Entries Tagged 'Ética' ↓

“El hombre necesita saber qué es para serlo”

Esta magnífica sentencia es de J. Choza. Creo que dice mucho, muchísimo sobre el hombre. Pregunté algunas implicaciones y el significado -al menos parte de él- y no siempre dieron en el clavo -ni en la periferia-. Indicaré aquí algunas implicaciones.

1. El hombre no nace siendo “del todo lo que es”. Nacemos sin terminar.

2. La plenitud no es algo dado: es un riesgo. Podemos no llegar a ser lo que somos.

3. El contenido que se de a la pregunta “quién soy” es relevante, determinante, para llegar a serlo.

4. La plenitud personal no es algo arbitrario, sino ligado a una verdad originaria de cada hombre.

5. Para llegar a plenitud se requiere la reflexión sobre el propio ser, sobre la cuestión de quién soy.

6. Pero anterior a la reflexión se sitúa la ayuda que otros nos prestan: al principio somos educados.

7. Puesto que no nacemos sabiendo quiénes somos, aquellos que nos ayudan a descubrirlo tienen una grandísima responsabilidad.

8. Puesto que no nacemos con la respuesta a dicha pregunta, es obvio que nacemos en situación de debilidad y, propiamente, en manos de otros. Sería bueno que esas manos nos quisieran, nos iluminaran con rectitud.

9. Propiamente, quién he de ser depende de una verdad previa “quién soy”. Si el desarrollo de la propia plenitud exige el ejercicio de la libertad, es obvio que la consecución de la misma no es algo autónomo: ni en el proceso ni en el contenido.

10. Si la libertad tiene alguna relación con la felicidad -entendiendo ésta como el lugar de la plenitud-, la libertad sólo conduce a su propio fin en la medida en que está ligada a la verdad sobre el propio ser. En efecto, el fracaso, la frustración es posible y la libertad implica el riesgo, pero no sin-sentido -precisamente por estar originariamente ligada a la plenitud-.

Y muchas más cosas.

Está con, sale con y tiene novio

Escribo este brevísimo post para declarar que considero distintas cada una de estas afirmaciones. Creo que es una obviedad tal que no necesitaría explicación… si no fuera porque se ha olvidado el sentido preciso de la última sentencia y su carácter especial para la configuración de la propia biografía.

  • Estar con alguien alude al simple hecho de estar, en el presente, compartiendo algo. En el contexto en el que se desarrolla esta explicación se entiende que la expresión significa o dirige la atención hacia la intimidad corporal. Ahora bien, conviene subrayar el carácter de presente, es decir, su referencia a lo más efímero del tiempo, allí donde la libertad puede quedar desmembrada respecto a la biografía.
  • Salir con alguien parece querer indicar que en el transcurrir de los días dos personas se reclaman de modo especial. El tiempo se alarga, pero no por el futuro, sino por el presente transcurrido. Se toma el pasado y el futuro próximo con la misma intensidad que el presente. Salir con es algo que “acaece”. El carácter proyectivo no está incluido, sólo la distensión temporal. No implica, necesariamente, compartir intimidad somática, aunque sí biográfica: los acontecimientos, algunos al menos, son compartidos.
  • Tener novio es estar en fase de configuración de un proyecto vital. Se trata de una realidad presente que se explica por la intención, su sentido está en el futuro y éste determina las condiciones de relación presente. El futuro implica compartir todos los niveles de intimidad, y se señala que ahora no se están compartiendo. En efecto, si fuera así, no habría diferencia respecto al futuro, ni tampoco respecto a las ateriores expresiones. En esta situación la intimidad que prioritariamente se comparte es la psíquica, puesto que se trata de configurar intencionalmente un proyecto: ha de dibujarse y explicitarse en palabras. La intencionalidad se vive como distinta de la realidad misma… por eso es configuración de proyecto y no el proyecto mismo.

Si se confunde la configuración del proyecto con el proyecto… simplemente desaparecen uno y otro. Esto ocurre cuando no se comparten ideas o cuando no se pueden compartir por “apantallamiento” de la intensidad somática.

Qui potest capere capiat.

¿A qué ámbito pertenece la convicción?

Esta es una pregunta “ingenua” que hacía Fausto en un comentario… Tiene su contexto: en clase hablábamos de los ámbitos de intimidad, de las condiciones de posibilidad de la libertad, de los rasgos de la libertad madura… Señalo, para los que no han estado allí, algunos de esos extremos telegráficamente para pasar luego, también telegráficamente, a responder a la cuestión.

1. Los ámbitos de la intimidad son tres: el psíquico, el biográfico y el somático. Lo razonable es que crezcan simultáneamente… pero en las cosas del hombre, ya se sabe: todo lo que puede ocurrir, ocurre.

2. Las condiciones de posibilidad de la libertad son tres: la intimidad, la verdad y las convicciones. El ejemplo que hace de esta afirmación algo evidente es la novela 1984:
♦ “pensar a la vista de una telepantalla y que se notara que de hecho estabas pensando, era un delito…”;
♦ “lo terrible no es tener que decir que 2+2 son 5, sino que pudieran llegar a tener razón…”;
♦ “eso no pueden hacérnoslo creer… ”

3. La madurez de la libertad se manifiesta en la capacidad de establecer vínculos de gran alcance. En efecto, es saber que no se es un ser necesitado, sino originariamente querido…. y muchas más cosas. Y junto a esto, el otro gran criterio es la capacidad de considerar el futuro en la toma de decisiones, es decir, ser capaz de superar la frivolidad del puro pasar y tomar en las propias manos la existencia dilatada en el tiempo.

Visto esto puedo decir algo sobre las convicciones:

1. Convicción es un cierto contenido significativo que vive, no sólo en la inteligencia del hombre, sino en toda su dimensión emocional. En efecto, por una convicción alzamos la voz, nos ponemos rojos o somos capaces de reaccionar airadamente. También hablamos de ellas con emoción.

2. Una convicción, por tanto, dice relación a lo verdadero en cuanto posee un contenido de ese orden, sin embargo, no se reduce a una afirmación “lógico-deductiva”.

3. Lo específico de la convicción es ser “pre-racional” y “sobre-racional”. Es decir, la mayor parte de lo que somos y sabemos pertenece al mundo de las convicciones, no al de la ciencia en cuanto tal.

4. Ahora bien, como tantas cosas, hay quien considera que pueda ser “i-racional”. Entiendo que eso supone la negación de la excelencia de la verdad, de su inmensa capacidad. Lo verdadero es razonable, siempre es razonable. Es como señalar que hay ámbitos que están más allá de la verdad… Una cosa es que supere la racionalidad y otra que la niegue.

5. Las convicciones pertenecen al ámbito de lo necesario en la misma medida en que dicen relación a la verdad -y esta es necesaria-, pero lo más alto de la verdad es la libertad, no la necesidad. Las convicciones hacen referencia, en cuanto son también “sobre-racionales”, a la libertad.

6. Las convicciones no se demuestran, se tienen, se ven, se aceptan… y pueden ser articuladas razonablemente. Pero, precisamente por ser de esa naturaleza, no se pueden imponer… como no se impone la amistad. Estamos en el reino de la libertad.

7. Y podría seguir… pero he de dejarlo aquí.

Gracias por la pregunta. Espero haber arrojado un poco de luz. Seguiremos charlando con un cafelito.

La libertad desde “los modos de querer” (2)

Quedan aún tres modos de querer por exponer. Me referiré brevemente a cada uno de ellos para concluír con lo que más me ha sorprendido.

3. Querer es dominar.

Hablábamos del horizonte ante el que se encuentra todo hombre y frente al que decide. Pues bien, el horizone es básicamente el futuro y el contenido de la decisión se da distendido en el tiempo. Dominar es un querer mantenido en el tiempo: es un querer esforzado. Es el correlato superior del apetito irascible. Así como el deseo es un correlato del apetito concupiscible.

Tal vez sea la operación de la voluntad más volorada. En efecto, se dice en ocasiones que tener voluntad es tener “fuerza de voluntad”. Pues bien, es importante pero no lo es todo. Más adelante haré la crítica correspondiente. Sin embargo, el carácter “proyectivo” de la vida -proyecto, biografía- exige esta dimensión del obrar de la voluntad.

4. Querer es crear.

Crear es un querer lo que aún no existe. El pintor quiere el cuadro que aún no existe, lo quiere y existe. La fuerza de la inteligencia y de la imaginación han de ser grandes, obviamente, para orientar la propia decisión hacia lo que sólo posee entidad ideal: entiéndase ideal en toda su amplitud. En efecto, la magnitud de los ideales es la medida de la capacidad creativa, de la capacidad de querer lo que no existe… y hacer que exista.

Crear es un modo de querer arriesgado. El dominio puede calcular la rentabilidad de los esfuerzos en orden al fin que persigue… el que crea, puesto que está queriendo lo que aún no existe, corre riesgos, se juega la vida… El que domina no se juega la vida: la invierte y sabe dónde y cuánta es la rentabilidad fija y variable.

5. Querer es amar.

Amar es el querer es afirma la bondad de la existencia del amado. Es la afirmación absoluta de su ser, el reposo en su contemplación. Pieper lo expresaba qué sea amar con las siguientes palabras: “el que ama afirma ‘es bueno que existas’ ”

El amor es debido a la persona -no a las cosas-. Su existencia, por ser novedad radical, es buena, exige afirmación completa, no condicionada. Amar no tiene recompensa útil. El amar no es un medio en orden a otra cosa. Eso sí, sólo al amar le acompaña el gozo. Pero si se ama para el gozo, no se ama, se utiliza al amado como cosa… y ya no se goza.

La libertad desde “los modos de querer” (1)

Dice José Antonio Marina que la voluntad es la gran olvidada de la psicología contemporánea. Yo más bien diría que es la gran olvidada de la cultura contemporánea. Hacer un par de días hablaba en clase de “los modos de querer”. Aprendí mucho: no se suele caer en la cuenta de lo significa “querer”. Resumiré aquí alguna de las tesis colaterales que salieron en clase.

1. Querer es desear.

El deseo de la voluntad -verdadero acto voluntario- mantiene la distancia, la alterirdad respecto a lo querido. Por otro lado la alteridad es respetuosa con lo deseado puesto que se mantiene referid al objeto de deseo y no a la satisfacción que dicho objeto puede producirme. De este modo podemos decir que es adecuado a la dignidad de la persona quererla de este modo. Además, si este querer -el deseo- es posible es en virtud de la inagotabilidad de la persona: ésta puede mantener siempre en vilo la voluntad: siempre puedo seguir queriendo porque siempre hay más en cada persona.

Las cosas se desean, se poseen y se agotan. Las personas se desean y nunca se agotan: la alteridad que sostiene el deseo es adecuada a la realidad de lo deseado.

El deseo del apetito concupiscible tiende a volverse sobre el deleite propio y no sobre el valor de lo deseado. Al final, el deseo concupiscible aniquila lo deseado, se lo apropia y lo hace parte de sí mismo -la nutrición es el ejemplo por antonomasia… pero hay quien no sabe más que comer, sin importarle lo que come-. El deseo concupiscible se siente frustrado si no se deleita, si prevalece el objeto de deseo sobre su propio placer.

2. Querer es decidir.

Decir sí es el acto voluntario. La vida del hombre es una existencia posible: vivir es estar ante un horizonte. Ahora bien, la voluntad actúa en la decisión real, no en la posibilidad. La voluntad en ejercicio implica la pérdida de la posibilidad en orden a la realidad. Y la realidad siempre es una. No es realmente relevante el número de opciones cuanto la capacidad y de dotar de realidad a una sola de esas opciones. Decidir es realizar. En caso contrario, si la voluntad se “sintiera libre” sólo ante las opciones, no podría ejercerse como voluntad libre, puesto que en el ejercicio se afirma sólo una de ellas.

Por otro lado, si la sustancia del acto voluntario “decidir” es la afirmación de la realidad, éste puede ejercerse también ante las situaciones únicas, es decir, aquellas antes las que no hay, en realidad, opciones. La decisión puede ejercerse en toda situación puesto que la decisión por antonomasia es la dotación de sentido. Sobre toda situación puede decidirse el sentido.

De hecho, las cosas más importantes de la vida no son en absoluto objeto de elección: son propuestas que “la vida” nos realiza y ante las que hemos de decidir el sentido preciso que daremos. Esa peculiar dotación de sentido, esa decisión sobre lo no elegible se llama “aceptación”. La voluntad más libre es aquella que, en toda situación, dota de sentido aquello que la vida le presenta. Ahora bien, siempre es posible no dar sentido al presente. Huir está en la mano de cualquier voluntad.

Cosa distinta es el sentido concreto que demos a las situaciones. Ahí la persona se juega la existencia misma.

la libertad y la falacia de la autonomía

Solitario y AbatidoUna de las afirmaciones que llevo tiempo sosteniendo y que, por ahora, no consigo ver de otro modo es la siguiente:

LA LIBERTAD NO ES AUTONOMÍA
LA LIBERTAD ES VINCULACIÓN, DEPENDENCIA

Para hacer más clara la verdad que incluye dicha sentencia, argumentaré los presupuestos conceptuales.

1. Entiendo que la libertad sólo puede entenderse en orden a la felicidad.

2. La libertad al margen del tiempo -en nuestro caso- y al margen de la decisión pierde toda comprensibilidad.

3. La libertad sólo parece real en cuanto puede “ejercerse” y todo “ejercicio” de la libertad es tal si posee intención, orientación, fin.

4. Parece por tanto que el fin, intención u orientación de todo ejercicio de la libertad es relevante humanamente en cuanto dice referencia a la felicidad: obviar esto es separar lo inseparable, es decir, realizar un acto gratuito de división que lleva a la pérdida de la sustancia inteligible de la libertad.

5. La felicidad no parece que pueda oponerse a la libertad. Felicidad y esclavitud no son buenas compañeras, como tampoco lo son libertad e infelicidad.

6. Por tanto, el núcleo de la libertad no puede ser contrario al núcleo de la felicidad, antes bien, deben ser correlativos, toda vez que existen una en orden a lo otro.

7. Ahora bien, la felicidad es incomprensible en soledad. Entiendo por soledad la carencia de vínculo real, consistente, con otra persona o personas. Allí donde vive la soledad vive la infelicidad.

8. Es más, parece que la felicidad es la “ligazón” por antonomasia: el amor parece ser el corazón mismo de la felicidad.

9. Por tanto, la libertad es tal -es decir, no es esclava- si su ejercicio es en orden a la felicidad, es decir, en orden al amor, en orden a la “ligazón” radical humana: el amor a otro.

10. El amor a sí mismo, la “auto-religación” es la soledad radical, la cerrazón que nadie puede, realmente, desear. Todo el que se hace a sí mismo “el Absoluto” parece condenado a la infelicidad: la indiferencia hacia los demás y de los demás hacia uno mismo.

11. La autonomía como significado propio de la libertad es la afirmación de que la libertad tiene como núcleo el sostenimiento del propio ser en orden al propio ser, es decir, la desvinculación.

12. La desvinculación, la autonomía, puede ser tenida como algo positivo sólo si la re-ligación, la vinculación con otros -ellos mismos- son reconocidos como amenaza de la propia felicidad-libertad.

13. La libertad que se desea autónoma y teme la vinculación es una libertad solitaria.

14. Ante la angustia que genera la libertad autónoma en su principio y en su fin, el hombre tiende a declinar parte de su libertad, a contradecirla y violentarla para tener algo de compañía y apagar así la tristeza de la soledad.

15. Se ve en este punto que la libertad y la felicidad -al menos la sustancia misma de ella- se muestran como contrarias: no pueden, de hecho, darse a la vez.

16. En tal caso:

SI LA LIBERTAD ES AUTONOMÍA

LA FELICIDAD ES SOLEDAD

ahora bien

SI LA FELICIDAD ES AMAR

LA LIBERTAD ES VINCULACIÓN-DEPENDENCIA

¿Alguien hay más dependiente que una madre respecto a su hijo? ¿Alguien más que un esposo respecto a su esposa? Y sin embargo la sustancia de su libertad está en la consumación de su re-ligación, la vivencia de su mutua dependencia.

Palabra vanidosa y palabra humilde.

La realidad es lo que hay. 

La vanidad es algo así como la búsqueda de la valoración externa mediante la manifestación de vaciedades.

La palabra es vanidosa cuando en la manifestación de la realidad no aparece ésta, sino un fragmento que, por aislado, es hueco.

A la palabra vanidosa se opone la palabra humilde.

La palabra humilde no fracciona artificiosamente la realidad, puesto que es veraz.

La palabra pseudo-humilde vacía de contenido lo lleno, y busca así la valoración externa mediante la manifestación de vaciedades.

 La palabra humilde no fracciona artificiosamente la realidad, puesto que es veraz.

La palabra vanidosa subraya el sujeto de la acción, olvidando que nada, absolutamente nada, ocurre sin el concurso ajeno.

La palabra humilde no fracciona artificiosamente la realidad, puesto que es veraz.

La palabra pseudo-humilde, subraya artificiosamente las acciones, pasiones u omisiones concomitantes infravalorando artificiosamente al sujeto primario de la acción.

La palabra humilde no fracciona artificiosamente la realidad, puesto que es veraz.

Leyendo a Viktor Frankl (y buscando sentido)

Como cada año echo un vistazo a “El hombre en busca de sentido”. Me gusta tenerlo fresco cuando voy a verlo con los alumnos. En esta ocación, mientras leía he vuelto a asombrarme, y he tomado unas notas. Las dejo aquí.

1. La existencia desnuda: sin pertenencias, sin ropa, sin nombre…

2. La dificultad para aceptar la verdad: aunque había algo verdadero.

3. Impasibles, con emociones embotadas; incapaces de sentir horror, asco…

4. El dolor de un latigazo y el dolor de un insulto; la dureza de la materia y la otra dureza.

5. ¡Qué importante es el cuerpo y sin embargo no lo es todo! El hambre, sus efectos corporales y psicológicos. El hambre y el deseo de superar la situación infrahumana de sólo pensar en comida.

6. ¿Y qué decir del contenido de la meta última del hombre, cuando todo se ha perdido? Habrá que recordar la palabra “contemplación”, tan mal comprendida en nuestro tiempo.

7. La sorprendente articulación entre insensibilidad y deleite en la belleza. Pero no se daba en todos.

8. Resolver el problema de la supervivencia: no es mera adaptación biológica. Aprender el arte de vivir.

9. Y los espacios de libertad,…

…y otras muchas cosas podrían comentarse.