Sobre la Universidad

Se hace imprescindible una reflexión seria en torno a eso que, hasta ahora, ha venido a llamarse “universidad”.

Aconsejo una introducción a la cuestión a partir de la definición etimológica que hace C. Segade.

Obviamente no puedo dejar de referirme al escrito, famoso, de Ortega y Gasset sobre la misión de la universidad (1930).

Ni, lógicamente, a las reflexiones que, en torno al quehacer universitario, hizo Leonardo Polo.

A partir de estos textos intentaré aportar mi granito de arena en la próxima entrada.

Lo básico….

La antropología filosófica no es asunto fácil… al menos a mi me parece altamente compleja. Todo tiene que ver con lo humano. Sin embargo creo que hay algunas cuestiones que, sea cual sea el planteamiento general o el marco conceptual en el que se desarrolle el discurso, no han de olvidarse. Obviamente no creo que sea exhaustivo…

1. El hombre es un determinado tipo de ser vivo.

2. El hombre es biológicamente inviable al margen de la inteligencia. Nacemos prematuramente.

3. El hombre es radicalmente creciente, pero puede fracasar…

4. El hombre es radicalmente familiar.

5. El hombre es un ser personal.

Son sólo cinco afirmaciones, pero creo que sus implícitos son abundantísimos. No tenerlas en cuenta, en todo caso, daría lugar a antropologías, a mi juicio, “cojas”.

La “sociedad sin padre”

En torno a la figura paterna -y a la paternidad misma- hay un encendido diálogo. Qué elementos son sustantivos o configuradores de su identidad y cuáles conforman el rol, por tanto está sometido a la diversidad cultural, es cuestión que está dilucidanto una amiga.

Pertendo llamar la atención sobre un asunto obvio -a juicio de Rof Carballo-:

Querámoslo o no, todo crecimiento sano, creativo -cada uno ha de crear la propia biografía-, para “amar y trabajar” -así sintetizaba Freud la felicidad humana-, es hombre ha de contar en su haber con una raíz vivificadora que es precisamente, la seguridad y el cuidado del amor maternal y la confianza en el orden paterno (Cfr. Rof Carballo, J., Violencia y Ternura, 292)

Hasta el extremo que la carencia de esas raíces lleva consigo la forja de personalidades llenas de sentimientos de culpa y de violencia; de ausencia de esperanza básica y de conformidad entre el devenir de los tiempos -la providencia- y la propia menesterosidad.

En una sociedad en la que cada persona carece de esa vinculación originaria se producen cuatro huidas:

1. La “huida de la libertad”, que hace que se prefiera la seguridad que da el conocimiento de un pequeño sector del mundo técnico frente al pensamiento meditante y reflexivo.

2. La “huida de la tierra”, con todo lo que esto significa: su nexo con el mundo matrialcal. Es el desarraigo hasta perder la vinculación con la Naturaleza.

3. La “huida de lo alto”, del “mundo paterno”, de toda instancia de autoridad sustituyéndola por el juego de la razón. En esa situación, el hombre deja de “escuchar el soplo iluminante y sobrecogedor que en decisivas ocasiones de su vida le viene de los cielos”.

4. La “huida del amor”. En efecto, nuestra sociedad descansa sobre el placer de comprar, sobre el intercambio de cosas. Una de sus expresiones más notorias es el auge y la exaltación del erotismo contemporáneo que llega a extremos obsesionantes.

Todo esto comporta la pérdida de la interioridad, del pensamiento libre.

Frente a eso, Rof describe el descubrimiento de lo numinoso, de lo sagrado, el aprendizaje de la reverencia, del respeto temeroso -en términos heideggerianos-, precisamente en ese mismo contexto familiar, en el que se da la protección materna y paterna -cada una con sus rasgos específicos-.

“Se declara con frecuencia, siguiendo la formulación de Heidegger, que el hombre está geworfene, arrojado, en la existencia. Es cierto, pero lo está a través de alguien. Ya vimos que el niño se abrigaba de su temor frente a lo desconocido en el regado de sus padres. Más adelante se le educa en el respeto a sus progenitores. Pero cuando se vuelve hombre, ha de sentir aquello que en la vinculación a sus padres lo une al mundo de la cultura y de la tradición y, a la vez, al misterio que rodea su existencia, en forma de temeroso respeto (…). Nosotros decimos veneración. En la veneración a los padres está el germen del respeto frente a lo numinoso. A través de los padres se encuentra el hombre vinculado con el misterio del origen, de su ser en el mundo. (…) esa veneración hacia sus lares paternos, que constituía una de las formas más elevadas de amor, puede convertirse en una de las raíces de su sentimiento religioso (…)” (Rof Carballo, J., Cerebro interno y mundo emocional, 338-339)

El año en el que descubrí la ecología

Cerramos un año más. Sin duda he descubierto muchas cosas: el contacto con tantas gentes y tantos libros lo facilita. Sin embargo quisiera destacar la cuestión ecológica de nuevo; en efecto, ya le dediqué cuatro post durante los meses estivales.

Allí se señalaban, básicamente, cuatro aspectos:

1. Ecología, etomológicamente, “estudio de la casa del hombre”. El mundo como cosmos y por tanto como todo ordenado.

2. El mundo es para el hombre Don y Tarea.

3. La proximidad existente entre la connaturalidad ecológica y relativa a la ética y la estética.

4. El hombre no es una cosa entre las cosas, pero existe continuidad entre la lógica de las leyes naturales y la ley natural.

Un aspecto más me recordaban en una interesante conversación: la cultura que puede desarrollarse en torno al cuidado y respeto por la naturaleza tiende a ser SOBRIA. Los excesos, el consumismo, el utilitarismo, están lejos de la cultura ecológica.

Que la sobriedad es una virtud requiere poca argumentación. Sin embargo aportaré un brevísimo pensamiento: el no sobrio, el destemplado, es personaje cuya felicidad es tan efímera como la posibilidad misma de disfrute posesivo; a lo que ha de añadirse que la posesión misma es realidad que no depende sólo de sí. Implica una importante restricción de libertad la situación de dependencia de lo arbitrario. El destemplado tiene su felicidad pendiente de un hilo y además, ese hilo es caprichoso.

El sobrio, el templado, conoce sus necesidades, pero no pone en su satisfacción el fin de su existencia. Las conoce y señorea sobre ellas. El templado puede recibir puesto que no ansía; reconoce el sobrante de la realidad porque no es ser necesitante, sino sólo limitado. El templado puede atender a las personas, atiende a las personas porque la posesión de las cosas no agota su potencial vital. El templado no busca la ataraxia, sino lo más alto, reunir todas sus facultades -sus potencias- para un disfrute superior-.

Feliz Año Nuevo

Noticias

A los lectores habituales de este blog les debo una disculpa: más de un mes en silencio.

La razón es sencilla: acabo de defender la tesis doctoral de psicología. Gracias a Dios todo ha ido muy, muy bien. Espero que podáis verla publicada en breve. Título: Hombre, Urdimbre y Personalidad en Rof Carballo. Defendida en la Universidad Complutense de Madrid, en del departamento de Psicología Básica II. El director, D. Heliodoro Carpintero Capell.

Lógicamente, ya han salido y seguirán saliendo, en este sitio, algunas reflexiones nacidas de estos meses de estudio intenso.

Con esto creo que se hace algo más comprensible el contenido del blog: la primera tesis fue de filosofía, en concreto de metafísica -”El argumento ontológico en G.W. Leibniz”-, y ahora de psicología en una cuestión relativa al hombre, su constituirse, su personalidad y su especial relación interpersonal.

No me extiendo más. Quisiera, eso sí, reiterar mi agradecimiento a tantas personas, por más que en la defensa di cumplida cuenta de ellos.

La vida de un ser vivo de la especie humana

En su día argumenté que la única respuesta inmoral en cosa tan importante como el aborto es afirmar “cada uno haga lo que quiera“. Puesto que lo que está en cuestión es si se trata de un asesinato o de la extirpación de unos tejidos, dejar que unos piensen una cosa y otros otra es absurdo. Si se tiene algún aprecio a la verdad, lo único que no puede hacerse es dejar de pensar.

Dimos un paso inmenso con la declaración de Aido “es un ser vivo”. Esa afirmación es de trascendental importancia científica. Si es un ser vivo es necesario afirmar que pertenece a alguna especie. Si podemos afirmar que un embrión es un ser vivo, podemos afirmar que pertenece a alguna especie, puesto que todo ser vivo, desde el mismo instante en el que empieza a existir, siempre pertenece a alguna especie. Es obvio que la genética es quien dice a qué especie pertecene cada ser vivo. Y no es difícil averigurar que el embrión situado en el seno de una mujer, fruto de la unión de un óvulo y un espermatozoide es un ser vivo de la especie humana.

Es absurdo afirmar que se trata de un ser vivo de otra especie por dos motivos: la genética tiene argumentos sobrados para negarlo y, ningún ser vivo cambia de especie al “engordar”. El desarrollo no conlleva cambio de especie, sino crecimiento.

Ahora bien, ¿alguien se atreverá a negar que un ser vivo de la especie humana no es un hombre?

El argumento de la dependencia materna es insostenible. Un embrión, un feto o un recién nacido son absolutamente dependientes. Eso es una cuestión tan absolutamente evidente que no requiere argumentación alguna. El hecho de que una incuvadora pueda sostener la vida de un recién nacido prematuro no indica que éste sea independiente, sino tan sólo que la ciencia puede reproducir las condiciones intrauterinas hasta cierto punto. En todo caso, el momento a partir del cual una máquina puede sostener la vida de un niño es algo absolutamente cambiante… la ciencia sigue avanzando.

Resulta complejo argumentar lo que es sumamente simple. También resulta difícil argumentar cuando no se quiere pensar. Resulta complejo argumentar cuando alguien considera que pensar pueda restarle libertad… La libertad del ignorante… Pero no, si ignoramos decidiremos con criterios impuestos por otros, porque nadie es una isla en un océano. Si dejamos de pensar, alguien pensará por nosotros.

Obviamente yo no quiero pensar “por” nadie, sino pensar “con” cada uno. La palabra pretende abrir horizontes, hacer pensable la realidad misma, no sustituirla.

Sociedad y desarrollo

El desarrollo personal es imposible al margen de las relaciones interpersonales. Habitualmente se dice que el hombre es “social por naturaleza”. Sin embargo, la consistencia social, la fortaleza de los nexos sociales no está asegurada, es decir, el hombre debe empeñarse en forjarlos y sostenerlos, en acrecentarlos.

Pues bien, “la caridad en la verdad es la fuerza impulsora del auténtico desarrollo de cada persona y de toda la humanidad”. Esa es la cuestión que más llama la atención del texto de Ratzinger -de Benedicto XVI- que venía leyendo. Las relaciones de intercambio -doy para que me des- o las de obligación -doy por deber- son insuficientes. Las relaciones interpersonales exigen “dar” no sólo “lo suyo” sino “darme a mi mismo”, como condición necesaria para el desarrollo de cada persona y de todas las personas.

¿Qué sería de la educación si el maestro tan sólo cumpliese con la obligación derivada de su contrato? ¿Acaso pagan al maestro por sonreir? ¿Qué sería de un maestro que no sonriera, que no diera las gracias, que no mostrara la verdad que orienta su existencia? ¿Qué sería de la educación si el maestro no pensara más en el alumno que en él mismo y las relaciones de “estricta justicia” que le vinculan al niño y su familia?

Ahora bien, la caridad no se reconoce si se desvincula de la verdad. Ésta quedaría restringida a acciones marginales, a sentimentalismo y, en último término, a acciones cargadas de arbitrariedad y por tanto de egoísmo. Sólo con la verdad que rescata los hombres de las opiniones subjetivas, la caridad puede ser comprendida y comunicada. La verdad sobre el hombre que supera toda moda cultural, llena de contenido la caridad y hace de ella un ingrediente necesario en el establecimiento de relaciones interpersonales.

Por otro lado, la verdad sin caridad dejaría a ésta sin fuerza para impregnar la vida. La verdad sin caridad no es vida, es sólo palabrería que no se vincula al bien de las personas, de cada persona y de todas las personas.

La caridad en la verdad lleva a superar la mera justicia -sin desvirtuarla, sino llenándola de la infinita dignidad de cada hombre-, y a buscar el bien común: el bien de cada hombre y de todos los hombres.

¿Cuál es el riesgo? El desprecio de la verdad, la ignorancia de la verdad. El hombre quedaría al albur de otro hombre si no se “reconociera” su verdad. Los derecho inalienables que no son propiedad de nadie.

La antítesis parmenídea

Buscaba alguna canción de Mercedes Sosa, recientemente fallecida, y encontré esta de Julio Numhauser. Canción de protesta y revolución, con un fondo, a mi juicio terrible. Cambia, todo cambia. “Cambia el sentir el amante… lo que no cambió ayer, tendrá que cambiar mañana…”.

Me ha sorprendido porque la clave del descubrimiento filosófico es el de la constancia, la permanencia. Hay algo que se corresponde con la permanencia, el nous. En la intelección se producce una “detención”. El acto de inteligir es lo estable correlativo a lo estable en la realidad: lo ente. Si hay conocimiento, si hay intelección, algo supera el tiempo o, no todo es corroído por el tiempo. Hasta aquí toda la tradición filosófica occidental.

Lo increíble es que la canción que aparece en el vídeo es su antítesis: todo cambia. Podría ser el paradigma del relativismo absoluto…. Pero está lleno de falacias. Acude a los ejemplos tomados de la naturaleza en muchos casos… pero no se da cuenta de que se trata de realidades que asombran en su constancia, puesto que se trata de cambios reglados. Lo asombroso de los cambios que narra es su carácter ordenado. Podemos cantar sobre el cambio porque éste no es absoluto. La modificación caótica, la ausencia de norma, de regla, no puede cantarse… no hay nada que decir. El cambio es algo sumamente preciso y, en cuanto inteligible -cantable- con realidad estable. La falacia es que la ley universal expresada es contradictoria consigo misma.

“Todo cambia”…. menos esta sentencia.

También puede interpretarse como la canción que señala la lógica necesaria de la historia: el marxismo puro.

Esto es algo de lo que me ha sugerido… seguro que a vosotros os trae muchas más cosas a la mente: ¿No es nacionalismo, populismo? ¿No es colectivista en el planteamiento? ¿Lo que perdura es lo social?