February 15th, 2008 — "Sensamientos" puros, Antropología, Ética
En España se aproximan las elecciones generales. No pretendo escribir, sin embargo, de “esa política”, sino de cuestiones antropológicas y éticas que esta circunstancia obliga a considerar.
La sustancia misma de la acción política es el ejercicio del poder en orden a la consistencia social. Si todos fuéramos buenos, buenísimos, el gobiernos podría ser, innecesario: bastaría con un coordinador para poner por escrito los consensos, por otro lado, fáciles de conseguir. Si todos fuésemos buenos, las relaciones entre las personas no estarían siempre amenazadas por la injusticia.
Las relaciones intrafamiliares poseen consistencia natural: que un padre no quiera el bien del hijo, o el hijo de la madre es una aberración natural de la estructura misma, no un problema de consistencia social: es previo a esto. Cuando en una sociedad el gobierno ha de regular las relaciones intrafamiliares -llevamos a la cárcel al padre que pegue al niño, etc. - es porque las cosas están muy, pero que muy mal.
Pero volviendo al eje central de la argumentación:
la razón de ser del gobierno, y por tanto del ejercicio del poder que es lo propio, tiene como única justificación el sostenimiento de las relaciones de justicia.
Es decir, el reto de una sociedad es que las relaciones interpersonales se sostengan según criterios de justicia, es decir, según criterios éticos. Puesto que esto no está asegurado, es imprescindible la existencia de un gobierno que arbitre la situación.
En este sentido, la ética política tiene como comentido directo la justicia, no la felicidad de las personas, de cada uno de los miembros de la sociedad. Se sobreentiende que en ámbitos de justicia se vive dignamente y que ahí la persona puede disponer del campo libre suficiente como para tomar decisiones personales que le permitan llegar a su fin propio.
Por tanto, la ética política no rige todo, y sin embargo requiere que el gobernante sostenga la justicia. Ahora bien, la justicia no es una técnica, ni la mera aplicación de leyes preexistentes… no es cálculo -como predendían los filósofos del siglo de las luces y…. de las oscuridades-. La justicia se sostiene fruto de la toma de decisiones que han de ajustarse a la realidad y a la “naturaleza de la realidad”. Eso es, simple y llanamente PRUDENCIA.
La acción de gobierno es el ejercicio de una virtud por parte de la personas que gobiernan.
Pero… ¿se puede, realmente, ser prudente en cuestiones que no afectan a mi propio bolsillo si carezco de esa virtud cuando me toca en primera persona? ¿Se puede, realmente, salvaguardar la justicia cuando, en mi ámbito próximo, “desconozco” su contenido? Si la prudencia está más allá del mero cálculo -la vida humana está llena de novedad… por tanto de problemas nuevos- ¿no es fácil, a caso, malversar los criterios, las justificaciones que llevan a tomar una decisión u otra?
Puesto que el ejercicio del poder en la acción de gobierno no recae inmediatamente sobre uno mismo -no percibe el efecto- puede perderse sensibilidad ética con más facilidad aún que en el ámbito personal, donde los efectos, sin ser criterio moral, en ocasiones ayudan a discernir.
Es evidente que la virtud personal no forma parte de los programas electorales, pero es evidente que las condiciones personales de los gobernantes, sus virtudes, son condición necesaria del buen gobierno.
February 6th, 2008 — "Sensamientos" puros, Antropología, Edu "reflexión", Ética
Mañana hablaré, en Ávila, a un -espero- numeroso grupo de participantes en unas jornadas sobre educación. Ese es el título que tendrá la conferencia. Como aún no sé como irá, sólo quería trasmitir un par de ideas.
1. Una evidencia para comenzar: es posible distinguir lo verdadero de lo falso. El error existe: precisamente eso es prueba de la existencia de la diferencia y de la posibilidad de distinguirlo. Por tanto, intentaremos hacer referencia a verdades.
2. Los que saben afirman; los que no saben opinan. El hecho de que opinen -cuando opino sobre física cuántica, porque no soy físico- no quita ni pone nada a la verdad de las afirmaciones. Eso sí, hay asuntos relativos al futuro, la libertad, sobre los que no es posible afirmar del mismo modo.
3. La cuestión está en saber hacia dónde orientar el crecimiento -educar es ayudar a crecer- y qué rasgos -oportunidades y riesgos- presenta la sociedad en la que nos movemos.
4. Los elementos que definen la madurez de la personalidad -atendiendo a las posibilidades operativas reales- pueden describirse, potenciarse, etc. etc.
5. Los elementos que marcan, a mi juicio, los riesgos son: la ideología del género y el positivismo jurídico. Ambas cuestiones, ligadas al “laicismo religioso” o “religión laicista”, son un auténtico reto:
SE HACE IMPRESCIENDIBLE EDUCAR LA LIBERTAD, LA CONDICIÓN DE POSIBILIDAD DE LA LIBERTAD, ES DECIR, PERMITIR QUE CADA PERSONA ACCEDA A ESE CAMPO DEL QUE NINGÚN HOMBRE ES DUEÑO: EL DE LA VERDAD.
Ahí la fuerza no es nada, el dinero carece de capacidad de presión, la barbarie es visible -ya sea contra uno mismo o contra otro-… en fin, que merece la pena consolidar todo aquello que permite disponer de un ámbito interior en el que la verdad -cognoscible suficientemente si es que somos libres- pueda afincarse.
6. Y… ¿que significará crecer en la dimensión estrictamente personal, no sólo operativa? Intentaré explicarlo en la sesión.
Obviamente esto es un telegrama que requiere argumentación y argumentación… otra vez será… o las preguntas obligarán a abordarlo cuanto antes por escrito… aquí…
January 7th, 2008 — Cine, Edu "reflexión", Ética
Buena película, muy buena. Obliga a realizar muchísmos comentarios. Puesto que acabo de verla y no he podido dedicar el mínimo tiempo prudencial, señalaré sólo una cuestión que me ha parecido tremendamente interesante.
Tres acciones simultáneas diseñan toda la película. Una de ellas es una entrevista entre un profesor de política y un alumno de, posiblemente, último año de Bachillerato. El profesor, puesto que el alumno ha mostrado no sólo interés por la realidad social, política y económica, sino también dotes intelectuales y “talento”, busca despertar en él toda la coherencia vital que en el aula parece comprender; especialmente porque le ha visto retroceder y dejar de ir a clase de modo, en principio, inexplicable.
La cuestión se plantea cuando, ante la evidencia de que las cosas no andan bien y que si uno se deja la vida intentando cambiarlo, es posible que “al final, todo sea igual” y por tanto ¿de qué habría servido tanto sacrificio?”. La pregunta es buena; es adecuada y real, señal cierta de… En fin, ahora la respuesta: “al menos habrías hecho algo…” Y lo dice el profesor en voz baja, algo resignado….
Seamos serios: ¿es que sólo se toman decisiones en la vida atendiendo a los resultados? ¿Es que la acción queda justificada o reclamada solo por los resultados? ¡Dios mío, qué pragmatismo! ¿Es que la acción en sí misma no puede ser adecuada, valiosa de modo que no requiere justificación más que en sí misma? ¿Es que es mejor no salvar a un niño si, al final, van a morir? ¿Es que, para qué invertir en desarrollo en países que, al final, van a quedar igual, porque hay corrupción? ¿Es que, para qué trabajar tanto si, al final, casi todo se lo llevan los impuestos?
También podemos verlo de otro modo: ¿qué más da si me cojo unas botellas del supermercado, si, al final todo va a quedar igual? El dueño ni se entera, los beneficios serán los mismos…. ¿para qué tanto esfuerzo si, al final, todo va a ser igual?
Dos cuestiones que han de ser pensadas: el consecuencialismo ético y, en general, las versiones pragmatistas.
Dos observaciones personales: me da miedo que la motivación “consecuencialista” paralice a tantos… me da miedo que la motivación “consecuencialista” justifique tantos horrores, porque, al final, será lo mismo o será “eso” que busco y que… ¿es bueno?