Como sabéis me encanta mirar la “generalogía de las palabras”, lo que suele llamarse “etimología”. Siempre he pensado que conocer esa dimensión de la lengua te hace, no sólo saber más y mejor, sino disfrutar con el uso del lenguaje.
Leo a Carlos Segade en el Club del Lector un texto “agudo”, a mi juicio. A los que aún no se han aficionado a la búsqueda de la etimología de las palabras, espero que este texto les anime. De camino, hago con él un guiño a mis queridos maestros y futuros maestros, esperando que alguno llegue a ser ministro -y arregle un poco las cosas-.
<<Desgraciadamente la evolución de las palabras a veces nos juega malas pasadas. La palabra “maestro” tiene un noble antepasado etimológico: “magister”. A su vez esta palabra es un derivado de “magis” como adverbio y “magnus” como adjetivo. O sea, “grande”, “más”. El maestro era el que sabía más y por ello era digno del mayor respeto; se convertía así en autoridad. Esa autoridad no tenía por qué reflejar una recompensa dineraria directa, pero su posición social, relevancia e influencia en el mundo clásico y hasta hace bien poco tiempo era algo evidente.
El contrario de “magis” es “minus” o “minor”, que como se puede deducir se traduciría por “menos”. El que es menos es el servidor de todos, es el que se rebaja para el bien de la comunidad a la que sirve. Ese es el “minister”, de donde deriva la tan poco reputada palabra “ministro”.>>
¿A que tiene gracia?
(Os animo a seguir leyéndolo…)









