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La “paradoja epistémica”

Sigo con la cuestión planteada en el post relativo a la verdad histórica, y sin ánimo de ser relativista. En efecto, decir que la “verdad absoluta” no la tiene nadie no implica negar la verdad: algo puede ser “absolutamente verdadero” pero no ser la “verdad absoluta”.

Pues bien, copio unas palabras de Rof Carballo en su artículo “La paradoja epistémica y el futuro de la medicina psicosomática” (Anthropos, 1993, 128)

“… en los más diferentes dominios de la ciencia la forma de plantear nuestros experimentos y nuestras preguntas influye de manera decisiva en la realidad que observamos”.

Obvio.

La verdad de la historia

La verdad histórica existe, puesto que hay algo necesario -el pasado- que puede ser conocido. Ahora bien, el nivel de certeza alcanzable es relativo por diversos motivos:

1. Se conoce a partir de datos, algo así como efectos de las acciones mismas: datos e historia no son sinónimos.

2. La historia no es la mera amalgama de datos, sino algo más.

3. La historia no es la mera amalgama de biografías, sino algo más.

4. La historia no es la mera conciencia subjetiva de alguno de sus protagonistas, sino algo más.

5. La historia posee cierta racionalidad, pues es cognoscible, pero es una racionalidad especial.

Ahora bien:

1. Sin duda la historia significa hechos, cognoscibles a través de datos.

2. La historia significa razones de los hechos, cognoscibles a través de datos y del conocimiento de uno de los motores de la historia: la acción humana.

Cada día veo más claro que las lagunas son muchas y también que el marco conceptual desde el que se narra la historia supone todo un tamiz gracias al cual se decantan los datos. Es decir, de todos los elementos que han aparecido en la relación precedente, la comprensión de la naturaleza humana no es algo histórico, sino suprahistórico, y, sin embargo, clave para la comprensión de la realidad histórica. Es decir, para hacer historia se requiere una cierta idea del hombre mismo, previa ciertamente, aunque luego venga a quedar ilustrada por la historia misma: pero es previa, insisto.

Por otro lado, es ingenuo pensar que los datos poseen todos la misma relevancia, el mismo peso en orden a configurar una narración. Pues bien, la fisinomía de los datos procede de un marco externo a la historia. La pregunta no es historia, sino suprahistoria, por lo que el inicio de la narración y el criterio mismo de decantamiento es suprahistórico.

¿Y qué decir de ese enigma según el cual la historia, teniendo lógica supra-personal no posee sujeto supra-personal? Misterio. La historia puede narranse sin nombres propios y ser razonable, aunque nunca acaece sin nombres propios… misterios.

Algo más sobre los números

Hace unas semanas os dejé un “macro-reloj” en un post titulado “el mundo en números”. Este es un vídeo que recomendaba Fátima en el comentario. Tiene gracia el guiño a la masonería que hace Donald por medio de los pitagóricos… Pero a pesar de eso, merece la pena

 

El mundo en números

Tiendo a contar las horas que estudio, las palabras que escribo cada hora, los folios que leo. etc. etc. etc.  Y he encontrado esto…. obviamente me he quedado embobada mirándolo…


Poodwaddle.com

¿Que los sentidos engañan? No exageremos

La afirmación cartesiana junto al relativismo en su dimensión cognitiva, hacen acto de presencia constante en conversaciones más o menos informales y, por supuesto, en otras de carácter más científico: en el aula.

Y cada año he de abordar la cuestión; si bien es cierto que a estas alturas, y al no disponer del tiempo necesario para desarrollar una crítica completa, tiendo a resumir la respuesta en algunos breves argumentos.

Intentaré, con cierto orden, condensarlos en este post. Tienen, como tantos argumentos, una dimensión estrictamente lógico-deductiva, otra de precisión terminológica -buscar analogías propias, impropias y términos unívocos- y una última que busca la aproximación mediante ejemplos -esto es, auténticas analogías en ocasiones casi exclusivamente impropias-. De todos estos recursos, los ejemplos son lo más convincente a primera vista, pero también lo menos sólido. Habrá que tener cierto arte para añadir la cantidad precisa de cada ingrediente y que el conjunto no pierda el buen gusto.

1. Conviene distinguir:Ilusión Óptica

  • el conocimiento propio de los sentidos externos (ver, oír, tocar, etc.),
  • el de los sentidos internos (la imaginación, por ejemplo, es capaz de re-presentar los objetos “sentidos” en ausencia de la realidad e incluso de completar lo que no está apareciendo: al ver una silla por delante, nos “re-presentamos” la silla completa, con cuatro patas),
  • el de la inteligencia, que permite hacer juicios cuyo núcleo es la afirmación o negación, es decir, la dimensión asertiva y por tanto la pretensión de verdad.

Pues bien, si al mirar algo lejano “lo visto” aparece pequeño, el ojo ve adecuadamente -no hay más que caer en la cuenta de cómo funciona la perspectiva…-; el problema es afirmar “ese hombre ES pequeñísimo”. Es correcto decir que “a ese hombre LO VEO pequeñísimo”, porque es verdad; pero la segunda afirmación no procede de un engaño de los sentidos, sino de una falta total de conocimiento mínimo sobre cuestiones tan simples como las reglas de la perspectiva. 

Los sentidos nos engañarían si VIÉSEMOS a alguien a 50 metros con un tamaño de 1,70 (eso sería un gigante al aproximarse… en fin, todo un susto esa “falta de engaño”).

¿Se imaginan ustedes que no viésemos que el palo, al meterse en el agua, parece roto? ¿No sería absurdo que, al mirarnos los pies en una piscina nos asustásemos como si, de repente, fuésemos enanitos?

2. La condición de posibilidad de la sentencia “los sentidos nos engañan” es

  • que seamos conscientes de la diferencia entre acierto y error, engaño y no-engaño;
  • y no sólo eso, sino que dispongamos de un criterio para ello.

Por tanto, la condición de posibilidad de la sentencia antes señalada es que los sentidos no nos engañen siempre, y que tengamos posibilidad de saberlo.

Si todo conocimiento sensible fuese engañoso no podríamos afirmar que nos engaña, estaríamos permanentemente dentro de la red o del muro. El único modo de afirmar que estamos dentro de un corral -y por tanto que existe un mundo más allá- es haber subido al muro y haber mirado a los dos lados -o al menos que alguien te lo haya contado-.

MonedasEs decir, decimos que existen monedas falsas porque las hay verdaderas y podemos distinguirlas. Si todas las monedas fueran falsas, esas serían la moneda oficial. Si las monedas falsas no se distinguiesen de las verdaderas, no serían falsas (es decir, serían auténticas pero emitidas sin conocimiento suficiente del emisor legítimo, pero no falsas).

Y todo esto es relevante porque la cuestión de la verdad y la falsedad no es baladí. Cada semana tendré que introducirme más en ella por “exigencias del guión”, es decir, porque los diálogos irán discurriendo por ahí.

Al final, todas las conversaciones derivan hacia dos puntos clave: la distinción entre verdadero y falso y la distinción entre bueno y malo. Todo lo demás, una vez pasada la barrera de los prejuicios temáticos, cede ante este inmenso reto.

Leyendo a Viktor Frankl (y buscando sentido)

Como cada año echo un vistazo a “El hombre en busca de sentido”. Me gusta tenerlo fresco cuando voy a verlo con los alumnos. En esta ocación, mientras leía he vuelto a asombrarme, y he tomado unas notas. Las dejo aquí.

1. La existencia desnuda: sin pertenencias, sin ropa, sin nombre…

2. La dificultad para aceptar la verdad: aunque había algo verdadero.

3. Impasibles, con emociones embotadas; incapaces de sentir horror, asco…

4. El dolor de un latigazo y el dolor de un insulto; la dureza de la materia y la otra dureza.

5. ¡Qué importante es el cuerpo y sin embargo no lo es todo! El hambre, sus efectos corporales y psicológicos. El hambre y el deseo de superar la situación infrahumana de sólo pensar en comida.

6. ¿Y qué decir del contenido de la meta última del hombre, cuando todo se ha perdido? Habrá que recordar la palabra “contemplación”, tan mal comprendida en nuestro tiempo.

7. La sorprendente articulación entre insensibilidad y deleite en la belleza. Pero no se daba en todos.

8. Resolver el problema de la supervivencia: no es mera adaptación biológica. Aprender el arte de vivir.

9. Y los espacios de libertad,…

…y otras muchas cosas podrían comentarse.

Dificultades ante la novedad

Jamás pensé que tuviese dificultad para escribir. Puesto que son ya varios los días que llevo sin hacer acto de presencia en esta sitio, intentaré poner de manifiesto la situación objetiva.

1. Es complejo mantener la cabeza en más de un hilo discursivo simultáneamente. Así, el inicio de una nueva asignatura suele centrar toda mi atención, especialmente, en los momentos “vacíos” -de camino al trabajo, mientras hago alguna tarea manua..-

2. Cuando el hilo discursivo desea plasmarse en palabras, en blog, la situación se hace aún más compleja, puesto que la atención no sólo se centra en una temática, sino también en unas palabras: se piensa con palabras de modo mucho más explícito.

3. Intentar mantener tres blogs durante estos tres meses va a ser una tarea compleja, especialmente si se convierte en tarea solitatia: dialogar es más fácil que sólo proponer.

No son excusas, sino la discripción de las limitaciones psicológicas -esto es, de operatividad de las diversas facultades cognitivas-.

Cuenta Wolf que Tomás de Aquino, durante algunos períodos de su vida, si no recuerdo mal en aquellos en los que enseñaba en París, dictaba varios libros a la vez: tenía 3 o 4 amanuenses a los que iba dictando los “nada fáciles” argumentos, correspondientes a otros tantos castillos argumentales.

Ahora tenemos ordenadores, pero  no escribimos más ni mejor… la genialidad está en un sitio que no se parece “en nada” a la tecnología -no he querido decir técnica para evitar equívocos, lógicamente-.

Libertad real y percepción psicológica

Venía pensando estos días en eso que llamamos “libertad”. Tal vez sea que, en la vida de cada uno de nosotros ocupa un lugar francamente destacado. “Vida” y “mi vida” o se identifican, o no es tal. Hace años decía “¿vives tu vida o te la viven?” Aludiendo así a la capacidad de tomar decisiones frene al impulso de la moda, los estados de ánimos o las “sensaciones más profundas” (creo que el dolor de muelas y el hambre son sensaciones francamente profundas).

Ahora he de decir más.

La primera manifestación psicológica de la libertad, la propia de la infancia, es aquella en la que el niño “siente” -en el mejor sentido del término- que el viernes puede, en el colegio, elegir hacer un puzzle o colorear un dibujo. Realmente, la conciencia de libertad se hace increíblemente intensa. Más no ha de dársele -estoy exagerando- porque lo ilimitado le paraliza, no sabe qué hacer.

En la adolescencia, la libertad tiene, psicológicamente, el añadido del contenido. Puedo hacer esto, aquello o… cualquier otra cosa. La palabra “yo” es la clave. Soy YO, quien, con sensación de autonomía, de independencia, hago lo que considero oportuno. Obviamente esta última parte es explícita en el mejor de los casos. No es tanto “lo que considero oportuno prudencialmente”, cuanto “lo que quiero”. Ahora bien, la sensación de indeterminación frente al sujeto aumenta, por lo que la conciencia de independencia objetiva también lo hace. El tiempo y el espacio los ordeno yo. La independencia respecto al origen que configuraba el mundo de sus posibilidades aumenta, correlativamente aumenta la sensación de libertad. En este momento psicológico, la desvinculación es sustancial; la vinculación no puede ser, aún, atendida.

Ahora bien, la sustancia misma de la libertad toca a la sustancia misma del ser personal. Es decir, allí donde la libertad no afirma, el ser personal queda inédito. Y, por otra parte, quedar inédito en este campo es no ser y, al final, no cumplir la inmensidad de plenitud que cada uno es. La propia verdad quedaría oculta por falta de amplitud en la afirmación que la libertad puede llegar a asumir.

Digo permanentemente libertad y afirmación. Toda negación implica una situación de miedo respecto al mundo circundante, lo que es impropio del ser personal -quien ha de dominar la creación-; inadecuado para un ser que es, originariamente hijo, no esclavo; es decir, no inane sino lleno de posibilidad y potencia -que es más importante, claro-. Lo más que puede abarcar la libertad es la plenitud del propio ser, de la propia verdad. Interesante será, por tanto, acertar en esto de “la propia verdad”.

¿Cuál es la verdad más profunda, la afirmación más intensa, la determinación más personal? Sin duda algo que tiene la estructura metafísica (antropológico-trascendental) de nuestra originaria verdad “soy hijo”. Soy un ser querido con totalidad y exclusividad desde el origen. Mi verdad más radical consiste, precisamente, en la afirmación -aceptación radical- de esta verdad originaria. ¿Puede haber vínculo mayor? ¿Puede haber afirmación  más amplia, grande, total, imponente, acompañada, amorosa?

¿Y después? Es evidente que el camino de la propia verdad circula por el camino de la vinculación, superando ya las limitaciones de la percepción adolescente -que necesita “sentirse independiente” y por tanto sentir algo menor a la propia realidad antropológica-. Totalidad y exclusividad. Todo el tiempo y todo el espacio.

Sólo quien sabe, quien puede, quien aprende la vinculación total y exclusiva; quien supera los límites de la percepción psicológica de la desvinculación,  anda por lo más grande, más libre, más verdadero de sí mismo: está llegando a los últimos linderos de la propia existencia. Puede quedar inédito, cierto. La plenitud de cada persona no está asegurada, es un riesgo tan intenso como la vida misma.

Pero ¿qué es eso? Hay que aprender a vivir, a querer, a existir como un padre y una madre. Los otros, el otro concreto, es hijo, no meramente un igual y mucho menos papás que han de mimarme, atenderme o someterse a mi chantaje emocional… Entiendo que la madurez psicológica a la que me refiero es distinta a la procreación -cuantos padres infantiles, adolescentes, cuanto Peter Pan anda suelto…-. ¿Qué independencia espacial o temporal tiene un padre o una madre? y sin embargo, es signo evidente de crecimiento, de solidez y amplitud poder asumir el existir, el subsistir, el madurar de otra persona: el hijo.

Aquí lo dejo. Seguro que esto permite muchos, muchos comentarios.

Me quedo con un “requiebro teológico” que me impresiona cada vez que lo miro… pero será para otra ocasión.  

PD: como siempre, Leonardo Polo es una fuente inagotable de ideas; también Karol Wojtila en este caso, junto a una importante expresión de Millán-Puelles: la libre afirmación de nuestro ser (es el título de uno de sus libros). Otro día pondré los links.