Ayer estuve viendo esta joya en la exposición “Chaplin en imágenes”, organizada por Caixa Forum. Entre otros muchos documentos gráficos estaba este que os dejo.
¿De veras que alguien puede seguir dudando de la significatividad natural del cuerpo, más allá de la dimensión cultural y convencional de algunos signos gestuales? En otra ocasión escribiré con detalle sobre este asunto. Por hoy, insisto, disfrutad.
Intento cada año que los alumnos caigan en la cuenta de lo importante que es este plano de la libertad: cacareado en toda democracia y super-cacareado en toda dictadura.
La libertad social es aquella que versa sobre las condiciones de posibilidad del desarrollo del propio proyecto vital. Es decir, la libertad social radica en la búsqueda de un “bien común” en el que se “pueda desarrollar el bien personal: es un poder hacer”, para lo cual se necesita “poder pensar”. Así, la libertad social se materializa en:
1. Exitencia de condiciones materiales que permitan algo más que la mera subsistencia. Es decir, condiciones que posibiliten la mejora y disposición libre de bienes materiales. Esto es algo así como el cuidado de la “res-publica”: primera obligación de todo gobierno. En definitiva: que uno pueda disponer libremente de los bienes que posee y gana (propiedad privada); que se reconozca a todos el derecho a disponer de bienes materiales, por tanto, que esté permitido el libre comercio (es tanto como reconocer, a este nivel, que todos son personas).
2. Existencia de condiciones para el pensar, para buscar la verdad. Es decir, que cada quien pueda expresar y buscar: que haya “libertad de expresión” y “libertad religiosa”; esto es, poder vivir conforme a las propias convicciones (y poder expresarlas) y buscar entre las convicciones ajenas.
De estas dos vertientes de la libertad social la segunda es la permanentemente amenazada. En efecto, al fin y al cabo, la corrupción -que es como se sustancia la ausencia de libertad en cuanto a las condiciones materiales- puede sobrellevarse sin pérdida de la libertad interior -que es el plano libre por antonomasia-; sin embargo, la imposibilidad de pensar, de vivir según el propio pensar, ahoga ese último y trascendental espacio de libertad.
Lo malo es que, para sostener un estado corrupto se necesitan mentes dormidas: hay que cerrar las mentes, cerrar las bocas… para llenarse los bolsillos… COSAS DE LA POLÍTICA DEMOCRÁTICA.
Y… luego hay quien duda de la significatividad natural del cuerpo. Cada gesto, cada movimiento, cada armónico signo… Todos lo comprenden, todos pueden deleitarse.
Este ha sido otros de los temas tratados durante el verano; bien es cierto que, por lo interesante, importante e ingente número de implicaciones podría ser objeto de horas y horas de exposición, discusión, etc.
Puesto que, como es habitual, voy corriendo sobre el teclado, dejaré algunas anotaciones relativas al punto más destacado: por qué es tan, tan problemática la cuestión de la multiculturalidad, toda vez que el contacto entre culturas siempre ha existido.
1. El contacto entre culturas siempre ha existido y, por exigencias de humanidad, el contacto implica siempre modificación: ignorar al otro es inhumano, hablarle es influirle.
2. El contacto-diálogo entre culturas es posible sólo si poseen parámetros análogos: es decir, si los ejes metaculturales tienen alguna similitud.
3. El eje sobre el que gira cualquier cultura es su CULTO. es decir, el conjunto de valores sobre los que gira la entera existencia, de suerte que en toda cultura exite un ámbito sagrado que da su especial tonalidad al resto de las instituciones culturales.
4. En la historia general de las culturas sólo ha habido una en la que su núcleo no es lo sagrado, sino la negación de toda sacralidad. Si, es la nuestra…
5. No parece posible el diálogo entre culturas en las que el esquema último de una de ellas implica la negación, no de las particularidades de la otra, sino de su relevancia existencial: es decir, si una de ellas consiste en negar todo valor a la otra.
En fin, que nuestro contexto laicista -no laico, obviamente, porque laico es el no clérigo-, es una auténtica dificultad para acoger dignamente a cultura alguna. Toda cultura no laicista es amenaza y, puesto que la cultura por antonomasia en occidente es la cristiana, se generan situaciones anómalas de negación de valor y de derecho a existir y para ello se exaltan, ilógicamente, religiones que no pertenecen a nuestro contexto.
Entiendo que esto es sólo una mínima gota de agua en un océano de dificultades. La crítica al etnocentrismo cultural, el relativismo etc. tendrán que ser tratados en otro momento.
La década de los 90 o ”década del cerebro”: ese es el lugar al que quiero dirigir la mirada. Ya desde los 60 la investigación neurológica experimentaba avances increíbles, pero en los 90, las técnicas de neuroimagen hicieron a muchos pensar que podría conocerse dónde, cómo y lo que es más llamativo, por qué actuamos del modo cómo lo hacemos. Cuando decidimos se activan unas zonas del cerebro, cuando impera lo onírico, cuando deseamos un helado.. se puede ver casi todo. Fruto de estos avances hay quien, tras leer la divulgación que de estos avances se realiza, termina pensando o medio-pensando que todo es, al fin y al cabo, cuestión de neuronas y reacciones químicas.
Simultáneamente, estamos en época de exaltación de la libertad, de exigencias de responsabilidad, de deseos de autonomía e independencia personales….
Pues bien, ambas tesis son contrarias:
o la conducta humana es fruto de la determinación neurológica,
o la conducta humana se compone de verdaderos “actos humanos”, es decir, de actos libres cuya última razón supera la necesidad material.
Argumentos frente al neurodeterminismo hay muchos. Una de las líneas argumentales discurre de la mano de la demostración de la espiritualidad de las facultades superiores: la inteligencia y la voluntad. Otra línea es más intuitiva, tal vez, y hace referencia al modo de estar el hombre en el mundo y enfrentarse a los problemas. Ambas cuestiones las tratamos con detalle en clase. Aquí tal vez salgan brevemente en otro post.
He visto a una persona hablando con otra, en un pasillo y… me he sorprendido viendo, por más que parecía un hecho fácil, superficial, que estaba cargado, denso, pleno de humanidad.
En ningún momento dejó, quien escuchaba, de mirar a la cara al que hablaba.
En ningún momento giró el cuerpo en ademán de cambio de rumbo, de prisa.
En repetidas ocasiones asintió con la cabeza…
Era un pecualiar ritmo de gesto y palabra que hacía fácil que le contaran, que le siguieran contando. Es obvio que estoy escribiendo un hecho que para mi es un deseo: no quiero aprender estrategias, obviamente; quiero aprender a tratar a todos como merecen… Y el verano es buen momento para ello.
Esta magnífica sentencia es de J. Choza. Creo que dice mucho, muchísimo sobre el hombre. Pregunté algunas implicaciones y el significado -al menos parte de él- y no siempre dieron en el clavo -ni en la periferia-. Indicaré aquí algunas implicaciones.
1. El hombre no nace siendo “del todo lo que es”. Nacemos sin terminar.
2. La plenitud no es algo dado: es un riesgo. Podemos no llegar a ser lo que somos.
3. El contenido que se de a la pregunta “quién soy” es relevante, determinante, para llegar a serlo.
4. La plenitud personal no es algo arbitrario, sino ligado a una verdad originaria de cada hombre.
5. Para llegar a plenitud se requiere la reflexión sobre el propio ser, sobre la cuestión de quién soy.
6. Pero anterior a la reflexión se sitúa la ayuda que otros nos prestan: al principio somos educados.
7. Puesto que no nacemos sabiendo quiénes somos, aquellos que nos ayudan a descubrirlo tienen una grandísima responsabilidad.
8. Puesto que no nacemos con la respuesta a dicha pregunta, es obvio que nacemos en situación de debilidad y, propiamente, en manos de otros. Sería bueno que esas manos nos quisieran, nos iluminaran con rectitud.
9. Propiamente, quién he de ser depende de una verdad previa “quién soy”. Si el desarrollo de la propia plenitud exige el ejercicio de la libertad, es obvio que la consecución de la misma no es algo autónomo: ni en el proceso ni en el contenido.
10. Si la libertad tiene alguna relación con la felicidad -entendiendo ésta como el lugar de la plenitud-, la libertad sólo conduce a su propio fin en la medida en que está ligada a la verdad sobre el propio ser. En efecto, el fracaso, la frustración es posible y la libertad implica el riesgo, pero no sin-sentido -precisamente por estar originariamente ligada a la plenitud-.