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October 4th, 2010 — Antropología
Es algo reiterativo: no se entiende bien la expresión “el hombre, propiamente, no tiene instintos”. A pesar de señalarse que “propiamente”, en sentido lato, no preciso, genérico, etc. podría decirse que tiene inclinaciones, tendencias, pero no instintos “propiamente“.
Razones:
1. Defínase adecuadamente qué es un instinto: conducta compleja, innata, estereotipada, específica, que se desencadena indeliberadamente y se continúa hasta su consumación, orientado a la supervivencia del individuo y en último término de la especie. Son suficientemente distintos de los tropismos, taxias y reflejos.
2. Piénsese en autores tan variados como Zubiri, Uexkull, Rof Carballo, Polo, Tomás de Aquino, Leibniz… ningúno atribuiría, propiamente, instintos al hombre.
3. Considérese que la plasticidad de los instintos es mayor en las especies superiores; dado que el salto entre el animal y el hombre no es meramente cuantitativo… ¿no parece adecuado señalar que la modalidad de “instintos” del hombre es “cualitativamente diversa”?
4. Considérese que los procesos de “aprendizaje” de conductas instintivas son muy tempranos en el animal -piénsese en el troquelado-, y están dirigidos a consolidar conductas complejas, restringiendo con ello el ámbito perceptivo y los medios para alcanzar fines. En el hombre, los aprendizajes tempranos van ligados a dos ámbitos: el lenguaje y la técnica. Ninguno de ellos restringue ámbitos, sino que los amplía indefinidamente; es decir, siguen el camino inverso al del aprendizaje de conductas instintivas propia de los animales superiores.
En fin, esto era sólo un apunte.
February 16th, 2010 — Antropología
La antropología filosófica no es asunto fácil… al menos a mi me parece altamente compleja. Todo tiene que ver con lo humano. Sin embargo creo que hay algunas cuestiones que, sea cual sea el planteamiento general o el marco conceptual en el que se desarrolle el discurso, no han de olvidarse. Obviamente no creo que sea exhaustivo…
1. El hombre es un determinado tipo de ser vivo.
2. El hombre es biológicamente inviable al margen de la inteligencia. Nacemos prematuramente.
3. El hombre es radicalmente creciente, pero puede fracasar…
4. El hombre es radicalmente familiar.
5. El hombre es un ser personal.
Son sólo cinco afirmaciones, pero creo que sus implícitos son abundantísimos. No tenerlas en cuenta, en todo caso, daría lugar a antropologías, a mi juicio, “cojas”.
January 28th, 2010 — Antropología
En torno a la figura paterna -y a la paternidad misma- hay un encendido diálogo. Qué elementos son sustantivos o configuradores de su identidad y cuáles conforman el rol, por tanto está sometido a la diversidad cultural, es cuestión que está dilucidanto una amiga.
Pertendo llamar la atención sobre un asunto obvio -a juicio de Rof Carballo-:
Querámoslo o no, todo crecimiento sano, creativo -cada uno ha de crear la propia biografía-, para “amar y trabajar” -así sintetizaba Freud la felicidad humana-, es hombre ha de contar en su haber con una raíz vivificadora que es precisamente, la seguridad y el cuidado del amor maternal y la confianza en el orden paterno (Cfr. Rof Carballo, J., Violencia y Ternura, 292)
Hasta el extremo que la carencia de esas raíces lleva consigo la forja de personalidades llenas de sentimientos de culpa y de violencia; de ausencia de esperanza básica y de conformidad entre el devenir de los tiempos -la providencia- y la propia menesterosidad.
En una sociedad en la que cada persona carece de esa vinculación originaria se producen cuatro huidas:
1. La “huida de la libertad”, que hace que se prefiera la seguridad que da el conocimiento de un pequeño sector del mundo técnico frente al pensamiento meditante y reflexivo.
2. La “huida de la tierra”, con todo lo que esto significa: su nexo con el mundo matrialcal. Es el desarraigo hasta perder la vinculación con la Naturaleza.
3. La “huida de lo alto”, del “mundo paterno”, de toda instancia de autoridad sustituyéndola por el juego de la razón. En esa situación, el hombre deja de “escuchar el soplo iluminante y sobrecogedor que en decisivas ocasiones de su vida le viene de los cielos”.
4. La “huida del amor”. En efecto, nuestra sociedad descansa sobre el placer de comprar, sobre el intercambio de cosas. Una de sus expresiones más notorias es el auge y la exaltación del erotismo contemporáneo que llega a extremos obsesionantes.
Todo esto comporta la pérdida de la interioridad, del pensamiento libre.
Frente a eso, Rof describe el descubrimiento de lo numinoso, de lo sagrado, el aprendizaje de la reverencia, del respeto temeroso -en términos heideggerianos-, precisamente en ese mismo contexto familiar, en el que se da la protección materna y paterna -cada una con sus rasgos específicos-.
“Se declara con frecuencia, siguiendo la formulación de Heidegger, que el hombre está geworfene, arrojado, en la existencia. Es cierto, pero lo está a través de alguien. Ya vimos que el niño se abrigaba de su temor frente a lo desconocido en el regado de sus padres. Más adelante se le educa en el respeto a sus progenitores. Pero cuando se vuelve hombre, ha de sentir aquello que en la vinculación a sus padres lo une al mundo de la cultura y de la tradición y, a la vez, al misterio que rodea su existencia, en forma de temeroso respeto (…). Nosotros decimos veneración. En la veneración a los padres está el germen del respeto frente a lo numinoso. A través de los padres se encuentra el hombre vinculado con el misterio del origen, de su ser en el mundo. (…) esa veneración hacia sus lares paternos, que constituía una de las formas más elevadas de amor, puede convertirse en una de las raíces de su sentimiento religioso (…)” (Rof Carballo, J., Cerebro interno y mundo emocional, 338-339)
December 31st, 2009 — Antropología
Cerramos un año más. Sin duda he descubierto muchas cosas: el contacto con tantas gentes y tantos libros lo facilita. Sin embargo quisiera destacar la cuestión ecológica de nuevo; en efecto, ya le dediqué cuatro post durante los meses estivales.
Allí se señalaban, básicamente, cuatro aspectos:
1. Ecología, etomológicamente, “estudio de la casa del hombre”. El mundo como cosmos y por tanto como todo ordenado.
2. El mundo es para el hombre Don y Tarea.
3. La proximidad existente entre la connaturalidad ecológica y relativa a la ética y la estética.
4. El hombre no es una cosa entre las cosas, pero existe continuidad entre la lógica de las leyes naturales y la ley natural.
Un aspecto más me recordaban en una interesante conversación: la cultura que puede desarrollarse en torno al cuidado y respeto por la naturaleza tiende a ser SOBRIA. Los excesos, el consumismo, el utilitarismo, están lejos de la cultura ecológica.
Que la sobriedad es una virtud requiere poca argumentación. Sin embargo aportaré un brevísimo pensamiento: el no sobrio, el destemplado, es personaje cuya felicidad es tan efímera como la posibilidad misma de disfrute posesivo; a lo que ha de añadirse que la posesión misma es realidad que no depende sólo de sí. Implica una importante restricción de libertad la situación de dependencia de lo arbitrario. El destemplado tiene su felicidad pendiente de un hilo y además, ese hilo es caprichoso.
El sobrio, el templado, conoce sus necesidades, pero no pone en su satisfacción el fin de su existencia. Las conoce y señorea sobre ellas. El templado puede recibir puesto que no ansía; reconoce el sobrante de la realidad porque no es ser necesitante, sino sólo limitado. El templado puede atender a las personas, atiende a las personas porque la posesión de las cosas no agota su potencial vital. El templado no busca la ataraxia, sino lo más alto, reunir todas sus facultades -sus potencias- para un disfrute superior-.
Feliz Año Nuevo
October 11th, 2009 — Antropología, Ética, Edu "reflexión"
El desarrollo personal es imposible al margen de las relaciones interpersonales. Habitualmente se dice que el hombre es “social por naturaleza”. Sin embargo, la consistencia social, la fortaleza de los nexos sociales no está asegurada, es decir, el hombre debe empeñarse en forjarlos y sostenerlos, en acrecentarlos.
Pues bien, “la caridad en la verdad es la fuerza impulsora del auténtico desarrollo de cada persona y de toda la humanidad”. Esa es la cuestión que más llama la atención del texto de Ratzinger -de Benedicto XVI- que venía leyendo. Las relaciones de intercambio -doy para que me des- o las de obligación -doy por deber- son insuficientes. Las relaciones interpersonales exigen “dar” no sólo “lo suyo” sino “darme a mi mismo”, como condición necesaria para el desarrollo de cada persona y de todas las personas.
¿Qué sería de la educación si el maestro tan sólo cumpliese con la obligación derivada de su contrato? ¿Acaso pagan al maestro por sonreir? ¿Qué sería de un maestro que no sonriera, que no diera las gracias, que no mostrara la verdad que orienta su existencia? ¿Qué sería de la educación si el maestro no pensara más en el alumno que en él mismo y las relaciones de “estricta justicia” que le vinculan al niño y su familia?
Ahora bien, la caridad no se reconoce si se desvincula de la verdad. Ésta quedaría restringida a acciones marginales, a sentimentalismo y, en último término, a acciones cargadas de arbitrariedad y por tanto de egoísmo. Sólo con la verdad que rescata los hombres de las opiniones subjetivas, la caridad puede ser comprendida y comunicada. La verdad sobre el hombre que supera toda moda cultural, llena de contenido la caridad y hace de ella un ingrediente necesario en el establecimiento de relaciones interpersonales.
Por otro lado, la verdad sin caridad dejaría a ésta sin fuerza para impregnar la vida. La verdad sin caridad no es vida, es sólo palabrería que no se vincula al bien de las personas, de cada persona y de todas las personas.
La caridad en la verdad lleva a superar la mera justicia -sin desvirtuarla, sino llenándola de la infinita dignidad de cada hombre-, y a buscar el bien común: el bien de cada hombre y de todos los hombres.
¿Cuál es el riesgo? El desprecio de la verdad, la ignorancia de la verdad. El hombre quedaría al albur de otro hombre si no se “reconociera” su verdad. Los derecho inalienables que no son propiedad de nadie.
July 17th, 2009 — Antropología, Arte
De la creatividad puede hablarse desde muchos puntos de vista o, es estudiable desde diversos planos epistemológicos. La psicología es, tal vez, la ciencia estrella en la actualidad. Sin embargo, creo que es posible una aproximación más “sencilla”, y bastante más “intuitiva” y no por eso menos profunda -creo que incluso lo es más-.
Cuando decimos creatividad otros términos vienen de su mano.
En primer lugar implica hablar de “algo” creado. En efecto, la existencia de algo, algo que es creado, es indisiciable de la creatividad. Estamos hablando con ello de la existencia de un “producto” creado. En virtud de ese producto calificamos la creatividad. Algo es claro, podemos hablar de mayor o menor creatividad en virtud de ese producto. El carácter efímero, frívolo, o consistente de lo creado habla de la profundidad de la creatividad.
Hablar de creatividad lleva consigo, también, hablar de original. Así, lo creado es lo original, es decir, lo que tiene un origen. En ausencia de origen no hay creatividad. Con ello estamos hablando del origen de lo creado, es decir, de alguien que es capaz de decir, “esto es mío”, “esto lo he hecho yo”, yo soy el responsable. En ausencia de principio, no hay creatividad. La mayor o menor intensidad del acto libre principio del crear algo, es decir, en virtud de la intensidad del acto originario principio de lo creado, habla de la mayor o menor creatividad.
En tercer lugar la creatividad de refiere a lo nuevo. Lo repetido no es lo creativo. Ahora bien, lo realmente nuevo es aquello que no tiene igual y por tanto el radical último ha de denominarse único. Sin embargo lo único es la persona, todo lo demás es único en virtud de su relación con un origen único. Así la mayor o menor proximidad a la novedad misma que es ser persona, habla de la mayor o menor creatividad.
Un último apunte: se habla también de creatividad para referirnos a lo inventivo o lo imaginativo. Entiendo que esto se refiere a la capacidad humana para “encontar” -eureka-, algo que antes no se sabía o, más en concreto, la solución a un problema; es decir, la nueva disposición de medios. Eso, sin duda, es obra principalmente de la imaginación.
Así las cosas, ser creativo implica,
ser capaz de hacer “cosas”
hacerlas “desde uno mismo”
tan “nuevas” como cada uno
buscando “soluciones” distintas.
Entiendo así que la frivolidad, la falta de libertad, el desconocimiento de la unicidad propia y la carencia de capacidad para mirar la realidad son las grandes dificultades para ser creativos.
Entiendo también que esto implica que todos somos creativos pero que podemos serlo más o menos, en virtud de los elementos señalados y sus correlativas dificultades.
Pero una explicación más detallada necesitaría mucho más espacio. En otra ocasión seguiremos.
May 21st, 2009 — Antropología
Revisaba hoy unos argumentos conocidos, pero no por eso menos interesantes. La fuente es el libro “Quién es el hombre” de Polo, en concreto el capítulo IX. Dejo aquí una pincelada para que, quien quiera, continúe la lectura.
La filosofía, como actividad teórica, es “rara”, poco frecuente… y los filósofos también son raros, poco frecuentes. Si atendemos a la historia universal, desarrollos propiamente teóricos han tenido localización “espacio-temporal” bien delimitada.
Pues bien, la actividad teórica descubre que no todo en la realidad ni en el hombre está “subsumido” en el tiempo, no todo está sometido al imperio del tiempo. La realidad es estable -lo ente- y su correlato en el hombre, también estable, es el nous.
Semejante decubrimiento es relevante puesto que está afirmando el hombre el “nous” es “extratemporal”. Verdaderamente asombroso.
May 12th, 2009 — Antropología, Eventos
Pues si, el Instituto de Estudios Filosóficos Leonardo Polo.
El pasado sábado tuve la suerte de asistir -y participar- en la VI Jornada del Instituto. Juan Fernándo Sellés -con una magnífica conferencia-, Juan José Padial y yo, estábamos en la mesa. Tras la exposición un tiempo para preguntas.
Lo mejor: las personas.
Lo más interesante: las personas
Lo que encierra más esperanza: las personas.
Dejo a los expertos la profundización en las cuestiones allí tratadas -que dicho sea de paso fueron también buenas, muy buenas-, y os remito al sitio en el que podáis ver la información. Como adelanto, el título: “La novedad de la antropología trascendental poliana en contraste con las antropologías del siglo XX”.