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¿Por qué es importante distinguir la facultad, el órgano y la operación?

He aquí otra pregunta común. Puesto que la respondí con detalle en Antropología y Educación, al hablar del Caso Genie entre otros muchos lugares, señalo aquí, telegráficamente, algunas de las ideas centrales tratadas a lo largo de este tiempo:

1. Definamos:

  • Operación: cada uno de los actos de las facultades.
  • Facultad : capacidad operativa.
  • Órgano: la disposición orgánica necesaria para realizar operaciones.

2. Lo más llamativo es que, mientras que la facultad se predica de todos los individuos que pertenecen a una especie, y por tanto, es un poder necesario permanente en el tiempo, las operaciones son, de suyo, discontinuas. Obviamente han de ser realidades diversas.

3. La segunda cuestión llamativa es que mientras la pertenencia a una especie no admite grados -o se es o no se es-, las disposiciones orgánicas son falibles y en absoluto estables o necesarias. La evidencia es excesiva como para detenerme más en ello.

4. La dificultad está, en ocasiones en la mismas palabras. Si conseguimos usar el término “facultad” como lo que es -el sobrante formal, o la causa formal del ser vivo que no se agota en configurar a la materia y “puede” hacer más cosas…. en este caso operaciones-. Simple… pero no tan fácil de ver.

5. Así, perder un órgano no es perder la facultad en sentido propio, sino sólo que no se pueden “de hecho”, realizar operaciones. La “potencia activa” -otro nombre que puede aplicarse a la facultad- no puede realizar actos.

No me detengo más, por ahora.

¿Qué implica la afirmación “el hombre es un determinado tipo de ser vivo”?

El motivo de esta cuestión es análogo al de los post precedentes: son preguntas que suelo hacer y, por tanto, que me suelo hacer. Cierto que fueron abordadas en, al menos tres lugares de “antropología y educación”, pero merece la pena volver sobre ellos. También, como en ocasiones anteriores, responderé casi telegráficamente, tal y como vienen las ideas a la cabeza:

1. El hombre posee todas las características propias de los seres vivos en general: automoción, inmanencia, organicidad, heterogeneidad, crecimiento armónico. Educativamente las implicaciones son infinitas. Tal vez lo más llamativo sea lo referente al crecimiento. Vivir es crecer, y éste es fruto de la automoción y la inmanencia. El protagonismo es, por tanto, del alumno.

2. Podemos realizar del hombre, como del resto de los seres vivos, un análisis causal. Esto nos ayudará a comprender “cuan humano es el cuerpo humano”. Desde esta perspectiva la consideración instrumental del cuerpo carece de fundamento y violenta gravemente la naturaleza del hombre mismo. En el hombre no hay nada que no participe de su radical dignidad… piense cada uno lo que piense. También podemos señalar que nada escapa a la lógica del crecimiento humano, y por tanto, que todo en el hombre está llamado a lo mejor, y lo mejor no es algo arbitrario, sino dependiente del propio modo de ser y obrar (automoción).

3. Señalamos “determinado tipo” en la formulación de la pregunta. En efecto, el nivel de automoción e inmanencia es propio del hombre y no del resto de los seres vivos. Se suele hablar de racionalidad y libertad. Es acertado, pero tendríamos que añadir que toda la dinámica psíquica, toda la operatividad del hombre, es especial: también la imaginación, la cogitativa, los apetitos, etc. son especiales en el hombre. Este es el lugar desde el que ha de argumentarse que el hombre carece de instintos.

4. Las implicaciones educativas de la anterior afirmación exceden con mucho este espacio, pero podemos apuntar que, en la consideración del “ayudar a crecer” no ha de obviarse ninguna de estas capacidades operativas: desde la discriminación sensorial al razonamiento lógico matemático, pasando por el desarrollo del apetito irascible -capacidad de afrontamiento-, etc. etc. etc. Ninguna de estas capacidades operativas son idénticas en el animal. Al hombre se le educa, no se le adiestra; hacerlo implicaría la negación de la radical unidad del psiquismo humano, sería violentar la naturaleza humana.

5. Es en este punto en el que se inserta el crecimiento armónico de la personalidad, es decir, lo los rasgos operativos suficientemente estables que caracterizan el obrar del cada hombre.

Y por ahora… nada más.

¿Son propiamente “opinables” los criterios para “ayudar a crecer”?

Esta es otra cuestión que se plantea con frecuencia en el contexto educativo. Como de costumbre responderé brevísimamente a esta compleja cuestión.

En primer lugar un par de aclaraciones: donde digo “ayudar a crecer” estoy queriendo significar “educar”. En segundo lugar, entiendo que criterio es un principio primero, no la concreción última o inmediata en la acción educativa. Una última apreciación: opinable no es un término baladí. Está escrito con toda intencionalidad y se refiere a aquel estado de la mente que no se adhere con total certeza a la una afirmación, precisamente porque no PUEDE hacerlo, es decir, porque aquello que se afirma es, o bien contingente, o bien imposible de conocer con total seguridad. En todo caso, porque carece de un referente necesario.

Así las cosas,

1. Si es posible la frustración y el fracaso en el crecimiento de la persona es necesario afirmar que los criterios no son todos iguales. En efecto, no todos conducen a esa situación pero algunos sí pueden hacerlo.

2. Si hablamos, por tanto de crecer y es posible “decrecer”, es porque las condiciones iniciales para el crecimiento tienen ya, en sí mismas, indicaciones sobre lo adecuado o no adecuado al propio modo de ser.

3. Si afirmamos, por tanto, que existe una verdad originaria sobre el hombre y un dinamismo propio de su modo de ser -algo así como una naturaleza humana-, los criterios que rigen su crecimiento habrán de corresponderse con ella.

4. Si la naturaleza humana es algo cognoscible, al menos suficientemente cognoscible, los criterios que rigen su crecimiento no son propiamente opinables, sino que dependen necesariamente de dicha naturaleza.

5. Sí sería opinable el proceder concreto en circunstancias concretas, toda vez que éstas sí son contingentes.

6. No significa esto que la acción educativa sea fruto de la pura deducción desde principios generales, sino que hay, en la educación, elementos no contingentes que vivifican o guían la acción educativa.

7. Si es posible una ciencia en torno a la educación es porque hay algo en ella que supera la pura circunstancia: es decir, que hay algo que posee permanencia y es susceptible de ser conocido con certeza.

En definitiva, responder afirmativamente a esta pregunta implica la negación de la existencia de la naturaleza humana y la negación de la pedagogía como ciencia.

Responder negativamente a esta pregunta, es decir, indicar que no son “propiamente opinables” los criterios para ayudar a crecer implica que hay unas condiciones y criterios preestablecidos relativos al crecimiento humano y que, por tanto, es posible estudiar dicho crecimiento y los procedimientos para ayudar a que éste se produzca, es decir, es posible la pedagogía como ciencia humana y no meramente técnica.

“El hombre necesita saber qué es para serlo”

Esta magnífica sentencia es de J. Choza. Creo que dice mucho, muchísimo sobre el hombre. Pregunté algunas implicaciones y el significado -al menos parte de él- y no siempre dieron en el clavo -ni en la periferia-. Indicaré aquí algunas implicaciones.

1. El hombre no nace siendo “del todo lo que es”. Nacemos sin terminar.

2. La plenitud no es algo dado: es un riesgo. Podemos no llegar a ser lo que somos.

3. El contenido que se de a la pregunta “quién soy” es relevante, determinante, para llegar a serlo.

4. La plenitud personal no es algo arbitrario, sino ligado a una verdad originaria de cada hombre.

5. Para llegar a plenitud se requiere la reflexión sobre el propio ser, sobre la cuestión de quién soy.

6. Pero anterior a la reflexión se sitúa la ayuda que otros nos prestan: al principio somos educados.

7. Puesto que no nacemos sabiendo quiénes somos, aquellos que nos ayudan a descubrirlo tienen una grandísima responsabilidad.

8. Puesto que no nacemos con la respuesta a dicha pregunta, es obvio que nacemos en situación de debilidad y, propiamente, en manos de otros. Sería bueno que esas manos nos quisieran, nos iluminaran con rectitud.

9. Propiamente, quién he de ser depende de una verdad previa “quién soy”. Si el desarrollo de la propia plenitud exige el ejercicio de la libertad, es obvio que la consecución de la misma no es algo autónomo: ni en el proceso ni en el contenido.

10. Si la libertad tiene alguna relación con la felicidad -entendiendo ésta como el lugar de la plenitud-, la libertad sólo conduce a su propio fin en la medida en que está ligada a la verdad sobre el propio ser. En efecto, el fracaso, la frustración es posible y la libertad implica el riesgo, pero no sin-sentido -precisamente por estar originariamente ligada a la plenitud-.

Y muchas más cosas.

Está con, sale con y tiene novio

Escribo este brevísimo post para declarar que considero distintas cada una de estas afirmaciones. Creo que es una obviedad tal que no necesitaría explicación… si no fuera porque se ha olvidado el sentido preciso de la última sentencia y su carácter especial para la configuración de la propia biografía.

  • Estar con alguien alude al simple hecho de estar, en el presente, compartiendo algo. En el contexto en el que se desarrolla esta explicación se entiende que la expresión significa o dirige la atención hacia la intimidad corporal. Ahora bien, conviene subrayar el carácter de presente, es decir, su referencia a lo más efímero del tiempo, allí donde la libertad puede quedar desmembrada respecto a la biografía.
  • Salir con alguien parece querer indicar que en el transcurrir de los días dos personas se reclaman de modo especial. El tiempo se alarga, pero no por el futuro, sino por el presente transcurrido. Se toma el pasado y el futuro próximo con la misma intensidad que el presente. Salir con es algo que “acaece”. El carácter proyectivo no está incluido, sólo la distensión temporal. No implica, necesariamente, compartir intimidad somática, aunque sí biográfica: los acontecimientos, algunos al menos, son compartidos.
  • Tener novio es estar en fase de configuración de un proyecto vital. Se trata de una realidad presente que se explica por la intención, su sentido está en el futuro y éste determina las condiciones de relación presente. El futuro implica compartir todos los niveles de intimidad, y se señala que ahora no se están compartiendo. En efecto, si fuera así, no habría diferencia respecto al futuro, ni tampoco respecto a las ateriores expresiones. En esta situación la intimidad que prioritariamente se comparte es la psíquica, puesto que se trata de configurar intencionalmente un proyecto: ha de dibujarse y explicitarse en palabras. La intencionalidad se vive como distinta de la realidad misma… por eso es configuración de proyecto y no el proyecto mismo.

Si se confunde la configuración del proyecto con el proyecto… simplemente desaparecen uno y otro. Esto ocurre cuando no se comparten ideas o cuando no se pueden compartir por “apantallamiento” de la intensidad somática.

Qui potest capere capiat.

El humor, la risa y la sonrisa

Como cada semana espero el día en el que, un grupo de amigos, tomamos café charlando sobre de cuestiones de antropología; esas que no forman parte habitual de las conversaciones: algunos consideran… no sé qué consideran, porque es un lujo poder hablar con libertad de esas cosas que te rondan la cabeza… poder compartirlas.

También como en tantas ocasiones alguien lanza un tema. Esta semana -ya veníamos hablando de ellos la semana anterior- la risa. Poco a poco la conversación alcanzaba algunos puntos de luz que dejo aquí, para que puedan ampliarse por escrito.

El humor es la manifestación de la libertad del hombre que puede superar los linderos de la lógica necesaria y lineal de la realidad.

La risa es su manifestación somática, en la que el hombre queda presa de un cierto “éxtasis” -salir de sí-, para quedar en cierto sentido, atrapado por lo sorprendente de la realidad considerada.

En la sonrisa hay un caer en la cuenta sin pérdida de control.

Un chiste es un “patinazo neuronal”.

Ahora bien, hay humor inteligente y humor “corto”. Hay quien se sonríe porque está por encima de la necesidad de las cosas y quien lo hace porque está fuera de esa lógica… pero por defecto, no por exceso: hay quien “no se entera” y por eso se ríe. El humor implica un cierto hábito intelectual que mira desde arriba la linealidad necesaria, la imparable -desde sí- lógica. Por tratarse de un hábito, es un ver libre no exigible y que cuando se explica -intenta ser subsumido en la necesidad de la que se ha liberado- pierde toda la gracia que poseía.

El humor no puede imponerse precisamente porque es espacio de libertad. El humor no puede imponerse porque implica ver donde no hay necesidad, deducción.

El hombre puede reír porque es inteligente… y porque puede ser tonto. Sólo el hombre, por eso, lo posee. Los clásicos llamaron “accidente propio” a la risa; es decir, una cualidad -accidente- que sin ser la esencia, deriva  necesariamente de ella. Hasta el punto de ser imperfecto el que no saber reír.

Ser capaz de considerar la necesidad desde fuera de ella y sonreír implica saber que esa lógica no es lo definitivo y por tanto, superar la necesidad histórica, el “sino”, el “fatalismo”. El humor es propio de quien sabe que más allá del decurso aparentemente inexorable, existe algo mejor; pero no sólo más allá, sino también más acá. La historia -sabe el “bien-humorado”- está llena de Providencia.

La alegría es por tanto, un bien de quien sabe que Dios gobierna la historia. El que no reconoce este dominio rie en el vacío… porque tal vez todo sea fatal y él, tan sólo, esté haciendo un ejercicio de restricción mental, no una elevanción del conocimiento con fundamento real.

Ser persona, ser hijo

Por más que he intentado darle vueltas en clase, creo que no he conseguido trasmitir lo que tengo en la cabeza. Obviamente no es una idea mía; mi maestro Leonardo Polo lo ha expresado de modo magistral en más de un lugar: en “Quien es el hombre” y en un capítulo de un libro. El texto se titula “El hombre como hijo”. Ambos están en la red, por lo que los dejo linkados.

El núcleo, tal y como lo tengo en la cabeza dice algo así:

Ser persona es ser puesto en la existencia como ser libre.

Poner un acto de ser libre es crear una novedad radical, un ser único.

Obviamente los padres no pueden ser los responsables de semejante realidad.

Esto puede atisbarse si se cae en la cuenta de que los padres no son “dueños” del hijo; es decir, lo que el hijo ES no es causado por los padres de modo que éstos puedan decir que son su origen completo y radical.

Negar la anterior afirmación contradice el conocimiento ordinario y el sentir ético: todos entendemos que la esclavitud contradice la dignidad humana y la posesión de una persona por parte de otra -por más que sean sus padres- sería una forma de esclavitud.

Los padres traen al mundo algo que les excede: una novedad radical libre.

Ahora bien, sólo un origen de poder proporcional puede ser principio de un acto de ser libre.

El Origen, el Creador del acto de ser libre ha de ser a su vez libre, aunque con una intensidad difícilmente concebible por el hombre.

La palabra que designa una relación en la que el Origen y lo originado son libres, por tanto con una relación de dependencia peculiar del originado respecto al origen, se denomina FILIACIÓN.

El hombre es radicalmente hijo: persona libre, única, nueva.

Sólo un Origen libre, absolutamente libre, de poder infinito es capaz de ser origen de una novedad radical y libre.

Es evidente, por tanto, que el ser personal es trascendentalmente familiar. El hombre autónomo, el hombre desligado no es comprensible como persona.

Es evidente también que la libertad total del Origen -Dios se suele llamar- crea libremente un ser libre, no se puede tratar de un acto necesario.

La afirmación radical, la expresión “es bueno que existas” -eso es el acto creador- no es un acto de indiferencia, sino todo lo contrario: somo originariamente “queridos”.

Existimos porque Alguien dijo “es bueno que existas”.

Nadie, absolutamente nadie, puede decir tal cosa de modo que SE REALICE la existencia, sino Dios.

Este discurso no es teológico, sino antropológico, toda vez que la libertad human puede ser investigada racionalmente y que es ésta la que reclama el argumento precedente.

La libertad desde “los modos de querer” (2)

Quedan aún tres modos de querer por exponer. Me referiré brevemente a cada uno de ellos para concluír con lo que más me ha sorprendido.

3. Querer es dominar.

Hablábamos del horizonte ante el que se encuentra todo hombre y frente al que decide. Pues bien, el horizone es básicamente el futuro y el contenido de la decisión se da distendido en el tiempo. Dominar es un querer mantenido en el tiempo: es un querer esforzado. Es el correlato superior del apetito irascible. Así como el deseo es un correlato del apetito concupiscible.

Tal vez sea la operación de la voluntad más volorada. En efecto, se dice en ocasiones que tener voluntad es tener “fuerza de voluntad”. Pues bien, es importante pero no lo es todo. Más adelante haré la crítica correspondiente. Sin embargo, el carácter “proyectivo” de la vida -proyecto, biografía- exige esta dimensión del obrar de la voluntad.

4. Querer es crear.

Crear es un querer lo que aún no existe. El pintor quiere el cuadro que aún no existe, lo quiere y existe. La fuerza de la inteligencia y de la imaginación han de ser grandes, obviamente, para orientar la propia decisión hacia lo que sólo posee entidad ideal: entiéndase ideal en toda su amplitud. En efecto, la magnitud de los ideales es la medida de la capacidad creativa, de la capacidad de querer lo que no existe… y hacer que exista.

Crear es un modo de querer arriesgado. El dominio puede calcular la rentabilidad de los esfuerzos en orden al fin que persigue… el que crea, puesto que está queriendo lo que aún no existe, corre riesgos, se juega la vida… El que domina no se juega la vida: la invierte y sabe dónde y cuánta es la rentabilidad fija y variable.

5. Querer es amar.

Amar es el querer es afirma la bondad de la existencia del amado. Es la afirmación absoluta de su ser, el reposo en su contemplación. Pieper lo expresaba qué sea amar con las siguientes palabras: “el que ama afirma ‘es bueno que existas’ ”

El amor es debido a la persona -no a las cosas-. Su existencia, por ser novedad radical, es buena, exige afirmación completa, no condicionada. Amar no tiene recompensa útil. El amar no es un medio en orden a otra cosa. Eso sí, sólo al amar le acompaña el gozo. Pero si se ama para el gozo, no se ama, se utiliza al amado como cosa… y ya no se goza.