He visto a una persona hablando con otra, en un pasillo y… me he sorprendido viendo, por más que parecía un hecho fácil, superficial, que estaba cargado, denso, pleno de humanidad.
En ningún momento dejó, quien escuchaba, de mirar a la cara al que hablaba.
En ningún momento giró el cuerpo en ademán de cambio de rumbo, de prisa.
En repetidas ocasiones asintió con la cabeza…
Era un pecualiar ritmo de gesto y palabra que hacía fácil que le contaran, que le siguieran contando. Es obvio que estoy escribiendo un hecho que para mi es un deseo: no quiero aprender estrategias, obviamente; quiero aprender a tratar a todos como merecen… Y el verano es buen momento para ello.
Tiendo a contar las horas que estudio, las palabras que escribo cada hora, los folios que leo. etc. etc. etc. Y he encontrado esto…. obviamente me he quedado embobada mirándolo…
Hace unos días que traigo aquí anotaciones del blog de alumnos -al que sólo ellos tienen acceso-. Puesto que en ellos despierta cierta curiosidad, me gustaría compartirlo aquí, por si es de utilidad a alguien.
Puesto que estamos en fechas difíciles para el estudio, he visto conveniente explicitar algunas conclusiones derivadas de contenidos ya estudiados.
Hemos afirmado que “educar es ayudar a crecer”; sin embargo, no recuerdo haber dado una definición precisa de aprendizaje. Ésta no se identifica totalmente con el “conocimiento”, si bien conocer es un modo de aprender -sin duda de los más altos si no el más alto-. No pretendo dar esa definición aquí, pero, groso modo se puede afirmar que todo aprendizaje implica cambios suficientemente estables en el sujeto. Ahora bien, los cambios en el sujeto, al estar referidos a algunas de sus facultades, y tener casi todas ellas órgano, implica a su vez modificación corporal. Al realizar operaciones, los órganos quedan afectados -inmanencia- y, para que se consolide y suponga un cambio suficiente, ha de repetirse la operación. En la medida que hay más corporalidad implicada, más repetición es necesaria; y a la inversa, cuanta menos implicación somática, menos repetición. Como aún no hemos visto qué sea eso de “facultad sin órgano” pondré un ejemplo más o menos ajustado:
Para aprender a botar una pelota, para aprender a asir un lápiz, el número de repeticiones y tiempo necesarios son inmensos. El tiempo y número de repeticiones necesarios para aprender una definición es infinitamente menor. Se requiere cierto soporte somático -neuronal-, pero en la misma medida en que se “comprende” y se dispone del vocabulario, el tiempo se reduce infinitamente.
Por tanto, podemos afirmar que, con el tiempo, leer y comprender se parece cada vez más a estudiar.
Estudiar es una especial comprensión de cuestiones que permite su uso intelectual (manifestación oral o escrita y “manipulación” junto a otros contenidos intelectuales).
Siguiendo el ejemplo anterior, en la misma medida en que se “domina” el manejo del balón, desarrollar una nueva estrategia es infinitamente más sencillo que cuando ha de interiorizarse, además, la habilidad con el balón. Algo análogo ocurre con el lenguaje y el vocabulario: son el balón de los aprendizajes intelectuales. De ahí la pequeña dificultad añadida en el estudio. Ahora bien, una vez adquirida cierta destreza con ese “instrumento” –el lenguaje, el vocabulario específico-, lo demás es “un gusto”.
En conclusión:
Si tenéis que estudiar estos días, no olvidéis que es leer y comprender y, en la medida que sea necesario, repetir y asimilar cierto vocabulario para poder “disponer” de lo leído y comprendido.
Disfrutad estudiando, es decir, disfrutad leyendo y comprendiendo.
Pensar es “distinguir”, “discernir”, establecer “ratios”, “razonamientos” o “razones”. También es, creo, “pesar y sopesar”; pensar es establecer un “pondus”, peso, o ser capaz de “ponderar”… En fin, creo que todo esto es obvio.
Ayer vi un debate. Es un peculiarísimo enfrentamiento de escrima. Eran educados, no se insultaron -al menos explícitamente-, comenzaban sus intervenciones agradeciendo, concediendo una afirmación al contrincante e, inmediatamente, abordando las cuestiones diferenciales, los puntos negros ajenos o los argumentos que, sin más ni más, traían en el bolsillo. A esta específica dialéctica se une esa otra que no pertecene, propiamente al “dia-lectón” -a la lengua en sentido estricto-, sino a lo corporal, simbólico, propio del sutil mundo de la imagen, del gesto…
La adecuación entre la sentencia y la realidad -por ese orden, no a la inversa- se denomina “verdad”; a su opuesto -sea por deseo de invertir el orden anteriormene citado, sea por crasa incoherencia- “falsedad”. Cuando a la falsedad se une la intención de confundir y por tanto la consciencia de modificación de ese peculiar orden o subordinación de lo dicho a lo real, se le denomina “mentira”.
Ahora bien, cuando la verdad es tan intensamente poseída que se manifiesta en todo el ser -la manifestación verbal y la gestual- se denomina “veracidad”; y a su contrario “cinismo”. Es tremendamente difícil no mostrar corporalmente lo que se está pensando, lo que está ocurriendo en el interior. De hecho, estar mintiendo implica la subida -más o menos intensa según los casos- del estado de alerta fisiológico. De ahí la modificación del tamaño de la pupila, de la casi inconsciente tendencia a bajar la mirada, de ese levísimo temblor de los labios o sensación de tensión. ¿Podemos imaginar el control, la connaturalidad con la falsedad intencional de quien no “siente” nada? Es análogo, entiendo, al que no “siente” nada ante el horror o cualquier manifestación inhumana. La mentira es la inhumanidad por cuando divide, separa, incapacita para la convivencia; ya que ésta, la convivencia, se sustenta en la confianza -jamás dejaría mi dinero en un banco si no me fío de éste; jamás aceptaría un café si no me fío del camarero; jamás daría un abrazo si no me fío de quien me abraza-.
Cuando los políticos mienten, puesto que la dimensión gestual es increíblemente importante, dan más miedo que el simple mentiroso: son cínicos. Saben, mejor, con mayor connaturalidad y voluntariedad, que están mintiendo. Si un cínico se acerca, saldré corriendo: no podré fiarme de la mano que me tiende, porque no le temblará nada, absolutamente nada.
Dicen que Juan Pablo II era un magnífico comunicador. Hablaban de su formación teatral… pero todos los santos tienen en común esa especialísima capacidad comunicadora. Tengo para mí que se trata de la verdad misma tenida con toda su radicalidad. Cierto que algunos tienen -tal vez por virtud recibida como todo en el hombre- una dimensión comunicativa que se manifiesta ante las grandes muchedumbres. Todos, sin embargo, tienen esa misma fuerza cuando están junto a uno, cerca, hablándote.
Tal vez, la santidad sea VERACIDAD, y la perversión CINISMO. Por eso, unos y otros son capaces de suscitar seguidores: así lo hicieron Satanás y así lo hicieron los Apóstoles -comparar a Satanás con Jesucristo es absurdo: Dios no tiene contrario, sino enemigo-.
Tal vez por eso el aprendizaje de técnicas comunicativas despierta suspicacias, y su inexistencia en “los buenos-bondadosos” nerviosismo… no es digno de la verdad no manifestarse hasta en los poros. Sin embargo, así como la virtud humana se aprende, se aprende en sentido estricto, también la manifestación de la verdad. La educación, la cortesía, es, puede ser, debe ser, manifestación de respeto y consideración de la dignidad del otro.
En fin, que hay que decir verdad y ser veraz.
1. Que en las cosas pertenecientes a la convicción más profunda esto es más fácil;
2. que en las cuestiones en las que se mezclan medios técnicos es imprescindible conocer los lenguajes propios;
3. que el cinismo siempre da miedo; que sólo la calidad humana, la veracidad humana puede despertar confianza;
4. que la comunicación en los grandes medios siempre despierta reticencias -se hace más difícil distinguir la falsedad intencionada-;
… que después del debate de ayer -en el que los gráficos mienten por más que lleven colores- entiendo que hay quien no pueda distinguir la verdad de los juicios, porque no puede distinguir la sinceridad de los gestos, la verdacidad o el cinismo.
A pesar del título del post, no sé si se trata de optimismo -jamás diré “optimisto antropológico”- o de percepción ajustada de la realidad.
Frente a la visión chata y apocada de los que ven en los alumnos universitarios un montón de gentes pasivas y no muy dadas a la implicación, estoy presenciando un hecho en el que los datos, creo, cantan bastante.
Día 11 de febrero: presentación de un blog que sostendrá el 50% de la asignatura a un grupo de 20 personas, algunas nada familiarizadas con este tipo de webs.
Día 12 de febrero: idéntica situación en otro grupo, en este caso de unos 30 alumnos.
El día 14 de febrero habían visitado el sitio 40 usuarios nuevos y cada día he recibido uno o dos comentarios, alguno de ellos especialmente atractivo. Cuestiones que en el aula podría haber resultado casi “agresivas”, se transforman en argumentos referidos a textos sólidos y en preguntas inteligentes.
Evidentemente, puede ser el primer paso -el ámbito escrito- para poder pasar a una dialéctica de alto nivel, sin miedo a plantear cuestiones difíciles…
En fin, que esta generación de universitarios no parece tan pasiva, es más, responde, responde ya… sólo queda que preseveren.
Jamás pensé que tuviese dificultad para escribir. Puesto que son ya varios los días que llevo sin hacer acto de presencia en esta sitio, intentaré poner de manifiesto la situación objetiva.
1. Es complejo mantener la cabeza en más de un hilo discursivo simultáneamente. Así, el inicio de una nueva asignatura suele centrar toda mi atención, especialmente, en los momentos “vacíos” -de camino al trabajo, mientras hago alguna tarea manua..-
2. Cuando el hilo discursivo desea plasmarse en palabras, en blog, la situación se hace aún más compleja, puesto que la atención no sólo se centra en una temática, sino también en unas palabras: se piensa con palabras de modo mucho más explícito.
3. Intentar mantener tres blogs durante estos tres meses va a ser una tarea compleja, especialmente si se convierte en tarea solitatia: dialogar es más fácil que sólo proponer.
No son excusas, sino la discripción de las limitaciones psicológicas -esto es, de operatividad de las diversas facultades cognitivas-.
Cuenta Wolf que Tomás de Aquino, durante algunos períodos de su vida, si no recuerdo mal en aquellos en los que enseñaba en París, dictaba varios libros a la vez: tenía 3 o 4 amanuenses a los que iba dictando los “nada fáciles” argumentos, correspondientes a otros tantos castillos argumentales.
Ahora tenemos ordenadores, pero no escribimos más ni mejor… la genialidad está en un sitio que no se parece “en nada” a la tecnología -no he querido decir técnica para evitar equívocos, lógicamente-.
4. Manifestar en público cuestiones referidas al trabajo intelectual es tremendamente más costoso que referir historias de carácter personal.
Posiblemente, los alumnos que han compartido conmigo esta clase tengan mucho que comentar al respecto: se trata de impresiones personales que, si son acertadas, necesitarán respuesta inmediata aquí o en el aula.
NOTAS:
1. la fotografía no es más que un elemento decorativo… nada más.
2. Este artículo ha sido escrito para el blog Antropología y Educación -de alumnos de Centro Universitario Villanueva-.
Cuenta Leonardo Polo que un modo de vivir la muerte es la cárcel. Se trata de la aniquilación social, la separación del mundo en el que vivimos. Antes era el destierro. La cárcel es adecuada expresión de la “vindicatio“: es decir, de aquella compensación de la injusticia ajena que supera la Ley de Talión, puesto que busca la restitución necesaria, y sólo la necesaria; y la corrección, toda la corrección posible.
Hablar de cárcel, de pena de muerte, de Ley, de la vida de otros y de la propia… siempre sobrecoje. Lo señala Valentín Pedrosa con un breve vídeo de Amnistía Internacional. Lo señalan los comentaristas: no a la pena de muerte!!! Las afirmaciones pueden sintetizarse del siguiente modo:
Y cualquiera de nosotros podría continuar cada frase con el contenido fuerte que les acompaña.
1. Cumplimiento efectivo de las sentencias….. el terrorismo
2. Nadie es dueño de la vida… eutanasia, aborto
3. Las autoridades se juegan la vida de miles de personas….. LEGALIZAR!!!
Y en el aborto y la eutanasia no hablamos de culpables -vindicatio-, sino de inocentes -crimen, asesinato, homicidio…-.
Hace dos días leía en la prensa:
a. Embriones congelados en Barcelona, sobrantes de fecundaciones in vitro. Candidatos a la basura, o la disección en laboratorios; candidatos para ser ratas, carne humana para la experimentación.
b. Movimiento cívico para evitar que esos miles de niños acabaran tan indignamente su vida, aún antes de nacer. Son adoptados casi un millar. Tan sólo hay que esperar que los padres no respondan a dos avisos. En ese momento son niños abandonados.
c. Un buen número de ellos sobrevivió al implante en la madre adoptiva.
d. El más impresionante: un embrión que llevaba 13 años congelado -la viabilidad está situada en los 12 o 24 meses- es implantado en el útero de su madre adoptiva y… NACE.
Nace 13 años después de ser concebido….
Se les puede congelar, se les puede matar… se les puede adoptar e intentar salvarles la vida.
¿Se les puede adoptar y matar? eso es contradictorio. La única respuesta inmoral en esta situación es decir que… “cada uno haga lo que crea conveniente”… jamás diremos eso referido a la pena de muerte… y trata sobre culpables.