para nada” se recortan inteligencias… y personas.

Entiendo que la formación del maestro debiera ser como la del médico, el ingeniero y, por supuesto, muy superior a la del abogado. Entiendo que el potencial del maestro es TAN a largo plazo que exige una tremenda profundización. Entiendo, además, que si no se sabe por qué se hace tal o cual cosa; por seguir este o aquel método… se hace peor. La mera repetición de estrategias es más pobre que el conocimiento de la razón de ser de las mismas y su aplicación libre, ajustada a la realidad.

Si, por favor, se un poco maquiavélico… autocomplacencia nos sobra… a pesar de la baja autoestima…

Gracias

…y Fátima puede escribir también ;)

Leave a Comment