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August 27th, 2008 — Antropología, Clase
Hace unos meses escribí dos post sobre “los modos de querer”. En el primero explicaba qué significa que querer sea “desear” y “decidir”; en el segundo hablamos de “dominar”, “crear” y “amar”. Cada uno de esos modos de querer convienen a la relación interpersonal. Sin embargo, el “amor” lo hace especialmente puesto que no se refiere al yo, sino al tú de modo preeminente.
En el deseo es posible quedar prendado del objeto de deseo en cuanto puede ser poseído por mi, de suerte que puede ser tenido al otro como medio. La decisión mira al propio yo puesto que éste se implica. El dominio hace también referencia al que quiere más que a lo querido, al igual que la creación. Sin embargo, en el AMAR todo es afirmación del otro.
Entre todos los amores hay uno que se refiere a la totalidad del otro y lo hace con la totalidad del propio ser. Cuando decimos totalidad nos referimos al espacio y al tiempo, a toda la existencia. Totalidad y exclusividad con capacidad inherente de crecimiento en el ámbito más profundo: la persona. Es decir, totalidad y exclusividad en la afirmación del otro y de mi propia existencia en esa afirmación, de suerte que ambos podamos seguir creciendo del modo más alto posible: el amor a una persona nueva, el hijo.
Bien, así las cosas, parece que, entre los modos de querer el “amor” es el más alto y, entre los amores, el conyugal es, a su vez, el más alto -si no hacemos referencia a la relación interpersonal posible entre el Creador y la criatura, en la que también es posible totalidad y exclusividad-.
August 24th, 2008 — Clase, Metafísica
“Para el viviente, ser es vivir”, en palabras del Estagirita.
Tendríamos que discurrir desde los más evidente a lo menos evidente. Así las cosas, podemos decir qué sea el ser vivo señalando qué rasgos tiene respecto a su opuesto, el ser inerte. Visto así, desde el ser inerte, el vivo posee unas características que, por referirse a su modo de ser, y no a acciones -operaciones- concretas, han de llamarse características metafísicas.
Las características metafísicas del ser vivo por antonomasia son: la automoción, la inmanencia y la heterogenedidad-organicidad. Es decir, los seres vivos se mueven por sí mismos; su obrar no es una actividad puramente transeúnte, sino que deja huella en el ser vivo, y su cuerpo es especial: está formado por partes diversas pero en perfecta relación, no se trata de partes iguales yuxtapuestas.
La pregunta que surge de inmediato es: cómo es posible que un ente posea tales características. Es decir, qué principios lo constituyen; qué principios, de los que depende el ser y el modo de ser, tiene. Y recordemos que un “principio con depedencia en el ser” es una “causa“. Pues bien, hacerse cargo de qué sea un ser vivo es ver sus características metafísicas y ser capaz de dar una explicación causal de ese modo de ser.
El ser vivo posee
“partes fuera de partes” -materia
“principio ordenador”-forma
“principio de operaciones”-eficiencia
“sentido de las operaciones”-fin
Baste por ahora este brevísima explicación. Hacerse cargo de qué signifique cada una de estas causas -tetracausalidad-, es harina de otro costal.
June 22nd, 2008 — Antropología, Clase
He aquí otra pregunta común. Puesto que la respondí con detalle en Antropología y Educación, al hablar del Caso Genie entre otros muchos lugares, señalo aquí, telegráficamente, algunas de las ideas centrales tratadas a lo largo de este tiempo:
1. Definamos:
- Operación: cada uno de los actos de las facultades.
- Facultad : capacidad operativa.
- Órgano: la disposición orgánica necesaria para realizar operaciones.
2. Lo más llamativo es que, mientras que la facultad se predica de todos los individuos que pertenecen a una especie, y por tanto, es un poder necesario permanente en el tiempo, las operaciones son, de suyo, discontinuas. Obviamente han de ser realidades diversas.
3. La segunda cuestión llamativa es que mientras la pertenencia a una especie no admite grados -o se es o no se es-, las disposiciones orgánicas son falibles y en absoluto estables o necesarias. La evidencia es excesiva como para detenerme más en ello.
4. La dificultad está, en ocasiones en la mismas palabras. Si conseguimos usar el término “facultad” como lo que es -el sobrante formal, o la causa formal del ser vivo que no se agota en configurar a la materia y “puede” hacer más cosas…. en este caso operaciones-. Simple… pero no tan fácil de ver.
5. Así, perder un órgano no es perder la facultad en sentido propio, sino sólo que no se pueden “de hecho”, realizar operaciones. La “potencia activa” -otro nombre que puede aplicarse a la facultad- no puede realizar actos.
No me detengo más, por ahora.
June 17th, 2008 — Antropología, Edu "reflexión", Preguntas
El motivo de esta cuestión es análogo al de los post precedentes: son preguntas que suelo hacer y, por tanto, que me suelo hacer. Cierto que fueron abordadas en, al menos tres lugares de “antropología y educación”, pero merece la pena volver sobre ellos. También, como en ocasiones anteriores, responderé casi telegráficamente, tal y como vienen las ideas a la cabeza:
1. El hombre posee todas las características propias de los seres vivos en general: automoción, inmanencia, organicidad, heterogeneidad, crecimiento armónico. Educativamente las implicaciones son infinitas. Tal vez lo más llamativo sea lo referente al crecimiento. Vivir es crecer, y éste es fruto de la automoción y la inmanencia. El protagonismo es, por tanto, del alumno.
2. Podemos realizar del hombre, como del resto de los seres vivos, un análisis causal. Esto nos ayudará a comprender “cuan humano es el cuerpo humano”. Desde esta perspectiva la consideración instrumental del cuerpo carece de fundamento y violenta gravemente la naturaleza del hombre mismo. En el hombre no hay nada que no participe de su radical dignidad… piense cada uno lo que piense. También podemos señalar que nada escapa a la lógica del crecimiento humano, y por tanto, que todo en el hombre está llamado a lo mejor, y lo mejor no es algo arbitrario, sino dependiente del propio modo de ser y obrar (automoción).
3. Señalamos “determinado tipo” en la formulación de la pregunta. En efecto, el nivel de automoción e inmanencia es propio del hombre y no del resto de los seres vivos. Se suele hablar de racionalidad y libertad. Es acertado, pero tendríamos que añadir que toda la dinámica psíquica, toda la operatividad del hombre, es especial: también la imaginación, la cogitativa, los apetitos, etc. son especiales en el hombre. Este es el lugar desde el que ha de argumentarse que el hombre carece de instintos.
4. Las implicaciones educativas de la anterior afirmación exceden con mucho este espacio, pero podemos apuntar que, en la consideración del “ayudar a crecer” no ha de obviarse ninguna de estas capacidades operativas: desde la discriminación sensorial al razonamiento lógico matemático, pasando por el desarrollo del apetito irascible -capacidad de afrontamiento-, etc. etc. etc. Ninguna de estas capacidades operativas son idénticas en el animal. Al hombre se le educa, no se le adiestra; hacerlo implicaría la negación de la radical unidad del psiquismo humano, sería violentar la naturaleza humana.
5. Es en este punto en el que se inserta el crecimiento armónico de la personalidad, es decir, lo los rasgos operativos suficientemente estables que caracterizan el obrar del cada hombre.
Y por ahora… nada más.
June 14th, 2008 — Antropología, Clase, Edu "reflexión"
Esta es otra cuestión que se plantea con frecuencia en el contexto educativo. Como de costumbre responderé brevísimamente a esta compleja cuestión.
En primer lugar un par de aclaraciones: donde digo “ayudar a crecer” estoy queriendo significar “educar”. En segundo lugar, entiendo que criterio es un principio primero, no la concreción última o inmediata en la acción educativa. Una última apreciación: opinable no es un término baladí. Está escrito con toda intencionalidad y se refiere a aquel estado de la mente que no se adhere con total certeza a la una afirmación, precisamente porque no PUEDE hacerlo, es decir, porque aquello que se afirma es, o bien contingente, o bien imposible de conocer con total seguridad. En todo caso, porque carece de un referente necesario.
Así las cosas,
1. Si es posible la frustración y el fracaso en el crecimiento de la persona es necesario afirmar que los criterios no son todos iguales. En efecto, no todos conducen a esa situación pero algunos sí pueden hacerlo.
2. Si hablamos, por tanto de crecer y es posible “decrecer”, es porque las condiciones iniciales para el crecimiento tienen ya, en sí mismas, indicaciones sobre lo adecuado o no adecuado al propio modo de ser.
3. Si afirmamos, por tanto, que existe una verdad originaria sobre el hombre y un dinamismo propio de su modo de ser -algo así como una naturaleza humana-, los criterios que rigen su crecimiento habrán de corresponderse con ella.
4. Si la naturaleza humana es algo cognoscible, al menos suficientemente cognoscible, los criterios que rigen su crecimiento no son propiamente opinables, sino que dependen necesariamente de dicha naturaleza.
5. Sí sería opinable el proceder concreto en circunstancias concretas, toda vez que éstas sí son contingentes.
6. No significa esto que la acción educativa sea fruto de la pura deducción desde principios generales, sino que hay, en la educación, elementos no contingentes que vivifican o guían la acción educativa.
7. Si es posible una ciencia en torno a la educación es porque hay algo en ella que supera la pura circunstancia: es decir, que hay algo que posee permanencia y es susceptible de ser conocido con certeza.
En definitiva, responder afirmativamente a esta pregunta implica la negación de la existencia de la naturaleza humana y la negación de la pedagogía como ciencia.
Responder negativamente a esta pregunta, es decir, indicar que no son “propiamente opinables” los criterios para ayudar a crecer implica que hay unas condiciones y criterios preestablecidos relativos al crecimiento humano y que, por tanto, es posible estudiar dicho crecimiento y los procedimientos para ayudar a que éste se produzca, es decir, es posible la pedagogía como ciencia humana y no meramente técnica.
June 11th, 2008 — Antropología, Clase, Edu "reflexión", Ética
Esta magnífica sentencia es de J. Choza. Creo que dice mucho, muchísimo sobre el hombre. Pregunté algunas implicaciones y el significado -al menos parte de él- y no siempre dieron en el clavo -ni en la periferia-. Indicaré aquí algunas implicaciones.
1. El hombre no nace siendo “del todo lo que es”. Nacemos sin terminar.
2. La plenitud no es algo dado: es un riesgo. Podemos no llegar a ser lo que somos.
3. El contenido que se de a la pregunta “quién soy” es relevante, determinante, para llegar a serlo.
4. La plenitud personal no es algo arbitrario, sino ligado a una verdad originaria de cada hombre.
5. Para llegar a plenitud se requiere la reflexión sobre el propio ser, sobre la cuestión de quién soy.
6. Pero anterior a la reflexión se sitúa la ayuda que otros nos prestan: al principio somos educados.
7. Puesto que no nacemos sabiendo quiénes somos, aquellos que nos ayudan a descubrirlo tienen una grandísima responsabilidad.
8. Puesto que no nacemos con la respuesta a dicha pregunta, es obvio que nacemos en situación de debilidad y, propiamente, en manos de otros. Sería bueno que esas manos nos quisieran, nos iluminaran con rectitud.
9. Propiamente, quién he de ser depende de una verdad previa “quién soy”. Si el desarrollo de la propia plenitud exige el ejercicio de la libertad, es obvio que la consecución de la misma no es algo autónomo: ni en el proceso ni en el contenido.
10. Si la libertad tiene alguna relación con la felicidad -entendiendo ésta como el lugar de la plenitud-, la libertad sólo conduce a su propio fin en la medida en que está ligada a la verdad sobre el propio ser. En efecto, el fracaso, la frustración es posible y la libertad implica el riesgo, pero no sin-sentido -precisamente por estar originariamente ligada a la plenitud-.
Y muchas más cosas.
May 27th, 2008 — "Sensamientos" puros, Café, Preguntas, Ética
Esta es una pregunta “ingenua” que hacía Fausto en un comentario… Tiene su contexto: en clase hablábamos de los ámbitos de intimidad, de las condiciones de posibilidad de la libertad, de los rasgos de la libertad madura… Señalo, para los que no han estado allí, algunos de esos extremos telegráficamente para pasar luego, también telegráficamente, a responder a la cuestión.
1. Los ámbitos de la intimidad son tres: el psíquico, el biográfico y el somático. Lo razonable es que crezcan simultáneamente… pero en las cosas del hombre, ya se sabe: todo lo que puede ocurrir, ocurre.
2. Las condiciones de posibilidad de la libertad son tres: la intimidad, la verdad y las convicciones. El ejemplo que hace de esta afirmación algo evidente es la novela 1984:
♦ “pensar a la vista de una telepantalla y que se notara que de hecho estabas pensando, era un delito…”;
♦ “lo terrible no es tener que decir que 2+2 son 5, sino que pudieran llegar a tener razón…”;
♦ “eso no pueden hacérnoslo creer… ”
3. La madurez de la libertad se manifiesta en la capacidad de establecer vínculos de gran alcance. En efecto, es saber que no se es un ser necesitado, sino originariamente querido…. y muchas más cosas. Y junto a esto, el otro gran criterio es la capacidad de considerar el futuro en la toma de decisiones, es decir, ser capaz de superar la frivolidad del puro pasar y tomar en las propias manos la existencia dilatada en el tiempo.
Visto esto puedo decir algo sobre las convicciones:
1. Convicción es un cierto contenido significativo que vive, no sólo en la inteligencia del hombre, sino en toda su dimensión emocional. En efecto, por una convicción alzamos la voz, nos ponemos rojos o somos capaces de reaccionar airadamente. También hablamos de ellas con emoción.
2. Una convicción, por tanto, dice relación a lo verdadero en cuanto posee un contenido de ese orden, sin embargo, no se reduce a una afirmación “lógico-deductiva”.
3. Lo específico de la convicción es ser “pre-racional” y “sobre-racional”. Es decir, la mayor parte de lo que somos y sabemos pertenece al mundo de las convicciones, no al de la ciencia en cuanto tal.
4. Ahora bien, como tantas cosas, hay quien considera que pueda ser “i-racional”. Entiendo que eso supone la negación de la excelencia de la verdad, de su inmensa capacidad. Lo verdadero es razonable, siempre es razonable. Es como señalar que hay ámbitos que están más allá de la verdad… Una cosa es que supere la racionalidad y otra que la niegue.
5. Las convicciones pertenecen al ámbito de lo necesario en la misma medida en que dicen relación a la verdad -y esta es necesaria-, pero lo más alto de la verdad es la libertad, no la necesidad. Las convicciones hacen referencia, en cuanto son también “sobre-racionales”, a la libertad.
6. Las convicciones no se demuestran, se tienen, se ven, se aceptan… y pueden ser articuladas razonablemente. Pero, precisamente por ser de esa naturaleza, no se pueden imponer… como no se impone la amistad. Estamos en el reino de la libertad.
7. Y podría seguir… pero he de dejarlo aquí.
Gracias por la pregunta. Espero haber arrojado un poco de luz. Seguiremos charlando con un cafelito.
May 24th, 2008 — "Sensamientos" puros, Antropología, Café, Preguntas
Como cada semana espero el día en el que, un grupo de amigos, tomamos café charlando sobre de cuestiones de antropología; esas que no forman parte habitual de las conversaciones: algunos consideran… no sé qué consideran, porque es un lujo poder hablar con libertad de esas cosas que te rondan la cabeza… poder compartirlas.
También como en tantas ocasiones alguien lanza un tema. Esta semana -ya veníamos hablando de ellos la semana anterior- la risa. Poco a poco la conversación alcanzaba algunos puntos de luz que dejo aquí, para que puedan ampliarse por escrito.
El humor es la manifestación de la libertad del hombre que puede superar los linderos de la lógica necesaria y lineal de la realidad.
La risa es su manifestación somática, en la que el hombre queda presa de un cierto “éxtasis” -salir de sí-, para quedar en cierto sentido, atrapado por lo sorprendente de la realidad considerada.
En la sonrisa hay un caer en la cuenta sin pérdida de control.
Un chiste es un “patinazo neuronal”.
Ahora bien, hay humor inteligente y humor “corto”. Hay quien se sonríe porque está por encima de la necesidad de las cosas y quien lo hace porque está fuera de esa lógica… pero por defecto, no por exceso: hay quien “no se entera” y por eso se ríe. El humor implica un cierto hábito intelectual que mira desde arriba la linealidad necesaria, la imparable -desde sí- lógica. Por tratarse de un hábito, es un ver libre no exigible y que cuando se explica -intenta ser subsumido en la necesidad de la que se ha liberado- pierde toda la gracia que poseía.
El humor no puede imponerse precisamente porque es espacio de libertad. El humor no puede imponerse porque implica ver donde no hay necesidad, deducción.
El hombre puede reír porque es inteligente… y porque puede ser tonto. Sólo el hombre, por eso, lo posee. Los clásicos llamaron “accidente propio” a la risa; es decir, una cualidad -accidente- que sin ser la esencia, deriva necesariamente de ella. Hasta el punto de ser imperfecto el que no saber reír.
Ser capaz de considerar la necesidad desde fuera de ella y sonreír implica saber que esa lógica no es lo definitivo y por tanto, superar la necesidad histórica, el “sino”, el “fatalismo”. El humor es propio de quien sabe que más allá del decurso aparentemente inexorable, existe algo mejor; pero no sólo más allá, sino también más acá. La historia -sabe el “bien-humorado”- está llena de Providencia.
La alegría es por tanto, un bien de quien sabe que Dios gobierna la historia. El que no reconoce este dominio rie en el vacío… porque tal vez todo sea fatal y él, tan sólo, esté haciendo un ejercicio de restricción mental, no una elevanción del conocimiento con fundamento real.