Entries Tagged 'Historia' ↓

Imprescindible: ¡¡Feliz Navidad!!

No podía dejar de felicitar la Navidad a los lectores de este blog. Es decir, que estos días en los que “revivimos” el Nacimiento del Hijo de Dios -la Natividad- sean para todos Felices.

Celebrar estos días, alegrarse públicamente -familiar y socialmente- es lo adecuado para un hecho tan relevante, único en la historia y reorientador de la Historia. Celebrar en los ámbitos sociales en los que esta realidad se realiza: familia, Iglesia y sociedad civil. De estos tres ámbitos el segundo es especialmente importante, puesto que ahí es posible “revivir realmente”, “hacer presente” el acontecimiento celebrado. Misterioso… pero cierto para quien pueda verlo.

Lo dicho: Felices Pascuas de Navidad

Rof Carballo: “La era de los maestros”

Escrito en 1980 y publicado en la Tercera de ABC. Acabo de encontrar este artículo de Rof Carballo y no he podido resistir la tentación de compartirlo. Hablar de Tedio, Aburrimiento, Admiración, Entusiasmo, Maestro, Genuino, Autoridad, Crecimiento… y todo con mesura y realismo, como quien es francamente culto y tiene toda una vida de investigación tras de si.

Que lo disfrutéis.

13 02 1980 La Era De Los Maestros
View SlideShare document or Upload your own.

El tiempo y los tiempos

Las coordenadas sobre las que se desarrolla la vida humana son el tiempo y el espacio, sin embargo, el tiempo es, sin duda, el eje fundamental. Perder unos centímetros, si somos sensatos, es menos relevante que perder unos días. Ahora bien, el tiempo no es algo unívoco, ni en su “predicación” ni en su ser mismo. Me explico:

1. Hay un tiempo que podemos llamar cósmico y que arranca con el big-bang. Ese tiempo posee el ritmo propio de la materia inerte. Es el tiempo, en cierta medida, isocrónico, lineal; cuya sustancia, siguiendo la expresión aristotélica, es se “número del movimiento”, pero el movimiento medido es la “persistencia en el ser”.

2. El tiempo biológico tiene como sujero lo vivo y su persistencia es diversa, puesto que, tendiendo a crecer, se repite en los diversos individuos de la especie. El tiempo biológico es, como los ecosistemas, algo circular: tras una elevación viene una caída y el nuevo inicio en otro individuo. El tiempo biológico “cuenta el número del movimiento biológico: nacer y morir para volver a nacer”.

3. El tiempo biográfico: el que habitualmente nos preocupa. Participando de los anteriores los supera, puesto que implica el proceso de crecimiento irrestricto del ser personal y su percepción psicológica. El crecimiento, que algunos pueden considerar análogo al biológico, es de rango diverso, puesto que no está sujeto completamente a las leyes naturales, toda vez que la inteligencia y la voluntad son facultades no orgánicas cuyo crecimiento se cifra en “hábitos” y éstos no son materiales. Además, el término de la vida biográfica es la muerte, pero no como algo que pueda ser continuado por otro. Cada vida es única. Por lo demás, el tiempo psicológico -la conciencia sobre la temporalidad de la propia biografía- da muestras sobradas de “peculiaridad”. En él no hay isocronía. REALMENTE, el tiempo es número de movimiento, pero lo que está siendo contado es la “acción” y ésta ocurre de muy diversos modos. Es más, aquella acción que es “omisión” también es medida, adquiriendo tamaños inauditos. Calibrar mejor qué sea este tiempo requiere una profunda reflexión sobre la muerte. Baste por ahora señalar que la muerte de un hombre dista años luz de la muerte de cualquier otro ser vivo, ya sea considerada desde fuera -por una persona distinta a la que está en trance de morir-, ya por el mismo sujeto.

4. El conjunto de avatares que configuran las diversas biografías genera una realidad cuyo sujeto es difícil de precisar, pero que “ocurre en el tiempo”. Me refiero al tiempo histórico. Dónde existe, quién es su sujeto, cuál es la lógica que lo hace “narrable”, etc. etc. Todo esto entra de lleno en algo que considero casi misterioso. Una cuestión es obvia: si es narrable es porque posee un cierto sujeto y una cierta lógica, que guarda relación con hombres particulares y lógicas particuales, pero que no se identifica con ellas. Ninguno de los actores “sabe” que está siendo protagonista de “otra historia” distinta a la propia biografía; para ser más precisos: nadie conoce el lugar en ocupa en esa otra narración de la que forma parte. Nadie sabe realmente qué está haciendo y cómo, en orden a la configuración de la historia total. Nadie puede ser consciente del resultado de la confluencia de tantas biografías. Todos saben que ese resultado excede la lógica de cada una y no es fruto de la mera adición de particularidades. Es Otro quien puede saberlo.

Ante la Historia sólo dos actitudes son posibles: la desesperación ligada a la conciencia de estar en un fluir azaroso, o la esperanza ante la presencia de un Sujeto que sí sabe, que custodia y participa en el sentido último de los nimios acontecimientos. Providencia y Ateismo: esa es la disyuntiva a la que la Historia obliga a mirar.

La “paradoja epistémica”

Sigo con la cuestión planteada en el post relativo a la verdad histórica, y sin ánimo de ser relativista. En efecto, decir que la “verdad absoluta” no la tiene nadie no implica negar la verdad: algo puede ser “absolutamente verdadero” pero no ser la “verdad absoluta”.

Pues bien, copio unas palabras de Rof Carballo en su artículo “La paradoja epistémica y el futuro de la medicina psicosomática” (Anthropos, 1993, 128)

“… en los más diferentes dominios de la ciencia la forma de plantear nuestros experimentos y nuestras preguntas influye de manera decisiva en la realidad que observamos”.

Obvio.

La verdad de la historia

La verdad histórica existe, puesto que hay algo necesario -el pasado- que puede ser conocido. Ahora bien, el nivel de certeza alcanzable es relativo por diversos motivos:

1. Se conoce a partir de datos, algo así como efectos de las acciones mismas: datos e historia no son sinónimos.

2. La historia no es la mera amalgama de datos, sino algo más.

3. La historia no es la mera amalgama de biografías, sino algo más.

4. La historia no es la mera conciencia subjetiva de alguno de sus protagonistas, sino algo más.

5. La historia posee cierta racionalidad, pues es cognoscible, pero es una racionalidad especial.

Ahora bien:

1. Sin duda la historia significa hechos, cognoscibles a través de datos.

2. La historia significa razones de los hechos, cognoscibles a través de datos y del conocimiento de uno de los motores de la historia: la acción humana.

Cada día veo más claro que las lagunas son muchas y también que el marco conceptual desde el que se narra la historia supone todo un tamiz gracias al cual se decantan los datos. Es decir, de todos los elementos que han aparecido en la relación precedente, la comprensión de la naturaleza humana no es algo histórico, sino suprahistórico, y, sin embargo, clave para la comprensión de la realidad histórica. Es decir, para hacer historia se requiere una cierta idea del hombre mismo, previa ciertamente, aunque luego venga a quedar ilustrada por la historia misma: pero es previa, insisto.

Por otro lado, es ingenuo pensar que los datos poseen todos la misma relevancia, el mismo peso en orden a configurar una narración. Pues bien, la fisinomía de los datos procede de un marco externo a la historia. La pregunta no es historia, sino suprahistoria, por lo que el inicio de la narración y el criterio mismo de decantamiento es suprahistórico.

¿Y qué decir de ese enigma según el cual la historia, teniendo lógica supra-personal no posee sujeto supra-personal? Misterio. La historia puede narranse sin nombres propios y ser razonable, aunque nunca acaece sin nombres propios… misterios.