Recojo aquí un guante lanzado.
La palabra “empeñarse” es una forma enclítica del verbo “empeñar”, próxima al término “empeño”, procedente del latín “in pignus” -en prenda de-. Es decir, “dejar algo en prenda para asegurar un pago y por tanto obligarse”.
Ya se ve que, cuando alguien “se empeña”, él mismo se obliga y, tal vez, él mismo sea la prenda que asegura el cumplimiento de una obligación (ob-ligare: ligado, unido a algo, hacia algo). Empeñarse es un modo de implicarse en la consecución de un objetivo tal que no cabe algo mayor: ¿hay algo más que podamos dar en prenda que nuestro propio ser en orden al actuar?

Pues bien, en un empresa, en un emprendimiento, lo propio es empeñarse, puesto que el sujeto que realiza la acción es quien se implica. No hay empresa sin empeño; no hay empresa sin ligazón con el fin que da sentido y realidad a la empresa, sin obligación.
Emprender, empeñarse y obligarse.
De estos tres términos el primero de ellos tiene buena prensa; el segundo algo peor -puede sonar a voluntarismo-. En cuanto al tercero… ¡¡qué mal visto está!! Y sin embargo, al margen de la obligación hay autismo, aislamiento. Habrá que recuperar la palabra “obligación” en cuanto es próxima a la “re-ligación” -que tanto gustaba a Zubiri-.
Sólo era una pincelada… por el gusto de responder a las preguntas -un vicio como otro cualquiera que me aqueja-.










0 comments ↓
There are no comments yet...Kick things off by filling out the form below.
Leave a Comment