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¿A qué ámbito pertenece la convicción?

Esta es una pregunta “ingenua” que hacía Fausto en un comentario… Tiene su contexto: en clase hablábamos de los ámbitos de intimidad, de las condiciones de posibilidad de la libertad, de los rasgos de la libertad madura… Señalo, para los que no han estado allí, algunos de esos extremos telegráficamente para pasar luego, también telegráficamente, a responder a la cuestión.

1. Los ámbitos de la intimidad son tres: el psíquico, el biográfico y el somático. Lo razonable es que crezcan simultáneamente… pero en las cosas del hombre, ya se sabe: todo lo que puede ocurrir, ocurre.

2. Las condiciones de posibilidad de la libertad son tres: la intimidad, la verdad y las convicciones. El ejemplo que hace de esta afirmación algo evidente es la novela 1984:
♦ “pensar a la vista de una telepantalla y que se notara que de hecho estabas pensando, era un delito…”;
♦ “lo terrible no es tener que decir que 2+2 son 5, sino que pudieran llegar a tener razón…”;
♦ “eso no pueden hacérnoslo creer… ”

3. La madurez de la libertad se manifiesta en la capacidad de establecer vínculos de gran alcance. En efecto, es saber que no se es un ser necesitado, sino originariamente querido…. y muchas más cosas. Y junto a esto, el otro gran criterio es la capacidad de considerar el futuro en la toma de decisiones, es decir, ser capaz de superar la frivolidad del puro pasar y tomar en las propias manos la existencia dilatada en el tiempo.

Visto esto puedo decir algo sobre las convicciones:

1. Convicción es un cierto contenido significativo que vive, no sólo en la inteligencia del hombre, sino en toda su dimensión emocional. En efecto, por una convicción alzamos la voz, nos ponemos rojos o somos capaces de reaccionar airadamente. También hablamos de ellas con emoción.

2. Una convicción, por tanto, dice relación a lo verdadero en cuanto posee un contenido de ese orden, sin embargo, no se reduce a una afirmación “lógico-deductiva”.

3. Lo específico de la convicción es ser “pre-racional” y “sobre-racional”. Es decir, la mayor parte de lo que somos y sabemos pertenece al mundo de las convicciones, no al de la ciencia en cuanto tal.

4. Ahora bien, como tantas cosas, hay quien considera que pueda ser “i-racional”. Entiendo que eso supone la negación de la excelencia de la verdad, de su inmensa capacidad. Lo verdadero es razonable, siempre es razonable. Es como señalar que hay ámbitos que están más allá de la verdad… Una cosa es que supere la racionalidad y otra que la niegue.

5. Las convicciones pertenecen al ámbito de lo necesario en la misma medida en que dicen relación a la verdad -y esta es necesaria-, pero lo más alto de la verdad es la libertad, no la necesidad. Las convicciones hacen referencia, en cuanto son también “sobre-racionales”, a la libertad.

6. Las convicciones no se demuestran, se tienen, se ven, se aceptan… y pueden ser articuladas razonablemente. Pero, precisamente por ser de esa naturaleza, no se pueden imponer… como no se impone la amistad. Estamos en el reino de la libertad.

7. Y podría seguir… pero he de dejarlo aquí.

Gracias por la pregunta. Espero haber arrojado un poco de luz. Seguiremos charlando con un cafelito.

El humor, la risa y la sonrisa

Como cada semana espero el día en el que, un grupo de amigos, tomamos café charlando sobre de cuestiones de antropología; esas que no forman parte habitual de las conversaciones: algunos consideran… no sé qué consideran, porque es un lujo poder hablar con libertad de esas cosas que te rondan la cabeza… poder compartirlas.

También como en tantas ocasiones alguien lanza un tema. Esta semana -ya veníamos hablando de ellos la semana anterior- la risa. Poco a poco la conversación alcanzaba algunos puntos de luz que dejo aquí, para que puedan ampliarse por escrito.

El humor es la manifestación de la libertad del hombre que puede superar los linderos de la lógica necesaria y lineal de la realidad.

La risa es su manifestación somática, en la que el hombre queda presa de un cierto “éxtasis” -salir de sí-, para quedar en cierto sentido, atrapado por lo sorprendente de la realidad considerada.

En la sonrisa hay un caer en la cuenta sin pérdida de control.

Un chiste es un “patinazo neuronal”.

Ahora bien, hay humor inteligente y humor “corto”. Hay quien se sonríe porque está por encima de la necesidad de las cosas y quien lo hace porque está fuera de esa lógica… pero por defecto, no por exceso: hay quien “no se entera” y por eso se ríe. El humor implica un cierto hábito intelectual que mira desde arriba la linealidad necesaria, la imparable -desde sí- lógica. Por tratarse de un hábito, es un ver libre no exigible y que cuando se explica -intenta ser subsumido en la necesidad de la que se ha liberado- pierde toda la gracia que poseía.

El humor no puede imponerse precisamente porque es espacio de libertad. El humor no puede imponerse porque implica ver donde no hay necesidad, deducción.

El hombre puede reír porque es inteligente… y porque puede ser tonto. Sólo el hombre, por eso, lo posee. Los clásicos llamaron “accidente propio” a la risa; es decir, una cualidad -accidente- que sin ser la esencia, deriva  necesariamente de ella. Hasta el punto de ser imperfecto el que no saber reír.

Ser capaz de considerar la necesidad desde fuera de ella y sonreír implica saber que esa lógica no es lo definitivo y por tanto, superar la necesidad histórica, el “sino”, el “fatalismo”. El humor es propio de quien sabe que más allá del decurso aparentemente inexorable, existe algo mejor; pero no sólo más allá, sino también más acá. La historia -sabe el “bien-humorado”- está llena de Providencia.

La alegría es por tanto, un bien de quien sabe que Dios gobierna la historia. El que no reconoce este dominio rie en el vacío… porque tal vez todo sea fatal y él, tan sólo, esté haciendo un ejercicio de restricción mental, no una elevanción del conocimiento con fundamento real.