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Sobre la superioridad del amar y el matrimonio

Hace unos meses escribí dos post sobre “los modos de querer”. En el primero explicaba qué significa que querer sea “desear” y “decidir”; en el segundo hablamos de “dominar”, “crear” y “amar”. Cada uno de esos modos de querer convienen a la relación interpersonal. Sin embargo, el “amor” lo hace especialmente puesto que no se refiere al yo, sino al tú de modo preeminente.

En el deseo es posible quedar prendado del objeto de deseo en cuanto puede ser poseído por mi, de suerte que puede ser tenido al otro como medio. La decisión mira al propio yo puesto que éste se implica. El dominio hace también referencia al que quiere más que a lo querido, al igual que la creación. Sin embargo, en el AMAR todo es afirmación del otro.

Entre todos los amores hay uno que se refiere a la totalidad del otro y lo hace con la totalidad del propio ser. Cuando decimos totalidad nos referimos al espacio y al tiempo, a toda la existencia. Totalidad y exclusividad con capacidad inherente de crecimiento en el ámbito más profundo: la persona. Es decir, totalidad y exclusividad en la afirmación del otro y de mi propia existencia en esa afirmación, de suerte que ambos podamos seguir creciendo del modo más alto posible: el amor a una persona nueva, el hijo.

Bien, así las cosas, parece que, entre los modos de querer el “amor” es el más alto y, entre los amores, el conyugal es, a su vez, el más alto -si no hacemos referencia a la relación interpersonal posible entre el Creador y la criatura, en la que también es posible totalidad y exclusividad-.

¿Qué es un “ser vivo”?

“Para el viviente, ser es vivir”, en palabras del Estagirita.

Tendríamos que discurrir desde los más evidente a lo menos evidente. Así las cosas, podemos decir qué sea el ser vivo señalando qué rasgos tiene respecto a su opuesto, el ser inerte. Visto así, desde el ser inerte, el vivo posee unas características que, por referirse a su modo de ser, y no a acciones -operaciones- concretas, han de llamarse características metafísicas.

Las características metafísicas del ser vivo por antonomasia son: la automoción, la inmanencia y la heterogenedidad-organicidad. Es decir, los seres vivos se mueven por sí mismos; su obrar no es una actividad puramente transeúnte, sino que deja huella en el ser vivo, y su cuerpo es especial: está formado por partes diversas pero en perfecta relación, no se trata de partes iguales yuxtapuestas.

La pregunta que surge de inmediato es: cómo es posible que un ente posea tales características. Es decir, qué principios lo constituyen; qué principios, de los que depende el ser y el modo de ser, tiene. Y recordemos que un “principio con depedencia en el ser” es una “causa“. Pues bien, hacerse cargo de qué sea un ser vivo es ver sus características metafísicas y ser capaz de dar una explicación causal de ese modo de ser.

El ser vivo posee

“partes fuera de partes” -materia

“principio ordenador”-forma

“principio de operaciones”-eficiencia

“sentido de las operaciones”-fin

Baste por ahora este brevísima explicación. Hacerse cargo de qué signifique cada una de estas causas -tetracausalidad-, es harina de otro costal.

La “paradoja epistémica”

Sigo con la cuestión planteada en el post relativo a la verdad histórica, y sin ánimo de ser relativista. En efecto, decir que la “verdad absoluta” no la tiene nadie no implica negar la verdad: algo puede ser “absolutamente verdadero” pero no ser la “verdad absoluta”.

Pues bien, copio unas palabras de Rof Carballo en su artículo “La paradoja epistémica y el futuro de la medicina psicosomática” (Anthropos, 1993, 128)

“… en los más diferentes dominios de la ciencia la forma de plantear nuestros experimentos y nuestras preguntas influye de manera decisiva en la realidad que observamos”.

Obvio.

La verdad de la historia

La verdad histórica existe, puesto que hay algo necesario -el pasado- que puede ser conocido. Ahora bien, el nivel de certeza alcanzable es relativo por diversos motivos:

1. Se conoce a partir de datos, algo así como efectos de las acciones mismas: datos e historia no son sinónimos.

2. La historia no es la mera amalgama de datos, sino algo más.

3. La historia no es la mera amalgama de biografías, sino algo más.

4. La historia no es la mera conciencia subjetiva de alguno de sus protagonistas, sino algo más.

5. La historia posee cierta racionalidad, pues es cognoscible, pero es una racionalidad especial.

Ahora bien:

1. Sin duda la historia significa hechos, cognoscibles a través de datos.

2. La historia significa razones de los hechos, cognoscibles a través de datos y del conocimiento de uno de los motores de la historia: la acción humana.

Cada día veo más claro que las lagunas son muchas y también que el marco conceptual desde el que se narra la historia supone todo un tamiz gracias al cual se decantan los datos. Es decir, de todos los elementos que han aparecido en la relación precedente, la comprensión de la naturaleza humana no es algo histórico, sino suprahistórico, y, sin embargo, clave para la comprensión de la realidad histórica. Es decir, para hacer historia se requiere una cierta idea del hombre mismo, previa ciertamente, aunque luego venga a quedar ilustrada por la historia misma: pero es previa, insisto.

Por otro lado, es ingenuo pensar que los datos poseen todos la misma relevancia, el mismo peso en orden a configurar una narración. Pues bien, la fisinomía de los datos procede de un marco externo a la historia. La pregunta no es historia, sino suprahistoria, por lo que el inicio de la narración y el criterio mismo de decantamiento es suprahistórico.

¿Y qué decir de ese enigma según el cual la historia, teniendo lógica supra-personal no posee sujeto supra-personal? Misterio. La historia puede narranse sin nombres propios y ser razonable, aunque nunca acaece sin nombres propios… misterios.

Amor al silencio

Cierto: no todos los silencios son iguales. He conocido muchos; enumeraré algunos de ellos:

Silencios de indiferencia

Silencios de timidez

Silencios de culpabilidad

Silencios de idiotez

Silencios de reflexión

Silencios de reverencia

Silencios de adoración

Silencios de contemplación

Sin embargo, no conozco tantos ruidos, tantos matices vitales que sean capaces de modular el ruido. La voz no es ruido, sino sonido articulado; la voz inteligible es palabra y la palabra verbo, y el verbo inteligencia, alma.

Pero el ruido… el ruido es la ausencia de naturaleza -la naturaleza es sonora, no ruidosa- y ausencia de inteligencia. Y hoy, en el patio de mi casa había ruido, y anoche, en ese mismo patio, había ruido… En la ciudad hay ruido tantas y tantas veces, por eso hay soledad, por eso es posible la multitud solitaria de la ciudad, porque el sonido no llega a voz, a palabra… y tampoco llega a ser sonido natural, de la vida en movimiento armónico.

Por tanto, habrá que enseñar qué silencios y qué sonidos han de buscarse, hemos de aprender a deleitar. ¡Ah! y no todo lo que llaman música es sonido humano… a veces es ruido enlatado y soltado a través de aparatos espasmódicamente!!!

Multiculturalidad y otros problemas

Este ha sido otros de los temas tratados durante el verano; bien es cierto que, por lo interesante, importante e ingente número de implicaciones podría ser objeto de horas y horas de exposición, discusión, etc.

Puesto que, como es habitual, voy corriendo sobre el teclado, dejaré algunas anotaciones relativas al punto más destacado: por qué es tan, tan problemática la cuestión de la multiculturalidad, toda vez que el contacto entre culturas siempre ha existido.

1. El contacto entre culturas siempre ha existido y, por exigencias de humanidad, el contacto implica siempre modificación: ignorar al otro es inhumano, hablarle es influirle.

2. El contacto-diálogo entre culturas es posible sólo si poseen parámetros análogos: es decir, si los ejes metaculturales tienen alguna similitud.

3. El eje sobre el que gira cualquier cultura es su CULTO. es decir, el conjunto de valores sobre los que gira la entera existencia, de suerte que en toda cultura exite un ámbito sagrado que da su especial tonalidad al resto de las instituciones culturales.

4. En la historia general de las culturas sólo ha habido una en la que su núcleo no es lo sagrado, sino la negación de toda sacralidad. Si, es la nuestra…

5. No parece posible el diálogo entre culturas en las que el esquema último de una de ellas implica la negación, no de las particularidades de la otra, sino de su relevancia existencial: es decir, si una de ellas consiste en negar todo valor a la otra.

En fin, que nuestro contexto laicista -no laico, obviamente, porque laico es el no clérigo-, es una auténtica dificultad para acoger dignamente a cultura alguna. Toda cultura no laicista es amenaza y, puesto que la cultura por antonomasia en occidente es la cristiana, se generan situaciones anómalas de negación de valor y de derecho a existir y para ello se exaltan, ilógicamente, religiones que no pertenecen a nuestro contexto.

Entiendo que esto es sólo una mínima gota de agua en un océano de dificultades. La crítica al etnocentrismo cultural, el relativismo etc. tendrán que ser tratados en otro momento.

 

Los contrastes de la modernidad: neuro-determinismo y libertad

La década de los 90 o ”década del cerebro”: ese es el lugar al que quiero dirigir la mirada. Ya desde los 60 la investigación neurológica experimentaba avances increíbles, pero en los 90, las técnicas de neuroimagen hicieron a muchos pensar que podría conocerse dónde, cómo y lo que es más llamativo, por qué actuamos del modo cómo lo hacemos. Cuando decidimos se activan unas zonas del cerebro, cuando impera lo onírico, cuando deseamos un helado.. se puede ver casi todo. Fruto de estos avances hay quien, tras leer la divulgación que de estos avances se realiza, termina pensando o medio-pensando que todo es, al fin y al cabo, cuestión de neuronas y reacciones químicas.

Simultáneamente, estamos en época de exaltación de la libertad, de exigencias de responsabilidad, de deseos de autonomía e independencia personales….

Pues bien, ambas tesis son contrarias:

o la conducta humana es fruto de la determinación neurológica,
o la conducta humana se compone de verdaderos “actos humanos”, es decir, de actos libres cuya última razón supera la necesidad material.

Argumentos frente al neurodeterminismo hay muchos. Una de las líneas argumentales discurre de la mano de la demostración de la espiritualidad de las facultades superiores: la inteligencia y la voluntad. Otra línea es más intuitiva, tal vez, y hace referencia al modo de estar el hombre en el mundo y enfrentarse a los problemas. Ambas cuestiones las tratamos con detalle en clase. Aquí tal vez salgan brevemente en otro post.

Ritmo y amabilidad

He visto a una persona hablando con otra, en un pasillo y… me he sorprendido viendo, por más que parecía un hecho fácil, superficial, que estaba cargado, denso, pleno de humanidad.

En ningún momento dejó, quien escuchaba, de mirar a la cara al que hablaba.

En ningún momento giró el cuerpo en ademán de cambio de rumbo, de prisa.

En repetidas ocasiones asintió con la cabeza…

Era un pecualiar ritmo de gesto y palabra que hacía fácil que le contaran, que le siguieran contando. Es obvio que estoy escribiendo un hecho que para mi es un deseo: no quiero aprender estrategias, obviamente; quiero aprender a tratar a todos como merecen… Y el verano es buen momento para ello.