El tiempo y los tiempos

Las coordenadas sobre las que se desarrolla la vida humana son el tiempo y el espacio, sin embargo, el tiempo es, sin duda, el eje fundamental. Perder unos centímetros, si somos sensatos, es menos relevante que perder unos días. Ahora bien, el tiempo no es algo unívoco, ni en su “predicación” ni en su ser mismo. Me explico:

1. Hay un tiempo que podemos llamar cósmico y que arranca con el big-bang. Ese tiempo posee el ritmo propio de la materia inerte. Es el tiempo, en cierta medida, isocrónico, lineal; cuya sustancia, siguiendo la expresión aristotélica, es se “número del movimiento”, pero el movimiento medido es la “persistencia en el ser”.

2. El tiempo biológico tiene como sujero lo vivo y su persistencia es diversa, puesto que, tendiendo a crecer, se repite en los diversos individuos de la especie. El tiempo biológico es, como los ecosistemas, algo circular: tras una elevación viene una caída y el nuevo inicio en otro individuo. El tiempo biológico “cuenta el número del movimiento biológico: nacer y morir para volver a nacer”.

3. El tiempo biográfico: el que habitualmente nos preocupa. Participando de los anteriores los supera, puesto que implica el proceso de crecimiento irrestricto del ser personal y su percepción psicológica. El crecimiento, que algunos pueden considerar análogo al biológico, es de rango diverso, puesto que no está sujeto completamente a las leyes naturales, toda vez que la inteligencia y la voluntad son facultades no orgánicas cuyo crecimiento se cifra en “hábitos” y éstos no son materiales. Además, el término de la vida biográfica es la muerte, pero no como algo que pueda ser continuado por otro. Cada vida es única. Por lo demás, el tiempo psicológico -la conciencia sobre la temporalidad de la propia biografía- da muestras sobradas de “peculiaridad”. En él no hay isocronía. REALMENTE, el tiempo es número de movimiento, pero lo que está siendo contado es la “acción” y ésta ocurre de muy diversos modos. Es más, aquella acción que es “omisión” también es medida, adquiriendo tamaños inauditos. Calibrar mejor qué sea este tiempo requiere una profunda reflexión sobre la muerte. Baste por ahora señalar que la muerte de un hombre dista años luz de la muerte de cualquier otro ser vivo, ya sea considerada desde fuera -por una persona distinta a la que está en trance de morir-, ya por el mismo sujeto.

4. El conjunto de avatares que configuran las diversas biografías genera una realidad cuyo sujeto es difícil de precisar, pero que “ocurre en el tiempo”. Me refiero al tiempo histórico. Dónde existe, quién es su sujeto, cuál es la lógica que lo hace “narrable”, etc. etc. Todo esto entra de lleno en algo que considero casi misterioso. Una cuestión es obvia: si es narrable es porque posee un cierto sujeto y una cierta lógica, que guarda relación con hombres particulares y lógicas particuales, pero que no se identifica con ellas. Ninguno de los actores “sabe” que está siendo protagonista de “otra historia” distinta a la propia biografía; para ser más precisos: nadie conoce el lugar en ocupa en esa otra narración de la que forma parte. Nadie sabe realmente qué está haciendo y cómo, en orden a la configuración de la historia total. Nadie puede ser consciente del resultado de la confluencia de tantas biografías. Todos saben que ese resultado excede la lógica de cada una y no es fruto de la mera adición de particularidades. Es Otro quien puede saberlo.

Ante la Historia sólo dos actitudes son posibles: la desesperación ligada a la conciencia de estar en un fluir azaroso, o la esperanza ante la presencia de un Sujeto que sí sabe, que custodia y participa en el sentido último de los nimios acontecimientos. Providencia y Ateismo: esa es la disyuntiva a la que la Historia obliga a mirar.

4 comments ↓

#1 Valentín Pedrosa Rivas on 11.24.08 at 10:58 am

Someto a tu consideración mi muy heterodoxa y particular apreciación del problema.
El tiempo cósmico es 1, el biológico es 2 y el histórico es 3.
El uno es lineal, ilusorio, muerto e inhumano y, por lo tanto, inexistente
El dos es un número redondo, yin y yang, mundo circular, ausencia de principio y de fin.
El histórico es tres: Dios encarnado que penetra en la historia y la renueva y la cambia.
Cada cual elige el número en el cual quiere moverse. O no lo elige y llevando los tres en el bolsillo cambia según la transcendencia que a la realidad quiera darle.

#2 Consuelo Martínez-Priego on 11.24.08 at 3:57 pm

Pues… me parece una “preciosa” explicación.

Mi maestro, Leonardo Polo, explica que el cosmos tiene un acto de ser diverso al ser personal y a Dios mismo. Al primero llama “persistencia” y al segúndo “además”. Pues bien, la persistencia es el “rechazo” o “salida” del no ser, el principio de no contradicción mismo: ser y seguir siendo. Así, al no distinguir -a nivel de acto de ser- el cambio propio del cosmos y el de lo biológico, creo que situaría todo en el 1.

Sin embargo, cuando he querido comprender algo más el tiempo cósmico, la representación inmediata que viene a mi mente es el “ritmo”, de suerte que la manifestación numérica sería el dos. La pluralidad -lo propio del mundo finito- es el dos.

Como ves, tanto por un camino como por otro lo diverso al tiempo humano está entre el 1 y el 2… y tu explicación me parece más ajustada, más… redonda -y con el la Encarnación me has dejado impactada-. Por tanto, y mientras nadie me argumente algo mejor… la asumiré (citando fuente, claro) ;)

Muchísimas gracias

#3 Nelson Diaz on 11.24.08 at 10:05 pm

Muy interesante y “nutritivo” tu blog mi buen amigo. Felicitaciones, y desde Venezuela mis mejores deseos de Exito y Prosperidad en tus proyectos.

#4 Consuelo Martínez-Priego on 11.30.08 at 1:58 pm

Gracias, Nelson. Intentaremos seguir trabajando con la libertad que permite este medio. Un cordial saludo

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