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¿Que los sentidos engañan? No exageremos

La afirmación cartesiana junto al relativismo en su dimensión cognitiva, hacen acto de presencia constante en conversaciones más o menos informales y, por supuesto, en otras de carácter más científico: en el aula.

Y cada año he de abordar la cuestión; si bien es cierto que a estas alturas, y al no disponer del tiempo necesario para desarrollar una crítica completa, tiendo a resumir la respuesta en algunos breves argumentos.

Intentaré, con cierto orden, condensarlos en este post. Tienen, como tantos argumentos, una dimensión estrictamente lógico-deductiva, otra de precisión terminológica -buscar analogías propias, impropias y términos unívocos- y una última que busca la aproximación mediante ejemplos -esto es, auténticas analogías en ocasiones casi exclusivamente impropias-. De todos estos recursos, los ejemplos son lo más convincente a primera vista, pero también lo menos sólido. Habrá que tener cierto arte para añadir la cantidad precisa de cada ingrediente y que el conjunto no pierda el buen gusto.

1. Conviene distinguir:Ilusión Óptica

  • el conocimiento propio de los sentidos externos (ver, oír, tocar, etc.),
  • el de los sentidos internos (la imaginación, por ejemplo, es capaz de re-presentar los objetos “sentidos” en ausencia de la realidad e incluso de completar lo que no está apareciendo: al ver una silla por delante, nos “re-presentamos” la silla completa, con cuatro patas),
  • el de la inteligencia, que permite hacer juicios cuyo núcleo es la afirmación o negación, es decir, la dimensión asertiva y por tanto la pretensión de verdad.

Pues bien, si al mirar algo lejano “lo visto” aparece pequeño, el ojo ve adecuadamente -no hay más que caer en la cuenta de cómo funciona la perspectiva…-; el problema es afirmar “ese hombre ES pequeñísimo”. Es correcto decir que “a ese hombre LO VEO pequeñísimo”, porque es verdad; pero la segunda afirmación no procede de un engaño de los sentidos, sino de una falta total de conocimiento mínimo sobre cuestiones tan simples como las reglas de la perspectiva. 

Los sentidos nos engañarían si VIÉSEMOS a alguien a 50 metros con un tamaño de 1,70 (eso sería un gigante al aproximarse… en fin, todo un susto esa “falta de engaño”).

¿Se imaginan ustedes que no viésemos que el palo, al meterse en el agua, parece roto? ¿No sería absurdo que, al mirarnos los pies en una piscina nos asustásemos como si, de repente, fuésemos enanitos?

2. La condición de posibilidad de la sentencia “los sentidos nos engañan” es

  • que seamos conscientes de la diferencia entre acierto y error, engaño y no-engaño;
  • y no sólo eso, sino que dispongamos de un criterio para ello.

Por tanto, la condición de posibilidad de la sentencia antes señalada es que los sentidos no nos engañen siempre, y que tengamos posibilidad de saberlo.

Si todo conocimiento sensible fuese engañoso no podríamos afirmar que nos engaña, estaríamos permanentemente dentro de la red o del muro. El único modo de afirmar que estamos dentro de un corral -y por tanto que existe un mundo más allá- es haber subido al muro y haber mirado a los dos lados -o al menos que alguien te lo haya contado-.

MonedasEs decir, decimos que existen monedas falsas porque las hay verdaderas y podemos distinguirlas. Si todas las monedas fueran falsas, esas serían la moneda oficial. Si las monedas falsas no se distinguiesen de las verdaderas, no serían falsas (es decir, serían auténticas pero emitidas sin conocimiento suficiente del emisor legítimo, pero no falsas).

Y todo esto es relevante porque la cuestión de la verdad y la falsedad no es baladí. Cada semana tendré que introducirme más en ella por “exigencias del guión”, es decir, porque los diálogos irán discurriendo por ahí.

Al final, todas las conversaciones derivan hacia dos puntos clave: la distinción entre verdadero y falso y la distinción entre bueno y malo. Todo lo demás, una vez pasada la barrera de los prejuicios temáticos, cede ante este inmenso reto.

Leyendo a Viktor Frankl (y buscando sentido)

Como cada año echo un vistazo a “El hombre en busca de sentido”. Me gusta tenerlo fresco cuando voy a verlo con los alumnos. En esta ocación, mientras leía he vuelto a asombrarme, y he tomado unas notas. Las dejo aquí.

1. La existencia desnuda: sin pertenencias, sin ropa, sin nombre…

2. La dificultad para aceptar la verdad: aunque había algo verdadero.

3. Impasibles, con emociones embotadas; incapaces de sentir horror, asco…

4. El dolor de un latigazo y el dolor de un insulto; la dureza de la materia y la otra dureza.

5. ¡Qué importante es el cuerpo y sin embargo no lo es todo! El hambre, sus efectos corporales y psicológicos. El hambre y el deseo de superar la situación infrahumana de sólo pensar en comida.

6. ¿Y qué decir del contenido de la meta última del hombre, cuando todo se ha perdido? Habrá que recordar la palabra “contemplación”, tan mal comprendida en nuestro tiempo.

7. La sorprendente articulación entre insensibilidad y deleite en la belleza. Pero no se daba en todos.

8. Resolver el problema de la supervivencia: no es mera adaptación biológica. Aprender el arte de vivir.

9. Y los espacios de libertad,…

…y otras muchas cosas podrían comentarse.

Dificultades ante la novedad

Jamás pensé que tuviese dificultad para escribir. Puesto que son ya varios los días que llevo sin hacer acto de presencia en esta sitio, intentaré poner de manifiesto la situación objetiva.

1. Es complejo mantener la cabeza en más de un hilo discursivo simultáneamente. Así, el inicio de una nueva asignatura suele centrar toda mi atención, especialmente, en los momentos “vacíos” -de camino al trabajo, mientras hago alguna tarea manua..-

2. Cuando el hilo discursivo desea plasmarse en palabras, en blog, la situación se hace aún más compleja, puesto que la atención no sólo se centra en una temática, sino también en unas palabras: se piensa con palabras de modo mucho más explícito.

3. Intentar mantener tres blogs durante estos tres meses va a ser una tarea compleja, especialmente si se convierte en tarea solitatia: dialogar es más fácil que sólo proponer.

No son excusas, sino la discripción de las limitaciones psicológicas -esto es, de operatividad de las diversas facultades cognitivas-.

Cuenta Wolf que Tomás de Aquino, durante algunos períodos de su vida, si no recuerdo mal en aquellos en los que enseñaba en París, dictaba varios libros a la vez: tenía 3 o 4 amanuenses a los que iba dictando los “nada fáciles” argumentos, correspondientes a otros tantos castillos argumentales.

Ahora tenemos ordenadores, pero  no escribimos más ni mejor… la genialidad está en un sitio que no se parece “en nada” a la tecnología -no he querido decir técnica para evitar equívocos, lógicamente-.

Libertad real y percepción psicológica

Venía pensando estos días en eso que llamamos “libertad”. Tal vez sea que, en la vida de cada uno de nosotros ocupa un lugar francamente destacado. “Vida” y “mi vida” o se identifican, o no es tal. Hace años decía “¿vives tu vida o te la viven?” Aludiendo así a la capacidad de tomar decisiones frene al impulso de la moda, los estados de ánimos o las “sensaciones más profundas” (creo que el dolor de muelas y el hambre son sensaciones francamente profundas).

Ahora he de decir más.

La primera manifestación psicológica de la libertad, la propia de la infancia, es aquella en la que el niño “siente” -en el mejor sentido del término- que el viernes puede, en el colegio, elegir hacer un puzzle o colorear un dibujo. Realmente, la conciencia de libertad se hace increíblemente intensa. Más no ha de dársele -estoy exagerando- porque lo ilimitado le paraliza, no sabe qué hacer.

En la adolescencia, la libertad tiene, psicológicamente, el añadido del contenido. Puedo hacer esto, aquello o… cualquier otra cosa. La palabra “yo” es la clave. Soy YO, quien, con sensación de autonomía, de independencia, hago lo que considero oportuno. Obviamente esta última parte es explícita en el mejor de los casos. No es tanto “lo que considero oportuno prudencialmente”, cuanto “lo que quiero”. Ahora bien, la sensación de indeterminación frente al sujeto aumenta, por lo que la conciencia de independencia objetiva también lo hace. El tiempo y el espacio los ordeno yo. La independencia respecto al origen que configuraba el mundo de sus posibilidades aumenta, correlativamente aumenta la sensación de libertad. En este momento psicológico, la desvinculación es sustancial; la vinculación no puede ser, aún, atendida.

Ahora bien, la sustancia misma de la libertad toca a la sustancia misma del ser personal. Es decir, allí donde la libertad no afirma, el ser personal queda inédito. Y, por otra parte, quedar inédito en este campo es no ser y, al final, no cumplir la inmensidad de plenitud que cada uno es. La propia verdad quedaría oculta por falta de amplitud en la afirmación que la libertad puede llegar a asumir.

Digo permanentemente libertad y afirmación. Toda negación implica una situación de miedo respecto al mundo circundante, lo que es impropio del ser personal -quien ha de dominar la creación-; inadecuado para un ser que es, originariamente hijo, no esclavo; es decir, no inane sino lleno de posibilidad y potencia -que es más importante, claro-. Lo más que puede abarcar la libertad es la plenitud del propio ser, de la propia verdad. Interesante será, por tanto, acertar en esto de “la propia verdad”.

¿Cuál es la verdad más profunda, la afirmación más intensa, la determinación más personal? Sin duda algo que tiene la estructura metafísica (antropológico-trascendental) de nuestra originaria verdad “soy hijo”. Soy un ser querido con totalidad y exclusividad desde el origen. Mi verdad más radical consiste, precisamente, en la afirmación -aceptación radical- de esta verdad originaria. ¿Puede haber vínculo mayor? ¿Puede haber afirmación  más amplia, grande, total, imponente, acompañada, amorosa?

¿Y después? Es evidente que el camino de la propia verdad circula por el camino de la vinculación, superando ya las limitaciones de la percepción adolescente -que necesita “sentirse independiente” y por tanto sentir algo menor a la propia realidad antropológica-. Totalidad y exclusividad. Todo el tiempo y todo el espacio.

Sólo quien sabe, quien puede, quien aprende la vinculación total y exclusiva; quien supera los límites de la percepción psicológica de la desvinculación,  anda por lo más grande, más libre, más verdadero de sí mismo: está llegando a los últimos linderos de la propia existencia. Puede quedar inédito, cierto. La plenitud de cada persona no está asegurada, es un riesgo tan intenso como la vida misma.

Pero ¿qué es eso? Hay que aprender a vivir, a querer, a existir como un padre y una madre. Los otros, el otro concreto, es hijo, no meramente un igual y mucho menos papás que han de mimarme, atenderme o someterse a mi chantaje emocional… Entiendo que la madurez psicológica a la que me refiero es distinta a la procreación -cuantos padres infantiles, adolescentes, cuanto Peter Pan anda suelto…-. ¿Qué independencia espacial o temporal tiene un padre o una madre? y sin embargo, es signo evidente de crecimiento, de solidez y amplitud poder asumir el existir, el subsistir, el madurar de otra persona: el hijo.

Aquí lo dejo. Seguro que esto permite muchos, muchos comentarios.

Me quedo con un “requiebro teológico” que me impresiona cada vez que lo miro… pero será para otra ocasión.  

PD: como siempre, Leonardo Polo es una fuente inagotable de ideas; también Karol Wojtila en este caso, junto a una importante expresión de Millán-Puelles: la libre afirmación de nuestro ser (es el título de uno de sus libros). Otro día pondré los links. 

Típica pregunta: ¿”eso” es una ciencia?

No me la hicieron a mi, en este caso. Es cierto, me la he encontrado en múltiples ocasiones. Tal vez por eso, y por la vida misma, me lancé a sistematizar un poco lo que me contaban. Ahora la pregunta se dirigía a la “didáctica”. Sí, sé que es más difícil sostener su cientificidad frente a, por ejemplo, la filosofía; pero después de oír todas las notas que, desde fuera de la filosofía de la ciencia, me señalaban, creo que pude llegar a la siguiente conclusión.

1. En general, toda ciencia posee un “cuerpo de doctrina”, es decir, un conjunto de afirmaciones que se sostienen en cuanto verdaderas, con suficiente permanencia y coherencia interna.

2. Esa cierta “corporalidad” busca aportar luces, argumentos, criterios, etc. que hagan patente la verdad que buscan y alcanzan; por tanto, se puede decir que buscan dar “certeza” -firmeza subjetiva- a las verdades que se sostienen.

3. El punto anterior -certeza, firmeza de conocimientos- se alcanza por caminos racionales, es decir, apelando a la causalidad en sentido amplio.

4. Esa certeza se alcanza, en el caso de una ciencia atendiendo a un tipo de causalidad, en el caso de otra, a la que le corresponda. Es decir, los métodos -correlativos a la causalidad de la que hablamos- se adecúan a aquello sobre lo que versa la ciencia; hasta el punto de que unas ciencias toman de otras sus conclusiones, de modo que sólo aquellas afirmaciones que, con sus métodos pueden certificar, pasan por el tamiz de su crítica. El resto, las delegan (procuran no inmiscuirse)

Por último, esta persona apelaba a “esa disciplina existe académicamente”. Obviamente no es ese el argumento de lógica interna, pero sí posee fuerza suficiente: el consenso entre los científicos pone de manifiesto que es posible el diálogo razonable; además, cuanta más historia más consolidado dicho diálogo. Si bien es verdad que en estos siglos se ha considerado ciencia cualquier cosa -el marxismo, por ejemplo, llegó a ser considerado como única ciencia, y más en concreto, como método universal…. - no podemos obviar lo obvio: los griegos, los romanos, los medievales, los… hasta hoy.

Pasemos a la didáctica:

1. Su cuerpo doctrinal versa sobre: “cómo” se aprende-enseña; o mejor, sobre como enseñar para que se aprenda.

2. Quien aprenda didáctica general, sabe, tiene seguridad y capacidad de decisión sobre cuestiones particulares. Es dicr, posee firmeza subjetiva.

3. y 4. Argumentos: experimentales unos y sostenidos en otras ciencias otros: pedagogía general y psicología (en concreto, del aprendizaje, del desarrollo, de la instrucción, social, entre otras). Puesto que se trata de aprender, esto es, de crecer, implica una idea de fin que es de carácter filosófico. Estos tres elementos son los que sostienen los argumentos.

Desconozco desde cuándo existe la didáctica como disciplina independiente, ahora bien, en el renacimientos ya había mucho escrito sobre esta temática; y antes, Commenius, y antes, y antes….

Una última anotación: es posible un conocimiento teórico sin poseer destrezas técnico-artísicas; en tal caso, la capacidad de alcanzar verdades teóricas disminuye, puesto que hay una dimensión experiencial -sobre la que se sostiene esta ciencia- que no se alcanza. Por otro lado, ya que es posible un “saber hacer” sin que exista cuerpo doctrinal o reflexividad suficiente -se trata de un cierto conocimiento espontáneo-, puede ponerse en duda la cientificidad. También puede verse atacada en la misma medida en que posee una fuerte dependencia de las ciencias anteriormente citadas, entre otras. Es decir, alguno puede pensar que se trata de una mera conclusión práctica de otras disciplinas. 

Tendré que seguir hablando con los que saben de la materia.

Las relaciones “sentimentales”

Propongo que llevemos a cabo una dilucidación serena de la expresión que aparece en el título de este post.

Leía a Miguel Santa Olalla sobre las “Dos teorías (cotidianas) sobre los sentimientos“. La formulación ya obliga a matizar y repensar el modo habitual de expresarnos. Me ha gustado que Miguel señala que parece que “no pueden ser verdaderas a la vez”. Da paz oír esta expresión: implica que el mero eclecticismo no va a ser la respuesta, que se busca rigor lógico. Y ahora lo “gracioso”

Los sentimientos son uno de los temas universales…..

Después plantea las dos teorías contrarias (no pueden ser verdaderas a la vez): teoría concéntrica de los sentimientos, teoría de la amistad imposible… y resumiendo

 ”o bien no es posible una amistad “verdadera” entre hombres y mujeres (y siempre hay un tinte “sexual” en las mismas) o bien esa amistad sí es posible e incluso se puede convertir en una condición para no llegar a tener una relación sentimental”

¿No resulta interesante llamar “relación sentimental” a la específica entre varón y mujer? Y digo específica porque es, precisamente, donde se da la dificultad; no así en el resto de relaciones sentimentales…

El asunto: ¿Es una relación sentimental? ¿Es primaria y fundamentalmente sentimental como el resto de las amistades o es otra relación a la que puede acompañar la dimensión sentimental? ¿conviene, porque es lo más ajustado a la realidad, establecer diferencias sustanciales?

En todo caso, en un comentario a ese post, ya señalaba un cierto camino a seguir. Intentaré, en algunos post, ser fiel a ese recorrido.

Una breve presentación

Este mundo virtual está lleno de letras, de comentarios, de noticias, de discusiones, de todo. Dos cosas se ponen de manifiesto: unos pierden el tiempo y otros piensan; unos quieren contar lo que piensan, otros aquello con lo que pierden el tiempo.

Con este blog pretendo contribuir, en cierta medida, a lo primero. El papel blanco siempre me ha atraído; la conversación me fascina; hacer de casi todo motivo de charla es mi modo de ser. Este espacio no es sino la continuidad natural, un medio para que eso se incremente, se extienda.

Me dedico a la educación. Es decir, me dedico a ayudar a crecer a todo el que me encuentro. De ahí la necesidad constante de revisar qué sea eso de crecer, qué sentido tendrá, dónde estará el acierto. La vida no es irrelevante, el fracaso existe, el riesgo es nuestro modo de existir, el triunfo es lo que todos buscan. Me importan las personas y las condiciones familiares, sociales y políticas en las que pasan sus días y tienen oportunidades -o no las tienen-; los sitios en los que somos libres o esclavos. Por eso soy doctora en Filosofía y estoy haciendo una segunda tesis doctoral, ahora en Psicología, mientras doy clases a alumnos del área de Educación de www.villanueva.edu.