La existencia humana es por la compañía. En efecto, es el amor el principio de toda existencia -ya sea el amor de los padres, Dios lo quiera, ya el amor de quien es Fons et Origo-. Por eso, por el principio del existir mismo, hemos de afirmar que “la soledad no es humana”.
Pero tampoco el discurrir de la existencia lo es. El ámbito familiar es el lugar propio de la vida del hombre; también el social, el de las relaciones extra-familiares.
Ahora bien, uno y otro acontecimiento -el empezar a existir y el sostenernos en la existencia digna- son posibles por la palabra.
Cuando dicen algunos que “las palabras se las lleva el viento”, tiendo a pensar que no saben qué es la palabra, la palabra humana y, mucho menos, la Palabra Divina.
Atendamos a tres realidades inmediatas del existir humano en el que la palabra, no sólo no es llevada por el viento, sino que posee “eficacia”. Me refiero al consuelo, al perdón y al compromiso.
El consuelo es palabra capaz de mitigar el sufrimiento que, según algunos, es solitario por antonomasia… y no lo es. Precisamente en su radical negativo es solitario -y desconsolado, por tanto-. En su valor positivo el sufrimiento es el lugar donde se encuentran intimidades: una sufre, otra consuela.
El perdón: pedir perdón es acto verbal. Perdonar es acto verbal. Es inimaginable lo que puede llegar a suponer, en una biografía como la tuya o la mía, el ejercicio del perdón: el pedir perdón y el perdonar. Realmente la narración de la propia existencia será radicalmente diversa atendiendo a la escueta y eficacísima palabra “perdón”.
¿Qué decir el compromiso? Si. El transcurso vital se construye por el entramado de compromisos, de lealtades, de relaciones que llegan a decir, incluso “quién soy”. El “yo” solitario no tiene nombre. El nombre nos fue puesto y los apellidos nos son dados. El reconocimiento de esta aplastante realidad es la aceptación de un compromiso originario de dependencia y gratitud. El nombre: Palabra.
Habla Ratzinger de la existencia de aquellos que se consagraban a “quaerere Deum”, y lo hacían a través de la Palabra en la que Él mismo se ha hecho camino. ¿Mayor eficacia de la Palabra?









