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Ritmo y amabilidad

He visto a una persona hablando con otra, en un pasillo y… me he sorprendido viendo, por más que parecía un hecho fácil, superficial, que estaba cargado, denso, pleno de humanidad.

En ningún momento dejó, quien escuchaba, de mirar a la cara al que hablaba.

En ningún momento giró el cuerpo en ademán de cambio de rumbo, de prisa.

En repetidas ocasiones asintió con la cabeza…

Era un pecualiar ritmo de gesto y palabra que hacía fácil que le contaran, que le siguieran contando. Es obvio que estoy escribiendo un hecho que para mi es un deseo: no quiero aprender estrategias, obviamente; quiero aprender a tratar a todos como merecen… Y el verano es buen momento para ello.

¿Qué implica la afirmación “el hombre es un determinado tipo de ser vivo”?

El motivo de esta cuestión es análogo al de los post precedentes: son preguntas que suelo hacer y, por tanto, que me suelo hacer. Cierto que fueron abordadas en, al menos tres lugares de “antropología y educación”, pero merece la pena volver sobre ellos. También, como en ocasiones anteriores, responderé casi telegráficamente, tal y como vienen las ideas a la cabeza:

1. El hombre posee todas las características propias de los seres vivos en general: automoción, inmanencia, organicidad, heterogeneidad, crecimiento armónico. Educativamente las implicaciones son infinitas. Tal vez lo más llamativo sea lo referente al crecimiento. Vivir es crecer, y éste es fruto de la automoción y la inmanencia. El protagonismo es, por tanto, del alumno.

2. Podemos realizar del hombre, como del resto de los seres vivos, un análisis causal. Esto nos ayudará a comprender “cuan humano es el cuerpo humano”. Desde esta perspectiva la consideración instrumental del cuerpo carece de fundamento y violenta gravemente la naturaleza del hombre mismo. En el hombre no hay nada que no participe de su radical dignidad… piense cada uno lo que piense. También podemos señalar que nada escapa a la lógica del crecimiento humano, y por tanto, que todo en el hombre está llamado a lo mejor, y lo mejor no es algo arbitrario, sino dependiente del propio modo de ser y obrar (automoción).

3. Señalamos “determinado tipo” en la formulación de la pregunta. En efecto, el nivel de automoción e inmanencia es propio del hombre y no del resto de los seres vivos. Se suele hablar de racionalidad y libertad. Es acertado, pero tendríamos que añadir que toda la dinámica psíquica, toda la operatividad del hombre, es especial: también la imaginación, la cogitativa, los apetitos, etc. son especiales en el hombre. Este es el lugar desde el que ha de argumentarse que el hombre carece de instintos.

4. Las implicaciones educativas de la anterior afirmación exceden con mucho este espacio, pero podemos apuntar que, en la consideración del “ayudar a crecer” no ha de obviarse ninguna de estas capacidades operativas: desde la discriminación sensorial al razonamiento lógico matemático, pasando por el desarrollo del apetito irascible -capacidad de afrontamiento-, etc. etc. etc. Ninguna de estas capacidades operativas son idénticas en el animal. Al hombre se le educa, no se le adiestra; hacerlo implicaría la negación de la radical unidad del psiquismo humano, sería violentar la naturaleza humana.

5. Es en este punto en el que se inserta el crecimiento armónico de la personalidad, es decir, lo los rasgos operativos suficientemente estables que caracterizan el obrar del cada hombre.

Y por ahora… nada más.

¿Son propiamente “opinables” los criterios para “ayudar a crecer”?

Esta es otra cuestión que se plantea con frecuencia en el contexto educativo. Como de costumbre responderé brevísimamente a esta compleja cuestión.

En primer lugar un par de aclaraciones: donde digo “ayudar a crecer” estoy queriendo significar “educar”. En segundo lugar, entiendo que criterio es un principio primero, no la concreción última o inmediata en la acción educativa. Una última apreciación: opinable no es un término baladí. Está escrito con toda intencionalidad y se refiere a aquel estado de la mente que no se adhere con total certeza a la una afirmación, precisamente porque no PUEDE hacerlo, es decir, porque aquello que se afirma es, o bien contingente, o bien imposible de conocer con total seguridad. En todo caso, porque carece de un referente necesario.

Así las cosas,

1. Si es posible la frustración y el fracaso en el crecimiento de la persona es necesario afirmar que los criterios no son todos iguales. En efecto, no todos conducen a esa situación pero algunos sí pueden hacerlo.

2. Si hablamos, por tanto de crecer y es posible “decrecer”, es porque las condiciones iniciales para el crecimiento tienen ya, en sí mismas, indicaciones sobre lo adecuado o no adecuado al propio modo de ser.

3. Si afirmamos, por tanto, que existe una verdad originaria sobre el hombre y un dinamismo propio de su modo de ser -algo así como una naturaleza humana-, los criterios que rigen su crecimiento habrán de corresponderse con ella.

4. Si la naturaleza humana es algo cognoscible, al menos suficientemente cognoscible, los criterios que rigen su crecimiento no son propiamente opinables, sino que dependen necesariamente de dicha naturaleza.

5. Sí sería opinable el proceder concreto en circunstancias concretas, toda vez que éstas sí son contingentes.

6. No significa esto que la acción educativa sea fruto de la pura deducción desde principios generales, sino que hay, en la educación, elementos no contingentes que vivifican o guían la acción educativa.

7. Si es posible una ciencia en torno a la educación es porque hay algo en ella que supera la pura circunstancia: es decir, que hay algo que posee permanencia y es susceptible de ser conocido con certeza.

En definitiva, responder afirmativamente a esta pregunta implica la negación de la existencia de la naturaleza humana y la negación de la pedagogía como ciencia.

Responder negativamente a esta pregunta, es decir, indicar que no son “propiamente opinables” los criterios para ayudar a crecer implica que hay unas condiciones y criterios preestablecidos relativos al crecimiento humano y que, por tanto, es posible estudiar dicho crecimiento y los procedimientos para ayudar a que éste se produzca, es decir, es posible la pedagogía como ciencia humana y no meramente técnica.

“El hombre necesita saber qué es para serlo”

Esta magnífica sentencia es de J. Choza. Creo que dice mucho, muchísimo sobre el hombre. Pregunté algunas implicaciones y el significado -al menos parte de él- y no siempre dieron en el clavo -ni en la periferia-. Indicaré aquí algunas implicaciones.

1. El hombre no nace siendo “del todo lo que es”. Nacemos sin terminar.

2. La plenitud no es algo dado: es un riesgo. Podemos no llegar a ser lo que somos.

3. El contenido que se de a la pregunta “quién soy” es relevante, determinante, para llegar a serlo.

4. La plenitud personal no es algo arbitrario, sino ligado a una verdad originaria de cada hombre.

5. Para llegar a plenitud se requiere la reflexión sobre el propio ser, sobre la cuestión de quién soy.

6. Pero anterior a la reflexión se sitúa la ayuda que otros nos prestan: al principio somos educados.

7. Puesto que no nacemos sabiendo quiénes somos, aquellos que nos ayudan a descubrirlo tienen una grandísima responsabilidad.

8. Puesto que no nacemos con la respuesta a dicha pregunta, es obvio que nacemos en situación de debilidad y, propiamente, en manos de otros. Sería bueno que esas manos nos quisieran, nos iluminaran con rectitud.

9. Propiamente, quién he de ser depende de una verdad previa “quién soy”. Si el desarrollo de la propia plenitud exige el ejercicio de la libertad, es obvio que la consecución de la misma no es algo autónomo: ni en el proceso ni en el contenido.

10. Si la libertad tiene alguna relación con la felicidad -entendiendo ésta como el lugar de la plenitud-, la libertad sólo conduce a su propio fin en la medida en que está ligada a la verdad sobre el propio ser. En efecto, el fracaso, la frustración es posible y la libertad implica el riesgo, pero no sin-sentido -precisamente por estar originariamente ligada a la plenitud-.

Y muchas más cosas.

Aprendizaje en tiempo de vacaciones

Hace unos días que traigo aquí anotaciones del blog de alumnos -al que sólo ellos tienen acceso-. Puesto que en ellos despierta cierta curiosidad, me gustaría compartirlo aquí, por si es de utilidad a alguien.

Puesto que estamos en fechas difíciles para el estudio, he visto conveniente explicitar algunas conclusiones derivadas de contenidos ya estudiados.

Hemos afirmado que “educar es ayudar a crecer”; sin embargo, no recuerdo haber dado una definición precisa de aprendizaje. Ésta no se identifica totalmente con el “conocimiento”, si bien conocer es un modo de aprender -sin duda de los más altos si no el más alto-. No pretendo dar esa definición aquí, pero, groso modo se puede afirmar que todo aprendizaje implica cambios suficientemente estables en el sujeto. Ahora bien, los cambios en el sujeto, al estar referidos a algunas de sus facultades, y tener casi todas ellas órgano, implica a su vez modificación corporal. Al realizar operaciones, los órganos quedan afectados -inmanencia- y, para que se consolide y suponga un cambio suficiente, ha de repetirse la operación. En la medida que hay más corporalidad implicada, más repetición es necesaria; y a la inversa, cuanta menos implicación somática, menos repetición. Como aún no hemos visto qué sea eso de “facultad sin órgano” pondré un ejemplo más o menos ajustado:

Para aprender a botar una pelota, para aprender a asir un lápiz, el número de repeticiones y tiempo necesarios son inmensos. El tiempo y número de repeticiones necesarios para aprender una definición es infinitamente menor. Se requiere cierto soporte somático -neuronal-, pero en la misma medida en que se “comprende” y se dispone del vocabulario, el tiempo se reduce infinitamente.

Por tanto, podemos afirmar que, con el tiempo, leer y comprender se parece cada vez más a estudiar.

Estudiar es una especial comprensión de cuestiones que permite su uso intelectual (manifestación oral o escrita y “manipulación” junto a otros contenidos intelectuales).

Siguiendo el ejemplo anterior, en la misma medida en que se “domina” el manejo del balón, desarrollar una nueva estrategia es infinitamente más sencillo que cuando ha de interiorizarse, además, la habilidad con el balón. Algo análogo ocurre con el lenguaje y el vocabulario: son el balón de los aprendizajes intelectuales. De ahí la pequeña dificultad añadida en el estudio. Ahora bien, una vez adquirida cierta destreza con ese “instrumento” –el lenguaje, el vocabulario específico-, lo demás es “un gusto”.

En conclusión:

Si tenéis que estudiar estos días, no olvidéis que es leer y comprender y, en la medida que sea necesario, repetir y asimilar cierto vocabulario para poder “disponer” de lo leído y comprendido.

Disfrutad estudiando, es decir, disfrutad leyendo y comprendiendo.

El cuerpo humano

Entre las muchas cosas que a uno le hacen pensar, sorprenderse y “sopesar” los avatares diarios está la flagrante contradicción de algunos postulados y sus tremendas consecuencias reales, prácticas… en ocasiones perversas.

Cuando decimos “cuerpo humano”, cuando significamos, pensamos o nos referimos al “cuerpo humano”, indicamos una realidad material configurada, ordenada, vivificada “humanamente”. Hasta tal extremos que a la pregunta “qué es esto” -obviamente, cuestión importante- respondemos acudiendo a la confuguración, al orden, y no a la materialidad en sentido estricto (a la distensión, común a toda la realidad material).

De este modo, y por exponer brevemente el argumento, decir “este cuerpo humano” y decir “este hombre” es la misma cosa. No quiero decir que el hombre sea SOLO “este cuerpo humano”, sino que “este cuerpo humano” es completamente “humano”: no sobra cuerpo que no sea hombre.

Por este motivo, es obligado caer en la cuenta de que cualquier agresión a la dimensión corporal, al cuerpo humano, es agresión al hombre; y que ésta -la agresión al hombre- no depende de lo que uno piense. Es decir, alguien puede considerar que el cuerpo es “tenido” y por tanto “utilizable”, y estar, sencillamente, equivocado. Es posible el error. Qué sea el cuerpo humano, cuán humano sea el cuerpo humano es una realidad independiente de la opinión de cada quien.

Resulta por eso contradictorio pretender proteger, reavivar o hacer patente la dignidad del hombre y no indicir en la misma fuerza -o más por ser más próximo- en la dignidad de la corporalidad humana.

Cuando el cuerpo es mostrado como algo utilizable, es al hombre al que se le muestra como algo utilizable. Cuando a un  niño se le enseña que su propio cuerpo es utilizable, se le está enseñando que él mismo lo es; que, además, podrá tratar así al resto de los hombres. Y, no se trata de una opinión propia, sino de la simple conclusión relativa a la consideración de la realidad del cuerpo humano.

En fin, que dignidad humana resulta sustancialmente incompatible con realidades tan deleznables como:

la pornografía,
las agresiones verbales de carácter sexual,
las conductas de carácter sexual asumidas como “prácticas”, como “usos”,
las conductas en las que la intimidad corporal queda reducida a la nada (publicidad, revistas, televisión, cine, vestuarios deportivos, etc., etc., etc. )

Tendré que explicar por qué incido tanto en la sexualidad… pero alargaría ahora el argumento. Pero, volviendo al hilo principal, ¿es relevante que la pornografía sea vista -consumida, dicen- por niños o por adultos? Obviamente que sean niños implica un plus de negatividad; pero la “libertad” de compra-venta es, de suyo, un error antropológico, una violencia a la naturaleza de la realidad humana. En todo caso, en una cultura en la que los linderos de lo pornográfico quedan difuminados, en los que el territorio de lo íntimo y valioso queda reducido o aniquilado si media la libertad del que expone, es una cultura en la que la identificación del cuerpo humano con “lo humano” se hace difícil.

¿Violencia? ¿Violencia verbal y física? Convendría ir a las raíces culturales, educativas, filosóficas del problema.

Dicen en ocasiones que ha de darme igual que ocurra algo que “a mi no me gusta”, ya que, al fin y al cabo, no me obligan a hacer”lo”. Sin embargo, no caen en la cuenta de que la configuración cultural modifica mi percepción y valoración real de las cosas. Hubo un tiempo en el que determinadas conductas me producían rechazo conceptual y físico (asco, miedo, horror). No he modificado mi conducta, ni mis convicciones, pero sí la percepción inmediata, la capacidad de reacción, la proximidad real, la connaturalidad… por tanto, una dimensión importante de la valoración. Y no se trata de la primacía de rojo sobre el verde o el azul sobre el gris, no es cuestión de gustos, sino de la dignidad y valor del cuerpo humano y por tanto del hombre mismo.

El don de la palabra

Según dice el subtítulo de este blog, aquí se recogen breves pensamientos sobre las intensísimas sensaciones de cada día. Por este motivo, es común que los temas que surgen procedan directamente del aula, de las personas con la que hablo.

Así, a la palabra puedo y debo llamarla “don”.

Hace unas semanas escribí brevemente sobre “el autodidacta”. En el fondo, la misma contradicción interna que posee la “autonomía” con fin del vivir humano (como elemento sustantivo de la felicidad), esa misma contradicción, repito, la percibo en la creencia de que el mejor de los puntos de partida y modos de avance sea el propio del “autodidacta”. Insisto, no es que me parezca que no ocurre en la mayoría de los casos, sino que considero falso, contradictorio, imposible en sentido fuerte.

» Afirmo que lo más alto está en el pensar.
» Entiendo que la apertura y donación del pensar es superior al mero pensar.
» La donación del pensar, el querer, es don en la palabra.
» Lo recibido en la palabra no es la mera palabra, sino el pensar que en ella habita.

Y esto me trae a la memoria unas frases que a algunos parecerán evidentes, a otros oscuras. Son latinas, claro:
“Communio personarum”…
“et Verbum caro….”
“sed tantum dic verbum… “

La Esperanza: a veces no hace falta la virtud… se ve ya

Estimados lectores:

A pesar del título del post, no sé si se trata de optimismo -jamás diré “optimisto antropológico”- o de percepción ajustada de la realidad.

Frente a la visión chata y apocada de los que ven en los alumnos universitarios un montón de gentes pasivas y no muy dadas a la implicación, estoy presenciando un hecho en el que los datos, creo, cantan bastante.

Día 11 de febrero: presentación de un blog que sostendrá el 50% de la asignatura a un grupo de 20 personas, algunas nada familiarizadas con este tipo de webs.

Día 12 de febrero: idéntica situación en otro grupo, en este caso de unos 30 alumnos.

El día 14 de febrero habían visitado el sitio 40 usuarios nuevos y cada día he recibido uno o dos comentarios, alguno de ellos especialmente atractivo. Cuestiones que en el aula podría haber resultado casi “agresivas”, se transforman en argumentos referidos a textos sólidos y en preguntas inteligentes.

Evidentemente, puede ser el primer paso -el ámbito escrito- para poder pasar a una dialéctica de alto nivel, sin miedo a plantear cuestiones difíciles…

En fin, que esta generación de universitarios no parece tan pasiva, es más, responde, responde ya… sólo queda que preseveren.